jueves, 11 de junio de 2015

Pantallas, las justas

Ayer comentaba algo acerca de lo que, a mi entender, resulta ya una "inflacción de pantallas". Ante la presión de firmas muy potentes y operadoras ávidas de negocio, casi sin darnos cuenta, cada vez dedicamos más tiempo a contemplar las pantallas. Claro está que este tiempo se detrae de otras ocupaciones de "realidad real" que poco a poco van perdiendo peso.

Pienso, por ejemplo en algunas de mis experiencias de mozalbete y veo -con cierta pena- que los niños de ahora, pueden vivir parecidas experiencias pero "virtualizadas". Y me parece que no tiene comparación una experiencia con otra.

Seguro que hay algún programa para "hacer cabañas" por Internet pero nada que ver con el tacto de la rugosidad de las piedras, el viento que nos daba en la cara, el trinar de los pájaros, el graznido de un cuervo... y miles y miles de sensaciones que nunca se podrán embutir en un monitor.

También he visto programas de pescar peces que te conceden "bonus" si pescas muchos. Pero nada comparable a pescar a mano en los pozos del Peñazo.

Ahora están muy de moda los programas de coches de carreras. Nosotros, en el pueblo nos construíamos nuestros propios modelos con materiales reciclados. Imposible virtualizar esa experiencia.

En fin, así podríamos seguir desgranando un montón de experiencias vividas en la infancia que, afortunadamente nunca tendrán parangón en las tripas de un ordenador.

Y que conste que no abomino de las pantallas ni de los avances de la informática. Sólo alerto ante el peligro de  pasarnos de rosca y perder referencias básicas. Sólo sé que cuando voy al pueblo, las estampas de la ciudad también se repiten allí: jóvenes enfrascados, absortos en sus móviles desperdiciando miles de posibilidades de acción que ofrecen los pueblos pequeños.

Estoy seguro que, poco a poco, la balanza se reequilibrará.

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