viernes, 25 de noviembre de 2016

Hijos del Antropoceno

Leo en la revista "Investigación y Ciencia" un artículo que me ha hecho reflexionar sobre la huella indeleble que los humanos pasados y los actuales estamos dejando a las futuras generaciones. El impacto es tan intenso que ya se está hablando de una nueva época (El Antropoceno) que, según los expertos habría comenzado sobre el año 1950 y que se caracteriza por la extensión a nivel global de una serie de residuos producidos por la humanidad.

Tenemos en primer lugar los metales, componentes fundamentales de las rocas. Los humanos aprendimos a separarlos y desde la más remota antiguedad los hemos estado elaborando. Sólo de alumnio se han manufacturado más de 500 millones de toneladas métricas desde la Segunda Guerra Mundial.

Pasamos luego a los plásticos distribuidos ampliamente por los ríos y océanos de todo el mundo. . En el año 2015 se produjeron nada menos que 0,3 miles de millones de toneladas métricas.

Continuamos con el hormigón. Es la huella predominante que está dejando la modernidad. En el año 2015 se produjeron más de 20 mil millones de toneladas métricas en todo el mundo, que vienen a acumularse a todo el hormigón producido desde la segunda guerra mundial.

Después tenemos el carbono negro. Producto derivado de la quema de combustibles fósiles, se encuentra suspendido en la atmósfera y cubre rocas y hielo.

El Plutonio 239 y 240. La explosión de más de 500 bombas nucleares desde Hirosima y Nagasaki ha dejado un rastro de isótopos raros por todo el planeta. Dentro de 100.000 años, su desintegración habrá dado lugar a una capa de uranio 235.

El dióxido de carbono. El gas con efecto invernadero que tras la Revolución Industrial fue aumentando gradualmente pero desde la Segunda Guerra Mundial su crecimiento ha sido mucho mayor.

El metano. Gas expulsado por el ganado. Su producción aumentó con la expansión de la agricultura y también con las emisiones derivadas de la producción de gas natural y del deshielo del permafrost.

Óxido nitroso. Los combustibles fósiles y los abonos han incrementado su concentración por encima de los niveles naturales.

¿Qué os parece amigos? Por increíble que parezca, cuando dentro de millones de años las fuerzas tectónicas levanten los estratos acumulados en el suelo los nuevos acantilados dejarán al descubierto una capa distintiva correspondiente al Antropoceno.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Sedación, átomos... y una granada

El pasado jueves día 17 de noviembre me hicieron una gastroscopia (ya os adelanto que el resultado fue normal). Y en el momento de firmar mi consentimiento para la prueba me preguntaron si  quería o no sedación para su realización. Yo contesté afirmativamente. Quería evitarme el mal rato que se pasa cuando te introducen un tubo por tu esófago y todo eso.

Y mis reflexiones vienen a cuento de vivir esa experiencia. De pasar de un estado alerta de conciencia a una situación de pérdida de ella. Lo que en psicología se conoce como "estados alterados de la conciencia".

Y sí, amigos. A pesar de mis esfuerzos en mantenerme despierto cuando me aplicaron la sedación, de inmediato caí en un profundo sueño. Perdí totalmente la noción del espacio y del tiempo... Y no me enteré para nada de la prueba. Cuando desperté, mi mujer se hallaba a mi lado y poco a poco, gracias a su sosegada conversación volví de nuevo al mundo de los vivos...

Sin dolor y sin molestia alguna. Casi diría que fue una experiencia placentera.

Al rato de despertar empecé a elucubrar sobre este tránsito. A imaginar que, si en lugar de volver otra vez a mi estado normal de vigilia me hubiera dormido para siempre (o hubiera fallecido en el trance), en nada hubiera cambiado la experiencia. Una vez tu mente desconecta, lo que luego ocurre está ya fuera del alcance de tu yo. No percibes nada en absoluto. Como suele decirse tú ya no estás en lo que celebras.

Por la misma regla de tres, lo que nos ocurre en el "mundo externo" a cada uno de nosotros también tiene su miga. Sin ir más lejos, ayer fui a dar una vuelta por la parcela de Villamayor y al revisar los árboles frutales pude ver como todavía quedaba una granada en lo alto del árbol. Luego de dudar por un instante si la cogía o no, me incliné por intentar alcanzarla. Y con un poco de esfuerzo lo conseguí. Aunque de la misma forma pude haber optado por dejarla en el árbol. Entonces el relato hubiera sido otro. Probablemente, con el frío su corteza hubiérase agrietado y los pájaros hubieran dado buena cuenta de los sabrosos frutos. Pero no, opté por tomarla.

Más tarde, cuando ya estaba en casa, me puse a desgranarla y, con posterioridad a saborear su dulce jugo edulcorado con miel.

Según iba aplastando los granos en mi paladar, me preguntaba cuántas moléculas de la granada pasarían a formar parte de mi ser. Cuántos átomos acabarían integrándose en mi organismo. Cuántos serían para siempre parte de mi.

Y también me preguntaba qué ocurrirá con mis propios átomos, cuando yo deje de existir. Bueno, en realidad no serán "mis" átomos. Serán átomos sin más. Y quién sabe en que materia, sustancia u organismo se volverán a integrar cada uno de ellos. Pero seguro que a algún sitio irán a parar. La materia no se crea ni se destruye...

Según Wikipedia nuestro cuerpo se compone de:


Por lo tanto, un cuerpo humano promedio que pese (según el blog El tercer precog) unos 70 kg, contendrá: 7 kg de hidrógeno; 45,5 kg de oxígeno; 13,56 kg de carbono; 2,24 kg de nitrógeno; 0,97 kg de calcio; 0,45 kg de fósforo; 0,13 kg de cloro y 0,15 kg de potasio.

Y según los cálculos que veo en dicho blog, el número total de átomos sería de....
6,7 1027 átomos.

Sí, amigos. Tanto el macromundo como el micromundo son apabullantes. Si no, echadle un vistazo a este vídeo.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El gremio de los "averiados"

Nunca hasta ahora había caído en la cuenta. Jamás hubiera pensado que mis percepciones se afinaran hasta este punto. Ni que fueran tan abundantes.

Pero sí, amigos. Desde el momento que pasas por una mala racha en tu estado de salud o que, directamente, tu cuerpo te da un aviso importante, las observaciones se vuelven más nítidas. No puedes obviarlas. La realidad es tozuda. Están ahí.

Es posible que se deba a un efecto de compensación o de solidaridad con los que sufren ¡Qué se yo! Lo cierto es que desde que tuve el ictus, soy más consciente de la cantidad de personas que padecen alguna deficiencia. Que tienen alguna minusvalía. Que necesitan alguna ayuda para poder llevar una vida normal.

A todos ellos los he englobado bajo el título genérico del "Gremio de los averiados". Y, como podéis comprender, son muchos los que pertenecen a esta categoría.

Dejando aparte a los que deben permanecer postrados en la cama y a los que están hospitalizados, los miembros de este club pueden visualizarse a diario por nuestras calles.

Ahí tenemos a los que necesitan una silla de ruedas. Bien empujada por otras personas o con tracción para realizar de forma autónoma sus desplazamientos habituales. Ellos representan el escalón más alto de la dependencia.

Luego están los que necesitan bastón o alguna otra ayuda para poder caminar. O un respirador para mantener a raya la apnea del sueño... Un grado menor de dependencia. Pero sin estos recursos no podrían hacer una vida normal.

Tenemos también a los que necesitan tomar medicación a diario para contener sus déficits. A esta subclase  se suman un montón de personas. Y por lo que voy viendo muchas de ellas deben ingerir una importante cantidad de fármacos para poder ir tirando.

Normalmente la edad es un importante condicionante de entrada en el gremio. No siempre. Pero a mayor edad, más posibilidades de ingresar en la sociedad. Está claro que el organismo se va deteriorando con los años.

Lo que me resulta prístino es que, en un momento u otro de nuestras vidas, todos sin excepción acabaremos perteneciendo al colectivo de los averiados. Esto es algo que no había procesado pero que ahora veo de forma nítida.

La consecuencia clara de todas estas reflexiones es que hay que esforzarse y que vale la pena llevar un estilo de vida que propicie la prevención de enfermedades y, por ende el ingreso lo más tarde posible en el "Gremio de los averiados".

viernes, 4 de noviembre de 2016

Ya han entrado las máquinas

Proponía en mi entrada del 14-1-16 la creación de un "Central Park" zaragozano. Al estilo de las grandes ciudades. Demostrando sensibilidad y primando el verde frente al asfalto. Creo que hubiera sido una idea muy afortunada.

Pero como me temía no ha sido así. Las constructoras no han querido dejar este sabroso bocado a la vista de los ciudadanos. Presurosas han delimitado ya las parcelas en las que van a intervenir y tiempo les ha faltado para meter maquinaria.

El otro día pasaba por las inmediaciones del frustrado proyecto y pude ver cómo las máquinas ya habían comenzado a trabajar. En breve hileras de viviendas bordearán el Ebro haciendo añicos la utopía de conservar un entorno natural en el corazón de la ciudad. Ahí os dejo las fotos de las excavadoras en acción.