viernes, 27 de abril de 2018

Requiem por un vivero

Hace poco pasé por lo que antes eran Viveros Sopesens. Ya sabía que habían cerrado, pero en esta ocasión me sorprendió  el estado de abandono y total desvalimiento en el que han quedado las plantas que allí se alojaban.

Los especímenes que antaño eran mimados y cuidados con tanto esmero han quedado ahora a merced de las inclemencias del tiempo. La protección que les ofrecían los recubrimientos de plástico se ha ido deteriorando y degradando progresivamente. El riego por goteo y por aspersión de antaño ha desaparecido. Otro tipo de vegetación ha tomado el mando y ha ido desplazando sin piedad a las plantitas que tantos cuidados requerían.

No pude menos que sentir un escalofrío al contemplar el lamentable estado de las instalaciones. En un segundo vinieron a mi mente todas y cada una de las visitas que, en su momento, realicé acompañado de personas relevantes para mi. Disfrutábamos de lo lindo observando los floridos geranios, las amables margaritas, las alegrías, la verbena, los vistosos coleos, las fragantes rosas...

También las aromáticas eran saludadas. Ellas nos correspondían obsequiándonos con sus variopintas fragancias. La visita a los frutales era, asimismo, obligada...

Aquel universo vegetal siempre sorprendente formaba ya parte de mi mundo personal. Constituía una prolongación de mis querencias y mis anhelos más profundos...

Ahora todo se ha venido al traste. En el momento que fallan los cuidados el entorno inicia una progresiva degradación y se establece la ley del más fuerte. Atrás quedan los mil y un recuerdos de todas las personas que en su momento visitaron Sopesens disfrutando de la paz que allí se respiraba. Y los lazos afectivos que, con toda seguridad, allí se establecieron también se han diluido.

El ser humano busca el orden, la armonía, el equilibrio, la tranquilidad... Y un vivero bien cuidado y regentado ayuda en buena manera a lograr estos estados de ánimo. Por contra, tendemos a huir de la disonancia, la estridencia la inestabilidad y el alboroto.

¡Qué pena que haya cerrado Sopesens!







viernes, 20 de abril de 2018

Spring again

Mi asombro no sale de mi. El ciclo se repite y cada año, por estas fechas, vivo con entusiasmo la llegada de la primavera.

Lo que más me llama la atención son las flores. El paisaje colorido que parece reclamar la atención de la vista. Y la percepción ligada a experiencias de la infancia.

Llega en primer lugar la aliaga (allaga en uncastillero) y su amarillo rotundo es todo un toque de atención para los sentidos. Principalmente para la vista. Cuando el monte poco a poco va despertando de su largo letargo invernal, no te esperas ese colorido tan resplandeciente por aquí y por allá. El moteado amarillento contrasta con los tonos grisáceos que dominan el resto del año. El ciclo empieza de nuevo.

Luego está el romero y el tomillo. Las afables aromáticas. Amigas inseparables del colmenero sensible. Las abejas se vuelven locas cuando las primeras flores comienzan a despuntar.

Echo en falta el espliego. No lo veo por los lares zaragozanos. ¿Será el clima más seco? ¿la altitud? ¿el terreno calizo?

Menos mal que la avezada sensibilidad de mi amigo Basilio me ha descubierto la salvia. No me conozco muy bien su ciclo. Habrá que seguirle la pista.

Hay otro montón de plantas que no tengo controladas. Espero, con el tiempo, aprender a conocerlas y saber respetarlas.

Mientras tanto el ganado apícola ya se ha puesto en marcha. Al ritmo que marca la estación de la primavera. Este año ha venido muy bueno. Ha llovido mucho y el monte está estupendo. Las colonias se han puesto como locas y han comenzado a criar realeras. El ancestral impulso de extender la especie tanto como se pueda. La excitación del enjambrazón.

No es que las abejas constituyan una metáfora de la vida. Ellas mismas son la vida.













viernes, 13 de abril de 2018

Cosmo Sapiens

Voy leyendo el libro de John Hands "Cosmo Sapiens" y no salgo de mi asombro. Con un estilo muy personal y, por supuesto, también muy documentado, el autor realiza una revisión objetiva y didáctica sobre el tema de la evolución humana desde los orígenes del universo; de tal manera que se remonta hasta "el principio" para luego irnos llevando de la mano hasta la génesis del homo sapiens.

En el primer capítulo ya plantea los enigmas que -desde siempre- se pregunta el ser humano: ¿Qué somos y por qué estamos aquí? Estos dos interrogantes han estado gravitando desde el comienzo de la civilización. Aunque no hay respuestas definitivas, poco a poco se va afinando en la resolución de estas dos cuestiones.

Varias afirmaciones del autor me han sorprendido enormemente. Como cuando señala que el "homo erectus" ya realizó migraciones a otros continentes, nada menos que hace ¡1,7 millones de años!

También me ha llamado la atención el hecho de constatar que en los humanos la selección natural en el sentido que Darwin le otorgaba digamos que se ha detenido gracias a los avances en medicina y cirugía. Como anécdota, el autor señala que , en Londres, a mediados del siglo XIX (1.850) la mitad de las personas que nacían no llegaban a la adolescencia.

De allí he pasado a pensar que nuestros padres -y nuestros abuelos- sí que fueron seleccionados por la naturaleza ya que en su niñez todavía no se había generalizado el uso de los antibióticos. En su época mucha gente fallecía y los que aguantaban el tirón se hacían muy longevos.

Especial relevancia le concede el autor a los orígenes de la autoconciencia en los humanos y al misterio que supone que sólo nuestra especie haya llegado a ese estadio. El tema de la conciencia constituye un gran misterio. No se sabe con certeza cómo se originó ni tampoco las causas de su emergencia.

En fin, que por no alargarme demasiado diré que el libro en cuestión me está impactando sobremanera. Todavía voy a mitad de lectura pero no he podido sustraerme a la tentación de leer las conclusiones finales. A las dos preguntas que el autor se hace al comienzo del libro, responde de la siguiente manera:

"La respuesta corta a la pregunta de quién somos es que, al menos por lo que sabemos hasta el momento, somos el producto inacabado de un proceso evolutivo cósmico acelerado que se caracteriza por la combinación, el aumento de complejidad y la convergencia, además de ser los agentes introspectivos de nuestra futura evolución".

¡Ahí queda eso!

viernes, 6 de abril de 2018

El descrédito de la política y las rémoras en la universidad


A cuadros me voy quedando con las últimas noticias que llegan desde la capital del reino. Ya dicen los curas que los senderos del Señor son inescrutables pero el caso de Cristina Cifuentes supera -a mi entender- todo lo que uno pudiera pensar sobre arreglos de baja estofa, apaños y chanchullos.

Vayamos por partes. En primer lugar la política de comunicación del PP con este asunto. Se deben creer que somos imbéciles. O que no tenemos entendederas. O ambas cosas. O todas las demás referidas a la comprensión de algo tan básico como la manera honrada de conseguir un título.

Todo aquel que haya cursado algún estudio recordará la sucesión de pruebas, exámenes y barreras que va urdiendo la institución educativa con la finalidad de evaluar la adquisición o no de los contenidos establecidos. Ya no hablo de si el método es el más adecuado o no. Ese es otro cantar. Pero para la mayoría de los estudiantes conseguir su ansiada titulación universitaria constituye un auténtico calvario que, en muchas ocasiones se prolonga hasta cinco o seis años.

En el caso de los másteres estaríamos hablando de uno o dos años pero por lo que yo conozco, los criterios evaluativos aplicados, en general suelen ser exigentes. O al menos eso creía. Hasta ahora.

Lo que se va averiguando de cómo han conseguido sus másteres algunos de nuestros más afanados políticos deja en entredicho muchas cosas. Y para mi gusto constituye un auténtico bombazo que está removiendo los cimientos de la sociedad española.

Porque no es sólo lo que ha ocurrido sino también -y sobretodo- la manera en que se ha pretendido taparlo.

Si algunos políticos -muchos por lo visto en el PP- creen que con unas cuantas mentirijillas se puede arreglar el asunto; van aviados. Las justificaciones torticeras y los aplausos en su convención no hacen sino desacreditar la política y aumentar la desconfianza de los ciudadanos. Afortunadamente el periodismo serio de investigación y las redes sociales van poniendo un día si y otro también a cada cual en su sitio. Los ciudadanos no somos jilipollas.

Pero tampoco la universidad es caso aparte. Algo sabíamos sobre su endogamia, sus arreglos internos, sus inercias y su soberbia. Ahora, en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, también disponemos de una prístina constancia de las corruptelas asociadas a la expedición de títulos.

La prepotencia con la que se han mostrado algunos profesores del "caso Cifuentes" constituye el indicador de las rémoras que arrastra la universidad española. Del sistema de amiguismos y favores instalado en muchas facultades universitarias. De la opacidad de sus procedimientos. De la falta de democracia interna en la institución.

En fin, yo creo que este sería un buen momento para revisar a fondo la forma y manera en que se han configurado los universos político y universitario. Y realizar una reforma en profundidad. Mirarse en el espejo de los países más adelantados en los dos ámbitos y emprender una revisión a fondo. Caiga quien caiga.