viernes, 24 de marzo de 2017

TED

Mucho da de si Internet con su inagotable repositorio de temas de distinta índole. Y, por tanto, muchas son las cosas que me llaman la atención de este variopinto universo.

Pero si hubiera de destacar alguna página que me haya llamado especialmente la atención, señalaría -sin dudarlo- a TED (Tecnología, entretenimiento, diseño).

Los mejores expertos, las mentes más preclaras, la ciencia más innovadora; todos están ahí, empaquetados en nuestro ordenador esperando que les demos paso con solo un click.

Y si bien es cierto que la mayoría de las conferencias son en inglés, gracias a los subtítulos, ya no hay excusa para invitar a nuestra casa a los mejores científicos del globo.

El ansia de saber, ese preciado don con el que nos ha bendecido la naturaleza, puede verse así saciada sentados cómodamente en nuestro lugar favorito de la casa.

viernes, 17 de marzo de 2017

El gran cuadro

La lectura del libro de Sean Carroll "El gran cuadro" me está proporcionando momentos de verdadero placer. Sólo por el hecho de ver plasmados en una excelente prosa ideas y pensamientos que alguna vez se me han pasado por la cabeza acerca del universo, el reto ya merece la pena. Pero además, dada la condición de físico y cosmólogo, del autor, sus planteamientos no pueden ser más acertados.

Dice Carroll: "Nada sitúa en su contexto a la existencia humana como la contemplación del cosmos. Lo que puede que uno no adivine, sentado cómodamente en su cuarto de estar con una copa de vino y un buen libro, es que lo que está sucediendo en su vecindario inmediato se ve radicalmente afectado por la evolución del universo entero. Muchos de los rasgos más importantes de nuestras vidas aquí en la tierra -nuestra noción del paso del tiempo, la existencia de causas y efectos, nuestros recuerdos del pasado y la libertad de tomar decisiones de cara  al futuro- son, en última instancia, consecuencias de las condiciones existentes cerca del Big Bang. Para aprehender el gran cuadro, necesitamos colocarnos en un contexto cosmológico."

Y añade: "Es difícil no sentirse conmovido al contemplar el firmamento nocturno. En la auténtica oscuridad, lejos de las luces invasoras de la civilización humana, el trasfondo negro como la tinta cobre vida con millares de estrellas, un puñado de planetas y la franja majestuosa de la galaxia de la Vía Láctea extendiéndose de un horizonte a otro. También resulta difícil captar la verdadera extensión del universo basándonos en los que vemos al mirar al cielo. No existe sentido de escala, ni ningún hito conocido que permita juzgar tamaño y distancia. Las estrellas se parecen mucho a los planetas, aunque hoy sepamos que son bastante diferentes, no se parecen en nada al sol, aunque ahora sabemos que son muy similares".

Poco más tengo yo que añadir por hoy. Sólo que, por curiosidad le echéis un vistazo a este vídeo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Manual de un tacaño

Recientemente vi una película francesa con el título del encabezado de este artículo y, aunque no fue nada del otro mundo, sí que me hizo reír y me dio mucho juego para distintas elucubraciones.

El protagonista del film era un tacaño impenitente que se esforzaba lo indecible por ahorrar un eurillo: apagando las luces de su casa, aprovechando las ofertas de los supermercados y viajando con otras personas pues había decidido prescindir de su propio coche.

Y debo decir que, sin llegar a la exageración de la vida que llevaba Gutier, muchas aspectos de su conducta sí que me dieron que pensar.

Porque considero que de un extremo nos hemos ido al otro. Y que ahora no se mira si está una luz o todas encendidas, que tampoco se pone coto al consumo innecesario de agua o de calefacción en los hogares, que el coche se usa muchas veces sin necesidad y que se tira mucha comida a la basura, la televisión conectada inútilmente, el aire acondicionado a tope...

De manera que tendríamos guión para otra película que se titulara "Manual de un derrochador", que seguro que sería muy reveladora también.

Vivimos en la cultura del "usar y tirar" en la que no se mira si un artículo se puede aprovechar o arreglar y se pasa directamente a la compra de otro nuevo. La maquinaria del sistema capitalista no puede dejar de producir y hay que consumir a todo trance para que la cosa siga funcionando.

viernes, 3 de marzo de 2017

Visto en el parque

No somos inmunes a los desaguisados. A veces se te revuelven las tripas cuando observas ciertos hechos, ciertas realidades que te desagradan, que no te gustan ni un pelo.

Una tarde dominical. Un paseo por el parque. La primavera que se ve venir. Orden y concierto entre la gente deseosa de disfrutar del aire libre. La armonía se respira en el ambiente.

Y de repente, a mitad del plácido paseo te encuentras con estas reliquias. Con estos vestigios del pasado a los que les debemos respeto y consideración. La medida de un pueblo sensible con su historia. Aunque está claro que no todos piensan lo mismo. Porque no hay explicación alguna de la barbarie, del deseo de destruir. Del romper por romper y disfrutar destrozando.

Yo, desde luego me quedé estupefacto al observar como los afables bancos del siglo pasado han sido ultrajados.

Primera muestra del desaguisado

Desidia
Otra que te pega
Aquí los bárbaros se han empleado más a fondo

viernes, 24 de febrero de 2017

Cuestión de distancias


El descubrimiento hace unos pocos días de un sistema solar situado a unos 39 años luz de la tierra (Trappist 1) formado por 7 planetas de tamaño parecido al nuestro y además ubicados algunos de ellos en lo que se viene denominando zona "ricitos de oro", es decir, con posibilidad de agua en estado líquido en su superficie, ha vuelto a poner sobre el tapete la cuestión de la existencia o no de vida en otros planetas.


Este hecho no hace sino reafirmar las posibilidades de que la vida se extienda a lo largo y ancho del universo y, por consiguiente incrementa la opción de que en muchos de esos planetas exista, además, vida inteligente.

Ahora el núcleo del debate se traslada a cómo entrar en contacto con algunas de esas civilizaciones puesto que cuando hablamos de universo, las distancias son apabullantes.

De momento, la vía más rápida para enviar mensajes es la de las ondas de radio y televisión que viajan a la velocidad de la luz. Así pues, en el supuesto de que en Trappist 1 existiera alguna civilización avanzada y hubiera captado alguna de las primeras emisiones de radio (las primeras emisiones comenzaron en el años 1920), ya habrían tenido tiempo de mandarnos alguna señal en los 97 años que han trascurrido en total, cosa que, hasta ahora, no ha ocurrido.

Sin embargo, cuando nos referimos al universo, la escala humana palidece. Incluso asumiendo que nuestra burbuja de emisiones radiofónicas se extienda hasta los 200 años luz, esa distancia es insignificante comparándola con los 100.000 años luz de diámetro aproximado de nuestra galaxia. Por no hablar de los 2,5 millones de años luz que nos separan de nuestra galaxia más próxima (Andrómeda)

Así que todo es cuestión de distancias y de velocidad. Como por el momento no se ha observado ni creado nada que viaje a mayor velocidad que los fotones y las ondas de radio, las posibilidades de establecer contacto a corto plazo con otras civilizaciones alienígenas se estrecha cada vez más.

No pasa nada. Todavía nos queda mucho por indagar. Afortunadamente podemos captar el espectro luminoso de millones de estrellas y, con el paso del tiempo también sabremos más sobre la atmósfera de sus planetas. Así que todavía nos quedan muchas cosas por descubrir ¡¡El tema de la búsqueda de vida extraterrestre cada vez se está poniendo más sabrosón!! 

viernes, 17 de febrero de 2017

Cuando ya no esté

Casi por casualidad me he encontrado con una estupenda colección de vídeos en los que el famoso locutor y comentarista Iñaki Gabilondo entrevista a distintas personalidades del mundo de la ciencia, la economía y  la política. Y me ha llamado la atención el título porque en el mismo queda reflejada la curiosidad del periodista por lo que está por venir de aquí a 25 ó 50 años sabiendo que, muy probablemente, él ya no estará para verlo.

El formato es muy parecido al que, en su momento, inauguró Eduard Punset en su conocido programa "Redes" donde también nos acercaba la opinión de expertos en distintas materias mediante la clásica entrevista basada en sus preguntas y las respuestas del entrevistado.

En ambos casos se deja traslucir un elemento común: la curiosidad, el interés que ambos sienten por conocer y profundizar en los distintos campos del saber y especialmente en el mundo de la ciencia.

Y también me parece curioso que ese afán de saber se acentúe, se incremente con el paso del tiempo. 

Parece como si los dos entrevistadores quisieran asomarse a la ventana del futuro. Como si no quisieran perderse lo que -con seguridad- ya no verán. Algo así como tener un anticipo de lo que podrán disfrutar -o sufrir- las siguientes generaciones.

Por mi parte no podría sentirme más identificado con esta iniciativa. Desde hace ya algunos años vengo observando que el mismo "síndrome" que han sufrido estos dos estupendos comunicadores también me ha afectado a mi.

viernes, 10 de febrero de 2017

... Y sobre la muerte.

En varias ocasiones he escrito en este blog mis impresiones acerca de las visitas al cementerio de Torrero y los pensamientos inducidos por dichas visitas. Sólo por el hecho de traspasar la entrada ya te aproximas a otro universo, a otra dimensión. Y lo que allí vas viendo no te deja indiferente.

El miércoles día 8 de febrero, de nuevo tuve que subir la cuesta. En esta ocasión para asistir al funeral y entierro de mi suegra. Y esta vez la experiencia fue todavía más impactante pues se trataba de una persona con la que yo había convivido de forma muy cercana durante muchos años. No sólo eso sino que también he ido presenciando su progresivo declive, su lenta agonía y, finalmente su fallecimiento.

Aunque mi suegra ya iba para los 97, no es plato de buen gusto contemplar cómo poco a poco la vida de una persona se va apagando, se va consumiendo hasta el último aliento. Es inevitable experimentar un sentimiento de impotencia, de frustración ante lo que se sabe que, con toda certeza, va a ocurrir. Pero es ley de vida. Así son las cosas.

Por eso digo que hay una gran diferencia entre asistir a un funeral por alguien que has conocido sólo de forma tangencial y personas de tu ámbito familiar, de tu núcleo más cercano. En este caso el pesar es más profundo y también es mayor la conmoción emocional. Como dice un buen amigo, cuando fallecen los padres, los hijos pasamos ya a primera línea de fuego. Un recordatorio de la rueda de la vida...

De la misma forma que en la entrada anterior hablaba sobre el misterio de la vida, ahora pienso que el hecho de la muerte no se queda atrás. Por muchas vueltas que le demos al tema, todos debemos ser sabedores que con el paso de los años, a cada cual le llegará su hora de desconexión...

Pero la experiencia también me deja siempre otra enseñanza: asumido el hecho de la inevitabilidad de la muerte, la conclusión más inmediata es que la vida hay que vivirla de la forma más apasionada posible, disfrutando de cada momento y saboreando el hecho de estar vivos. Está claro, amigos, que la cosa no tiene vuelta de hoja.