lunes, 14 de enero de 2019

¡Saludos desde tierras albanesas!


Con una extensión parecida a Galicia, Albania ha sido la gran desconocida de Europa. Su período comunista duró más de 40 años y en esa época estaban totalmente al margen del mundo occidental. Limita con Montenegro, Kosovo, Macedonia y Grecia.

Italia se encuentra a 72 Km de la costa albanesa. Ambas naciones están separadas por el estrecho de Otranto que separa el mar Adriático del mar Jónico.

En Albania practican la religión musulmana un 70% de la población mientras que un 20% son ortodoxos y un 10% católicos. Esta distribución tiene mucho que ver con la ocupación turca otomana en la edad media. El folklore albanés también refleja nítidamente  dicha invasión. Con todo existe una gran tolerancia religiosa en el país.

Me ha  llamado la atención el Festival Nacional de Folklore de Gjirokastra que se celebra cada 5 años. Hay algunos bailes que me parecen alucinantes. El próximo tendrá lugar en el 2020 ¡Habrá que verlo!

Otra cuestión llamativa es que en algunas regiones de Albania todavía pervive la ley del Kanun (Honor, respeto, venganza y perdón). Se dice que algunas normas del Kanun perviven desde la edad de bronce.

Me he dado una vuelta por Tirana que todavía conserva estructuras de la época comunista. También he consultado las webs oficiales del país que se pueden visualizar en inglés.

Os dejo esta página de referencia por si os interesan más cosas de Albania.

Tal como me imaginaba en una semana sólo he tenido tiempo de saborear algunas cosillas que me han parecido más interesantes pero el país da para mucho más.

La próxima semana: Alemania

viernes, 11 de enero de 2019

Más notas

Sabida es mi afición a recoger notas escritas dejadas por el suelo. Sí, lo reconozco; me pica la curiosidad adivinar quién las escribió y por qué; valorar si pueden ser o no representativas de la media de la población; con qué intención se redactaron y, sobretodo cuál puede ser la razón por la que -tan alegremente- se hayan dejado allí, abandonadas, en la calle.

A veces pienso si este sesgo no tendrá ya tintes de manía puesto que tanto me atrae. Pero yo mismo me concedo perdón y el permiso de desarrollar esta "afición". Vamos cumpliendo años y yo creo que uno puede permitirse el lujo de admitir ciertas debilidades.


Os traigo hoy las últimas 3 notas encontradas recientemente. Vamos a echarles un vistazo.

Esta primera no tiene mucha complicación. Aunque si analizamos detenidamente tanto el contenido como la letra de la nota; la cosa puede dar más juego. Apostaría que la ha escrito una señora y me llama la atención el artículo pimienta negra. Quiero imaginar que las personas que adquieren ese condimento buscan darle más sabor a la comida ¿quizás también a la vida?

Qué pena no ser experto en grafología. Si así fuera dispondría de otra herramienta adicional para sacarle más jugo a los escritos que me encuentro.

La segunda nota estaba escrita por  las dos caras. Para mi que tiene que ver con las obras que se llevan a cabo en un edificio
ya casi acabado de construir que está cerca de mi casa.

Me queda la duda de resolver con más precisión las secuencias numéricas que aparecen en el boleto. Seguro que se trata de una supervisión de terminaciones del edificio. Pero... ¿qué tipo de terminaciones? ¿y cuál es la lógica oculta en la secuencia?

Si la descubrís no dejéis de comentármelo.

Y vamos con la última. Creo que la ha escrito algún escolar en plan de broma. Pero me llama la atención el enfoque. ¿Algún simpatizante de Vox, quizás?

Nada, amigos. El que no se entretiene es porque no quiere.

Espero poder ofreceros otra tanda para más adelante. La verdad es que materia prima no falta. Sólo hay que estar un poco atento para descubrirlas. Algo parecido a buscar rebollones...

lunes, 7 de enero de 2019

Mi viaje por Afganistán


Mi aventura virtual por Afganistán no ha podido ser más interesante. Un país complejo lo mires por donde lo mires. Siguiendo el esquema que me había prefijado, el viaje duró desde el día 1 hasta el 6 de enero y en ese intervalo he tenido tiempo de recabar mucha información de distintas webs y también de You Tube. Ahí van algunas observaciones que he ido recopilando durante mi viaje.

Destacar, en primer lugar la accidentada historia del país ya que a lo largo de los siglos se han ido sucediendo guerras, invasiones y luchas sin fin.

Según wikipedia Afganistán es el peor país del mundo para las mujeres pues en esa nación perviven costumbres y tradiciones que quebrantan de forma flagrante la igualdad entre sexos.

Afganistán lo componen distintas etnias repartidas por el territorio. Están los  Pastunes, los Tayicos, los Hazara, los Uzbecos, los Turkmenios, los Nuristani y los Baloch. Cada una de estas etnias tiene su propio idioma y, por supuesto sus propias costumbres.

He escuchado el himno que sonaba bastante bien. En varias ocasiones se hace alusión a la grandeza de Dios. También he visualizado un vídeo en el que hablaban en Dari. De hecho, a través de Internet se puede aprender esa lengua.

El país tiene una topografía muy accidentada pero también muy bella. Así mismo destacaría la gran variedad de fisionomías y rasgos faciales diferenciados de los habitantes de Afganistán.

Me he dado una vuelta por Kabul. Lo que he podido contemplar no me ha parecido especialmente interesante. Bastantes rincones con muchos espacios verdes pero poco cuidados. Sólo he visto hombres en mi paseo.

He intentado memorizar la forma y colores de la bandera afgana: tres franjas verticales del mismo tamaño con los colores (de izquierda a derecha: negro, rojo y verde) y una mezquita dibujada en el centro. He leído que el negro conmemora la etapa oscura de dominación del imperio británico y el rojo es la sangre derramada por su independencia ¡toma esa!

Me ha llamado la atención de la leyenda que figura en la web oficial del gobierno afgano: "Afghanistan: The Friendliest Country in the World, Possibly the Universe." 
Me queda la curiosidad de si es sólo un lema o es, de verdad, en la actualidad, algo real.

En fin, como no podía ser de otra manera me he quedado con unas ganas enormes de visitar el país en la realidad.

La semana que viene, amigos, me voy a Albania. Ya os contaré.

viernes, 4 de enero de 2019

Un euro por mear


La primera vez que vi el dichoso cartelito fue en la estación de Milán. Había tomado varios refrescos y ya se hacía imperante la urgencia de miccionar. Mi señora se quedó en una tienda mirando novedades y yo le comenté que volvía enseguida.

Como ya mi cerebro está entrenado en la búsqueda de carteles indicadores, enseguida di con el mingitorio y hacia él encaré mis pasos con decisión después de sortear un aluvión de turistas japoneses.

Cerca ya de la puerta me extrañó no ver el habitual revuelo de personal deseoso de orinar o bien de exonerar el vientre, como suele ser costumbre en nuestro país. Sólo cuando ya encaré con paso decidido -la urgencia apretaba- mi último tramo hasta la puerta, fue cuando me di cuenta de la leyenda que figuraba en el cartelito de marras: "pisciare, un euro".

Ya os podéis imaginar el resto de la historia si os digo que, en ese momento, no llevaba el monedero pues se lo había dejado a mi mujer por si, al final, adquiría algún artículo.

La anécdota me dio pie para unas cuantas reflexiones que me gustaría compartir con vosotros. Está claro que la frustración ante una necesidad tan apremiante, dispara la vena filosófica de cualquiera; siendo la primera pregunta: ¿es lícito que cobren un euro por evacuar aguas menores en un edificio oficial? Otra más: ¿qué pasa con los que no disponen de dinero? Y otra: ¿la satisfacción de una necesidad fisiológica tan elemental, no debería estar amparada por los poderes públicos?

Aún hay más preguntas: ¿Llegará el momento que habrá que abonar también un euro por beber agua en una fuente pública? ¿o por desgastar las aceras? o -si me apuráis- ¿por respirar y utilizar para uso propio parte de la atmósfera que envuelve la ciudad?

Yo ya os digo que a mi me parece un despropósito cobrar por mear. Sé que la tentación de monetizar es muy grande y que muchos sucumben a ella. Y también veo que no ha habido mucha resistencia del personal a la eliminación de los urinarios públicos gratuitos y así nos va.

Como ya comentaba en otra entrada, los que pasamos gran parte de nuestra niñez en el campo, nunca percibimos obstáculo alguno para hacer nuestras necesidades allá donde más nos placiera. Ya me costó un sofocón adaptarme a las modernidades de los urinarios de caballeros porque siempre me sentía incómodo y con la sensación de que el de al lado estaba pendiente de mi micción. Ahora, mientras pueda, seguiré enarbolando la bandera del mear sin pagar.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Yo, Gaspar


Hablaba ya hace algún tiempo con un conocido que participa en la recreación de batallas medievales. Entre otras curiosidades me contaba cómo según el papel que se adjudica la gente, él había observado una actitud y un comportamiento distinto, dependiendo del cargo que tienen que desempeñar.

Así, por ejemplo, aquellos que representan a nobles o dignos señores feudales en la ficción, tienden también a actuar con un talante digamos que más prepotente en la vida real; mientras que los que actúan como vasallos, pongamos por caso, serían como más serviles y "doblegables" en su vida cotidiana.

Me llamó la atención esta observación e incluso me sirvió para realizar una posterior generalización en el sentido de que el atuendo y la vestimenta con la que nos equipamos habitualmente así como el rol que nos toca representar en cada momento condiciona de forma significativa nuestro comportamiento.

Me viene también a la cabeza uno de los temas que impartía en las clases de Psicología en el que se hacía alusión al Experimento de Stanford donde se pudo observar la influencia de un ambiente extremo en las conductas desarrolladas por las personas en función de los roles sociales que desarrollaban.

Bueno, pues el caso es que, este mes de diciembre, yo también he tenido la ocasión de revestirme -de transformarme- en un rey mago ya que, a petición del AMPA de un colegio, me ofrecí voluntariamente a representar a Gaspar.

Mientras nos estaban vistiendo, los tres reyes no parábamos de reirnos y de gastar bromicas pero una vez ataviados, en compañía de los respectivos pajes, nos pusimos ya más serios y comenzó la función.

De momento la entrada triunfal en el colegio fue espectacular. Los niños y las niñas nos estaban ya esperando en el patio mientras los pajes, colocados en hileras a ambos lados de la entrada hacían estallar sus tubos explosivos lanzándonos divertidos confetis.

A continuación ante un griterío cada vez más insistente, fuimos pasando revista a los pequeñajos saludando con solemnidad unas veces, besando a los niños otras y repartiendo nuestras sonrisas siempre.

Aquel ceremonial introductorio ya me proporcionó el primer "subidón" pero todavía se añadió un punto más de orgullo cuando las madres -insistentemente- nos solicitaban una foto con sus hijos.

A esas alturas ya se estaba produciendo en mi cierta transformación. Como que me veía más bondadoso y más sabio que al inicio de la representación y también más amable, más cariñoso; más tierno.

Pero la cosa fue a más cuando empezamos a pasar por cada una de las clases; a sentarnos mayestáticos en tres sillas preparadas al efecto y a recibir las peticiones de cada uno de los niños. Unos nos entregaban las cartas y nos las comentaban. Otros nos hacían las peticiones verbalmente y todos nos miraban con indusimulada sorpresa reflejada en sus caritas.

Los miembros del APA ya lo habían preparado todo para que a cada uno de ellos les entregáramos un regalito como aperitivo a la espera de que el día de reyes se materializaran sus infantiles pretensiones.

Las breves entrevistas individuales con los niños y niñas dieron mucho de sí. La mayoría de ellos nos hablaban de sus peticiones aunque también, a veces, dejaban deslizar alguna inquietud.

Así un niño me pidió un trabajo mejor para su mamá; otro que su hermanito pequeño dejara de molestarle e incluso una niña llegó a inquirirme acerca de mis capacidades adivinatorias. Cierto es que a esas alturas yo ya me estaba empezando a creer que las tenía así como que también poseía el poder de cambiar el destino de los niños que me parecían más humildes y desvalidos.

En fin, el sumun fue cuando los alumnos y alumnas nos obsequiaron con unos villancicos que habían preparado con sus profesoras. Aquello fue el delirio.

Una vez que terminamos las audiencias y el reparto de consejos, regalos y sonrisas nos retiramos discretamente a nuestro alojamiento inicial. Allí comenzamos a desvestirnos y de nuevo traspasamos la frontera que nos llevaba al mundo real.

Debo admitir que me costó lo mío volver de nuevo a lo cotidiano. Voy a echar de menos  mi encarnación como Gaspar.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Cuatro años para recorrer el mundo


Tengo para mí un lema que hasta ahora nunca me ha fallado: Si se te ocurre alguna iniciativa, no la dejes para más adelante. Empieza aunque solo sea de manera simbólica. Verás como poco a poco, con paciencia, en algún momento podrás realizarla en su totalidad.

Hace poco se me ocurrió que sería una buena idea tener un conocimiento más profundo de los países de nuestro planeta. Dicho y hecho. Enseguida me metí en la página web de la ONU y -rápidamente- averigüé que, en total son 193 los estados miembros. También existen los miembros observadores (La Santa Sede y Palestina), otras entidades sin representación en la ONU y Organizaciones Internacionales que, así mismo, tienen el estatus de observadores.

Bueno, pues el caso es que, hoy en día, ya no hay excusa para viajar. Internet pone al alcance de nuestra mano la información escrita y audiovisual de cualquier país del mundo y las telecomunicaciones permiten también un contacto directo y personal con los habitantes de dichos países. De manera que ya me he puesto manos a la obra y ya he configurado un esquema que creo que me va a servir para llevar adelante mi misión.

Dedicaré una semana a cada país. Una sencilla multiplicación me permite averiguar que necesitaré un total de 208 semanas para culminar mi empeño; es decir, 4 años.

Establezco de momento un mínimo de información que recabaré sobre los países:

     - Información general obtenida de Wikipedia
     - Página web oficial de cada una de las naciones
     - Visualizado de, al menos, dos vídeos de cada país
     - Averiguar si hay alguna asociación de habitantes del país en España.
     - Realizar al menos una llamada telefónica a alguna entidad oficial del país

Este esquema de mínimos es susceptible de ser ampliado o modificado en función de las experiencias que vaya acumulando.

Iré estudiando los países por orden alfabético -tal como aparecen en el listado de la ONU-

Comenzaré mi misión el 1 de enero de 2019 y, la finalizaré el 31 de diciembre de 2023, Dios mediante.

Y estaré abierto a cualquier idea o enriquecimiento de la experiencia que se me ocurra o que me puedan aportar amigos y familiares.

No veáis, amigos,  la ilusión que me hace llevar a cabo este nuevo proyecto. Espero completarlo en su totalidad.

... Y si os animáis, os invito a acompañarme. El primer país a visitar es Afganistán. El barco zarpa el 1 de enero. Yo ya he sacado el billete.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Si no lo hago ahora... ¿cuándo lo haré?


Mirándolo desde el punto de vista positivo, la ventaja de sufrir un ictus -sin consecuencias aparatosas- es que te das cuenta que, de la misma forma que tu vida puede continuar con bastante normalidad también podría haber ocurrido algo más grave o incluso haber fallecido en el proceso.

Así que, asumes de golpe y porrazo aquello que ya sabías pero de lo que ahora ya no te queda ninguna duda: que un día u otro todos hemos de morir. Que según te vas haciendo mayor, las probabilidades de que el final esté más y más cerca se incrementan cada año que pasa.

Y como contrapunto de esta reflexión, también se abre camino otro pensamiento paralelo no menos interesante: visto como está el panorama, si ahora no hago lo que me hace ilusión, ¿cuándo narices podré hacerlo?

Una vez planteado el aserto se abre un universo lleno de posibilidades -y sobretodo- de certezas- sobre lo que merece y no merece la pena en esta vida. Las semanas vuelan y hay que actuar con rapidez, aunque sin agobios.

De manera que ya llevo un tiempo poniéndome manos a la obra tratando de materializar aquello en lo que tantas veces he pensado; esa iniciativa que tenía paralizada debido a la urgencia de otros temas; esa llamada telefónica pendiente; ese reconocimiento y gratitud por la amistad que me han concedido mis amigos; esa charla distendida con mi mujer; ese paseo con mis hijas; un viaje que siempre he querido realizar, las visitas a las colmenas; la construcción de la balsa... y muchas otras acciones que quiero abordar sin dejar que pasen más días.

Materia prima no falta para tejer esta urdimbre de proyectos, iniciativas y logros. Su nombre es ilusión. Mientras vaya fluyendo cual surgencia en un manantial, la continuidad de la tarea está asegurada.

Ahora de jubilado, los meses desfilan con rapidez. El tiempo se desvanece como por ensalmo. La sensación de que todo discurre con inusitada prontitud me acompaña desde hace ya algunos años.

Sin prisas, sin estreses debo acometer las tareas pendientes.

Si no lo hago ahora... ¿cuándo lo haré?