viernes, 26 de mayo de 2017

La impronta

Me veo a mi mismo esforzado en el mantenimiento de mis árboles frutales, empeñado en que sobrevivan a base de dedicar muchas horas a este menester. Quitar hierbas, regarlos con regularidad, asegurar una provechosa producción...

También me visualizo en mi ir y venir al monte para comprobar cómo van las colmenas procurando que nada les falte a las abejas. Allí me detengo a menudo simplemente a escuchar el zumbido de la colonia, el trasiego de las pecoreadoras y el ajetreo de las nodrizas. Hago mío aquel verso que decía: "En el silencio sólo se escuchaba un suave susurro de abejas que sonaba".

A veces, cual dron elevado en la altura me diviso en mi empeño de mejorar la caseta, de proyectar nuevos arreglos o emprender alguna innovación que llevo en la cabeza. El caso es avanzar, mejorar lo existente, intentar conseguir unas metas que yo mismo me he fijado.

En ocasiones me da el bajón. Me pregunto el por qué de tanto afán, de tanto empeño por conseguir aquello de lo que podría prescindir. De tanto viaje y de tanta fatiga.

Veo, sin embargo que hay algo que me impulsa a seguir en mi lucha, a continuar las tareas que yo me he propuesto. Es como un mandato que hubiera recibido, como si alguien me guiara en lo que es correcto, en lo que debo hacer.

Le doy vueltas y más vueltas a las razones de todo ello, a lo que me impele a seguir en la brecha y continuar con mis afanes. 

La respuesta la hallo en mi infancia. Lo que veía cuando era niño y la impronta que aquello dejó en mí.

Aunque adaptado a los tiempos actuales estoy haciendo lo que veía hacer a mi padre y a mi abuelo.

viernes, 19 de mayo de 2017

El congreso de Mesa

Recientemente se ha celebrado en Mesa (Arizona) un congreso sobre astrobiología. A la cita acudieron los más relumbrantes científicos conocedores del tema siendo las ponencias de un elevado nivel técnico.

Discuten los astrobiólogos sobre el desafío que supone la búsqueda de la evidencia -en el pasado o en el presente- de vida microbiana en el sistema solar y la posibilidad de vida en sistemas exoplanetarios.

Para mi gusto el tema no es un asunto trivial. Si llega el momento en el que se certifica que la vida también se ha generado en otros cuerpos celestes además de en la tierra, nuestra visión del universo cambiará de una forma radical.

La existencia de vida microbiana implicaría la posibilidad de que también existan otras civilizaciones inteligentes en otros planetas. Un repaso a la propia evolución de la vida en la tierra, nos retrotrae a los inicios bacterianos en nuestro planeta. Unos cuantos milloncejos de años dejando actuar selectivamente a la evolución y... ¡tachaaannn! el homo sapiens aparece por el horizonte.

Si se confirmaran las sospechas, ante tal panorama sería ineludible preguntarnos el sentido de todo esto: ¿para qué se ha generado tanta vida en el universo? Eso, suponiendo que la pregunta esté bien planteada. Quizás no exista un ¿para qué?

Aún así, lo que más me desconcierta es la posibilidad de que -según los físicos más punteros- nuestro universo con el paso de millones y más millones de años termine extinguiéndose, apagándose en una lenta agonía que daría lugar a... ¡LA NADA!

No sé vosotros, amigos, pero a mí este oscuro pronóstico me produce incomodidad, desasosiego y malestar. También un punto de curiosidad... 

Me encantaría presenciar cómo termina todo.

viernes, 12 de mayo de 2017

La lantana





















No sé cómo pudo acabar en mi jardín. Desde luego yo no la planté. Aunque por San Google me entero que los pájaros suelen ser el medio más natural de propagación.

Bien, el caso es que la semilla arraigó en el lugar adecuado en el momento adecuado y, a partir de ahí cada año se ha ido haciendo más fuerte y más robusta presentando en la actualidad un porte magnífico.

Al verla hoy por la mañana en todo su esplendor, no he podido menos que mostrar de nuevo mi asombro ante la persistencia de todo ser vivo para multiplicarse, para expandirse todo lo posible.

Mi lantana lleva ya varios años produciendo innumerables semillas que se esfuerzan lo indecible para generar un nuevo ser. A nada que encuentren un lugar apropiado, ahí que se asentarán generando una nueva planta.

Pero es que, amigos, lo mismo ocurre con el níspero, con las hormigas, con las abejas y, en general con cualquier espécimen vivo.

El afán multiplicador es uno de los rasgos más significativos que caracteriza la vida.

viernes, 5 de mayo de 2017

Málaga

He pasado unos días en Málaga aprovechando que mi hija pequeña se tiene que instalar en esa ciudad para hacer el MIR.

La visita me ha parecido sumamente interesante y, como suele ocurrir cuando te sales de tu zona de comodidad, múltiples han sido las reflexiones generadas al hilo de esta estancia.

La ciudad es un hervidero de turistas que van y vienen de aquí para allá. Y también los locales aprovechan el buen tiempo que hace por esas tierras para disfrutar de lo lindo. Málaga bulle de actividad.

Pero no siempre fue así. En la visita al castillo me detuve a leer unos carteles explicativos que daban cuenta de la historia de la ciudad. Se trata de un asentamiento muy antiguo. Uno de los enclaves con más solera de Europa y también con más vaivenes guerreros, políticos y sociales. Y eso me llamó especialmente la atención. El constatar in situ que, en otros tiempos, las cosas fueron muy diferentes en esa urbe.

Desde el antiguo poblamiento bástulo pasando por la fundación de la fenicia Malaka, dominación cartaginesa y conquista por Roma, siguiendo por la ocupación musulmana y reconquista cristiana, la ciudad ha presenciado mil y un avatares también en los tiempos modernos:

Epidemias con millares de muertos:

1349 Peste bubónica o negra.
1649 Peste bubónica.
1719 Disentería.
1731 Disentería.
1738 Tabardillo (tifus).
1741 Vómito negro (fiebre amarilla).
1751 Tabardillo.
1786 Fiebres tercianas
1803-04 Fiebre amarilla.
1833 Cólera.
1855 Cólera.
1885 Cólera.
1918-19 Gripe española.
1921 Peste.
1941-43 Tifu

Y hambrunas de finales del siglo XIX y la postguerra civil.

Asimismo ha sufrido varios terremotos en 1680, 1884 y 2016.

La placidez que yo he observado por las calles de Málaga estos días viene a ser como un canto al tesón y fuerza de voluntad de sus habitantes. Un recordatorio del empeño de los seres humanos en tirar para adelante a pesar de los obstáculos y dificultades que presenta la vida.

viernes, 28 de abril de 2017

Dar el día por bien aprovechado

Ayer fue una jornada intensa. Hacía un día que había recibido 5 abejas reinas. Cuatro de ellas sin fecundar y una fecundada y urgía introducirlas en los cinco núcleos de abejas que previamente habíamos conformado en el asentamiento apícola.

Así es que, junto al amigo Juan, nos desplazamos a las colmenas, nos enfundamos los blusones de protección y procedimos a la introducción de una soberana en cada uno de los núcleos.

La operación no estuvo exenta de incidencias. Casi siempre ocurre que lo que te encuentras no coincide con lo que tu has planeado: un panal que no encaja bien en la nueva colmena, el olvido de los guantes y algún que otro picotazo constituyeron un aditamento adicional de la experiencia.

El olor a tomillo y también a humo y el recuerdo del zumbido de los himenópteros quedan fijados en la memoria sensorial por unas horas. Hasta puede ocurrir que esa misma noche tus sueños también tengan relación con el mundo abejeril.

El caso es que las cuatro horas y pico que invertimos en la operación se pasaron sin enterarme. Tan entregado estaba en la tarea que perdí por completo la noción del tiempo, el transcurrir de las horas.

Por eso digo que ayer el día estuvo bien empleado, bien aprovechado. Y ese sentimiento de haber estado haciendo lo correcto, lo que te pedía el cuerpo, constituye un regalo de primer orden. Un bálsamo para el espíritu.

Me da igual que lo que te entusiasme sea la música, las películas del oeste o la reproducción de la lombriz de tierra. El caso es que cuando experimentas esa sensación de paz y orden, ese fluir de la experiencia, sientes que realmente estás haciendo lo que debes, que estás aprovechando el día.

viernes, 21 de abril de 2017

Todo es más fácil de lo que parece

La mente humana está acostumbrada a anticipar la dificultad, detectar los riesgos y hurgar en los inconvenientes. Se suele poner en lo negativo por lo que pueda pasar. No escatima recursos para generar preocupaciones. Se prepara para lo peor.

Pero hete aquí que, de vez en cuando, el propio devenir de la vida en muchas ocasiones ejerce, afortunadamente, de contrapeso. Te obliga a cambiar esquemas, a mirar las cosas desde otro ángulo. A pasar a la acción.

Ya se trate de un problema familiar, la reparación de un tejado con goteras o el empeño en aprender un idioma, solo el hecho de encararlo ya nos traslada la imagen de que el reto no supone un obstáculo insuperable. Con voluntad y tesón, repartiendo la tarea en unidades más manejables vemos con asombro cómo vamos consiguiendo lo que nos proponemos.

En el trascurso de nuestras vidas tenemos muchas ocasiones para ponernos a prueba y cada vez que salimos victoriosos de algún lance se renueva en nosotros la confianza de que, en realidad, todo es más fácil de lo que parece.

viernes, 14 de abril de 2017

Renuevo generacional


Al igual que en la entrada anterior hablaba de la primavera y de la repetición anual de los ciclos, aquí quiero fijar mi mirada en la renovación generacional.


Cuando vivía en el pueblo, veía con naturalidad el hecho del nacimiento de nuevos vecinos, hijos del pueblo. Y con la misma naturalidad se apreciaba que la gente se hiciera mayor y muriera. Es algo de sentido común. El ciclo de la vida diría yo.

Al pasar a la ciudad, estos ciclos ya quedan más ocultos. Cada cual metido en su cubículo, sólo hay un estrecho margen para apreciar el nacimiento de tal o cual vecino. Los niños ya no corretean por la calle y los abuelos fallecen en el hospital.

Por ventura, el hecho de vivir en una urbanización de unifamiliares me ha vuelto a trasladar de nuevo al pasado. A apreciar de primera mano el inexorable paso del tiempo. Para mal en algunos casos y para ventura de las familias en la mayoría de ellos.

Estos días se ven en la calle de mi fila de viviendas muchos niños. Jugando ingenua y apasionadamente. Acompañados de sus padres y sus abuelos. Pertenecen ya a la tercera generación. Los nietos de los propietarios que, en su momento adquirieron las casas.

Uno no puede sino pensar en toda esa vida que se ha generado. Con un poco de fortuna casi llegarán al año 2.100.

Qué les espera a cada uno de los niños de mi urbanización constituye un auténtico enigma. Sólo se que, de buen grado, ahora me cambiaría por cualquiera de ellos.