domingo, 26 de enero de 2014

¡Viva, viva, el Santo Eusebio!

He recuperado una canción que hacía mucho tiempo no había tenido ocasión de escuchar. Bueno, no la he recuperado yo solito, me ha ayudado San Google.

El otro día, hablando con unos compañeros del trabajo, salió el tema de las hogueras de San Sebastián y, por extensión también hablamos de los rituales que acompañan el solsticio de invierno.

Recordemos que esolsticio de invierno corresponde al instante en que la posición del Sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular negativa del ecuador celeste. Dependiendo de la correspondencia con el calendario, el evento del solsticio de invierno tiene lugar entre el 20 y el 23 de diciembre todos los años en el hemisferio norte, y entre el 20 y el 23 de junio en el hemisferio sur.


Y con mis compañeros también recordamos la famosa película de Amarcor en la que salía un pasaje donde también se quemaba una hoguera en la plaza del pueblo. 


Recurrí a mi memoria y creí recordar que en esa misma película se cantaba la canción a la que hacía referencia al principio: ¡Viva, viva el Santo Eusebio! (aunque yo decía el santo Eugenio).


Total, que me quedé con la copla de cómo sería la canción y en qué película la había escuchado y, naturalmente comencé mi búsqueda por Internet. Inicialmente tecleé "Canción viva viva el Santo Eugenio" y varias fórmulas parecidas siempre con el mismo patrono.


Como el buscador no me devolvía lo que yo le pedía probé con Eusebio y... ¡Voilá! apareció una entrada en la que otro internauta se hacía la misma pregunta que yo.



Tirando de ese hilo enseguida conseguí acceder al fragmento que me interesaba de la película titulada "Per grazia recevuta", que aquí en España, se estrenó con el título de "Las tentaciones de Benedetto". Y no solamente he accedido a las escenas sino que también he podido por vez primera tararear la letra entera escrita en una preciosa lengua italiana.

Y todas estas reflexiones vienen a cuento de cómo está cambiando la forma y manera y las estrategias que utilizamos para recordar las cosas. Antaño me hubiera vuelto loco preguntando a conocidos y amigos por la famosa canción. Sin duda hubiera recurrido a mi amigo Javier, que, en su juventud saboreó la cultura italiana y, probablemente, él me hubiera resuelto la duda. Si no hubiera sido así, habría tenido que continuar mi búsqueda por otros derroteros.


Pero, como es bien sabido, cada vez echamos mano con más frecuencia de la super-memoria en la red. Allí está todo. Sólo es cuestión de saber encontrarlo. Y raramente nos falla. Hasta el punto que hoy mi hija me decía que, a veces, hace búsquedas de canciones en Google poniendo algo así como: "Canción lalalalalá lala lá. Lalalalalá, lala lá"  ¡Y encuentra lo que busca!


Vivimos una época apasionante. Cada vez con más frecuencia muchos de nuestros recuerdos están en la red. Y cuando los recuperamos se nos presentan con la misma frescura que en el momento que ocurrieron. Fotos, vídeos, textos, reflexiones....

Sin duda alguna este proceso imparable continuará incrementándose en el futuro. ¿Donde iremos a parar finalmente? ¿Cómo recordarán nuestros descendientes? Un nuevo paradigma evocativo se está abriendo paso con rapidez. Permaneceremos atentos viendo como evoluciona.

domingo, 12 de enero de 2014

Tres botones de muestra

El caleidoscopio cotidiano, ese ir y venir por las calles, rondas y esquinas de la ciudad siempre esconde alguna sorpresa que, para deleite de unos y asombro de otros, constituye un importante elemento de reflexión y de debate sobre la sociedad que vamos construyendo.

El primer botón lo hallé en Media Mark no hace muchos días. Allí se había preparado la infraestructura para acoger a un jovencísimo grupo de cantantes de un grupo para mí desconocido, que por lo visto habían acudido con la finalidad de promocionar sus canciones.

Y me quedé estupefacto con el espectáculo que ofrecían las niñas-adolescentes todas ellas provistas de su móvil, dispuestas a captar y enviar a los cuatro vientos las imágenes de sus ídolos.

Gritos histéricos por aquí. Empellones por allá. Llamadas al orden de los seguratas y los jovenzanos del grupo dejándose querer. Madres aleccionando a sus hijas. Bolis y libretas a la búsqueda de un autógrafo. Y las niñas dejándose las cuerdas vocales solicitando a gritos la presencia de sus ídolos.

Nunca creí que unos mozalbetes pudieran generar tanto revuelo. Desde los Beatles no había visto algo parecido. Está claro que los íconos musicales todavía tienen cuerda para rato. Máxime ahora con el efecto multiplicador de las redes sociales. Las noticias corren como la pólvora. Los y las fans no se pierden ni una.

Sólo se me ocurrió una cosa: ¿Veré algún día una movilización parecida originada por la presencia de eminentes hombres y mujeres de ciencia en algún centro comercial?

El segundo botón de muestra me lo ofreció el trámite de intentar renovar el DNI electrónico. No hubo manera de hacerlo con la máquina dispuesta al efecto en una comisaría de la ciudad. La ultramodernidad del chip se da de leches con la forma de hacer las cosas "a la española". Me llamó la atención una caja de cartón pegada con celo en el teclado del supersónico aparato. Por un lado, afirma que es capaz de identificarte mediante la lectura digital de tu huella. Por otro un tosco letrero te indica que, determinadas teclas no se pueden tocar. La leche. Tecnología punta anti-equivocaciones.

Un funcionario amabilísimo me indicó que los primeros chips de los DNI salieron defectuosos y con el paso del tiempo las máquinas ya no  te reconocen. ¿Y que puedo hacer, pregunto yo? Pues nada, me contesta con aquiescencia. Tendrá que renovar de nuevo su carnet.

Se me ocurrió otra reflexión: ¿Cuántos meterían mano en el proceso de implantación del modernísimo DNI electrónico? ¿Y cuántos sacarían tajada?

Y la tercera reflexión viene al hilo de la noticia con los últimos ingresos de pacientes con el virus de la gripe A (V1H1). Y de varias personas que últimamente me he enterado que han enfermado de cáncer. Y de otras muchas aquejadas de problemas de salud.

Un amigo mío comentaba hace poco que ahora se empezaban a manifestar las consecuencias de la utilización indiscriminada de productos fitotóxicos en décadas de empleo generalizado. Del abuso del "chifú" esparciendo DDT incluso, en ocasiones, directamente sobre la piel de los niños. Del uso desproporcionado de pesticidas y anti-todo.

Llego a la conclusión que, con todo lo que hemos chupado, casi es un milagro que nos mantengamos en pie.

viernes, 3 de enero de 2014

Visita a El Castellar

Muchas veces, en sueños, me veo descubriendo restos arqueológicos nunca antes vistos. Testimonios de épocas pretéritas. Vestigios de un pasado que ha quedado olvidado pero que se resiste a desaparecer por completo. Recuerdos de generaciones ya olvidadas.

Y cuando me despierto, me recreo con el recuerdo de las construcciones descubiertas en mi ensoñación, con la emoción de sentir las huellas del tiempo...


Así que no es de extrañar la rápida aceptación que tuvo la propuesta de mi amigo Serafín de cursar una visita al paraje de El Castellar. Máxime si tenemos en cuenta su celebrada afición a la arqueología y su habilidad y destreza para descubrir vestigios ocultos allí donde nadie antes los hubiera visto.

De manera que el día 27 de diciembre nos pusimos en camino y de buena hora iniciamos nuestra gira.


Un agradable paseo matutino nos condujo, en primer lugar a lo que queda de la ermita de La Magdalena ubicada en el delta del Abrevadero, en el tramo final de la Riera Salada. Para dejar constancia de la visita, nos hicimos sendas fotos con el fondo de la peculiar ventana lobulada en el lienzo interior.


Posteriormente accedimos a la antigua villa de San Pedro y pudimos fotografiar los restos de la iglesia del mismo nombre.



Desde allí remontamos hasta el castillo medieval. Sus restos todavía se yerguen imponentes desafiando la erosión y los embates del Ebro.









































Como es preceptivo, también visitamos la llamada Cueva de Doña Urraca, donde la tradición mantiene que Alfonso I el Batallador, encerró a su esposa.




















La jornada dio para mucho y mil y una reflexiones acudieron en mi mente al hilo de la exploración del lugar. Anduvimos, eso sí, con cuidado de no traspasar la alambrada que acota lo que ya es terreno militar y dejamos para mayo una visita más en profundidad, aprovechando la romería que anualmente se realiza desde Torres de Berrellén.


Para los más estudiosos, en esta publicación de Antonio Gascón de la Institución Fernando el Católico, podéis obtener profusa información sobre el enclave.