domingo, 27 de enero de 2013

Y seguimos con los bancos...

Atención, amigos, mucha atención. Si alguno de vuestros padres está muy malito, e incluso en riesgo de llegar a fallecer, sacad cuanto antes los dineros que puedan tener en el banco y ponedlos a nombre del otro cónyuge y de los hijos como intervinientes o, directamente, guardad ese dinero debajo de una baldosa, no sea que os pase como a mí y a otros muchos ciudadanos de buena fe que vemos cómo nuestros amiguitos los bancos nos hacen el corralito a base de pedirnos más y más documentos para poder operar con el dinero y todo ello con la finalidad oculta -creo yo- de mantener ellos el control de los fondos ajenos en sus entidades.

Para soltar la pasta se agarran a la legalidad como lapas. Para recogerla todo son facilidades. En concreto, cuando falleció mi madre, mi padre, mis sobrinos y yo mismo hemos tenido que pasar por el aro de la burocracia bancaria y, por no haber realizado la gestión que os decía al principio, vernos en la obligación de aportar la siguiente documentación:


- Certificados de defunción
- Certificado de últimas voluntades
- Último testamento otorgado
- Declaración tributaria ante Hacienda en la que aparezcan las cuentas abiertas en la entidad correspondiente
- Justificante de pago, exención o prescripción del impuesto de sociedades
- Justificante de nómina (Por la ley de blanqueo de capitales)

Además hemos tenido que desplazarnos a las sucursales de las entidades para firmar la correspondiente apertura de cuentas en el porcentaje que correspondía a cada uno según la herencia.

Supongo que en el momento que se aperturen las cuentas, tendremos que volver a batallar porque querrán cobrarnos a cada uno de nosotros la comisión de mantenimiento correspondiente aunque no haya movimiento alguno.

No contentos con marearnos de esa forma, nos quieren cobrar los honorarios de la gestoría que ha contratado el banco -sin nuestra autorización, por supuesto- para que realice el análisis del reparto de la herencia.

Así que ya estáis avisados. Proceded como os decía al principio y os evitaréis muchos trámites, pérdida de tiempo y papeleo innecesario. Yo, desde luego ya he aprendido bien la lección.

viernes, 25 de enero de 2013

Volví a Pradilla para San Sebastián

Se ha repetido el ritual. Este año de nuevo volví a Pradilla para disfrutar de la fiesta de San Sebastián. Y de nuevo llegué a emocionarme con el acompasado sonsonete de los músicos que acompañan la procesión y, especialmente, con la danza del paloteau que rezuma atavismo por todos los lados.


La visita fue corta pero intensa. Suficiente como para dar la bienvenida a la nueva luz con la que ya nos obsequia cada nuevo día. Intensa como para apreciar los sutiles matices de amigable complicidad entre los vecinos del pueblo. Afable en la disposición y acogida de los pradillenses.


El Ebro pasaba crecido, pero no detecté una gran inquietud entre los asistentes a la procesión. Para ellos, el domingo, 20 de enero era su día, el día de la fiesta de su santo: San Sebastián.


De nuevo pasaron por mi mente las celebraciones en Uncastillo. Las hogueras, las procesiones, el alboroto que se formaba esos días y al que nosotros, de chiquillos asistíamos alborozados.


Cuando entraban al santo por la puerta de la iglesia, una vecina se arrancó con un ¡Viva San Sebastián! que me recordó a "esñó" Pinta de mi pueblo. Se me puso carne de gallina y muchas imágenes de tiempos pasados desfilaron ágiles por mi mente.


Seguro que las personas necesitamos asideros, conectar con nuestras vivencias de la niñez, sentir que seguimos vivos y que empezamos otro nuevo ciclo vital y por ese motivo retornamos, volvemos a los orígenes, repasamos lo que fuimos, lo que vivimos...

domingo, 20 de enero de 2013

Yo no´ay sido

De niños, en el pueblo, cuando algún mayor empezaba a reprocharnos alguna travesura que real o imaginariamente habíamos llevado a cabo, la primera frase que, automáticamente, nos salía a muchos era: "yo no´ay sido" (yo no he sido). En esos momentos, esa expresión constituía una especie de talismán, un escudo protector que, provisionalmente, te protegía frente a acusaciones directas o más o menos veladas referidas a alguna supuesta chiquillada que hubiéramos cometido.

Nuestra mente infantil adelantaba la negación de los hechos como primer paso para descargar la culpa; como una toma a tierra en caso de derivación de la corriente, como una vía de escape por la que escabullirnos y evitar males mayores.

No había más argumentos ni se profundizaba más en el tema ya que, gracias a la expresión protectora pareciera que quedábamos liberados de toda culpa.

Bueno, pues parece que ahora la frase de nuevo se ha puesto de moda. Sólo tenemos que escuchar los telediarios y oir las declaraciones de nuestros políticos para constatar que, a la vista de los escandalosos desmanes cometidos por algunos y a pesar de las evidencias, en estos casos, tampoco "nadie ha sido".


Un día sí y otro también nos desayunamos con desmanes de "representantes del pueblo" que nos dejan estupefactos, con la boca abierta. Y con la misma celeridad que se suceden los acontecimientos, los imputados y los que les rodean se apresuran a negar la mayor y, cariacontecidos, afirmar con contundencia: "yo no´ay sido".


Y otro botón más de muestra lo constituye el caso Bárcenas. Echo mano de mi calculadora para traducir a pesetas las cantidades importantes con las que todavía no me manejo muy bien. Con una sencilla multiplicación los 22 millones de euros que, de momento, se han destapado se convierten en: ¡¡3.660,052 millones de pesetas!! Eso es muchísimo dinero. Una montonada de dinero. Fajos y fajos de billetes. Una exageración.

Y ese dinero era suyo. Su fortuna personal. La de un ex-alto dirigente del partido que ahora gobierna España. Y todavía queda por determinar de dónde procede tamaña cantidad....


Seamos sinceros: para el parado, para el desahuciado, para el trabajador que le alargan la edad de jubilación, para el funcionario que se queda sin paga extra y con su sueldo congelado, para los padres que tienen que ahorrar y abonar tasas universitarias altísimas, para todos los ciudadanos que les han incrementado el IBI, para cualquier persona con sentido común, esto es una bofetada en todo el carrillo. Otra más después de las que ya nos han atizado.


Yo no veo otra solución que afinar con el voto en las próximas elecciones. Creo que la gran mayoría estamos de acuerdo que la democracia debe continuar, pero hay que cambiar radicalmente de representantes políticos. Que entren otros nuevos. Los de ahora, a su casa. Unos y otros. Si se cumple mi pronóstico, los nuevos representantes, al menos no partirán con los vicios ya firmemente asentados de los actuales. Y en caso de tentarles la corrupción, necesitarán algún tiempo para llegar al nivel de Bárcenas, que ha dejado muy alto el listón...

Hoy viene en El País que siete de cada diez ciudadanos creen que el país está al borde de un estallido social por el paro y la pobreza. Algo increíble. Inaudito. Insospechado hace, siquiera unos años. Las crisis, cuando se superan, siempre han constituido una oportunidad de mejora. Aunque el desafío es muy grande, con nuestro voto podemos cambiar la situación. Tenemos tiempo para pensar en otras opciones. No desperdiciemos la oportunidad.

Hoy (25-11-13) viene en El País un corto de Iñaki Gabilondo sobre el mismo tema de este artículo.

domingo, 6 de enero de 2013

La voracidad de Barclays no tiene límite

Son todos los bancos y cajas de ahorro. Se han pasado varios pueblos y ahora los ciudadanos no es que recelemos, es que abominamos de ellos. Cada día que pasa, cada nueva portada de los diarios nacionales e internacionales, nos sorprende con una tropelía más de este abusivo sistema que se han montado los poderosos para desposeer a los que menos tienen.

Y cada cual cuenta su pena a su manera. Todos hemos sido "tocados" de una u otra forma por la mano abusadora de las entidades bancarias y, ahora, encima, asistimos perplejos al encumbramiento de altos cargos y dirigentes que, sin ningún pudor, y a sabiendas de lo que se les venía encima a los pobres ahorradores, emprendieron pomposas "fusiones", espectaculares "salidas en bolsa" o engañosas ventas de "acciones preferentes". Como premio a sus desvelos, a muchos de ellos los promueven a cargos de mayor responsabilidad para que continúen con su acreditada trayectoria de "buena gestión".

Ahora el problema es que no hay dinero. Se ha volatilizado. Aunque, digo yo, a algún sitio habrá ido a parar. Ya lo dijo Montoro bien claramente: ¡¡¡No hay dinero, señoríaaaasssssss!!!

¿Y qué nueva estrategia han urdido los directivos de las entidades bancarias en sus lustrosos despachos? Pues muy sencillo: reeeeecaudemos más dinero vía comisiones!!!!!

Así, se da el caso de mi padre que ya va para los 93 y que tenía una cuenta en Barclays en Ejea en la que no realizaba movimiento alguno. En su momento acordé con el director de la entidad que, como no realizaba ninguna operación en la cuenta corriente y, además tenía un pequeño fondo de inversión, pues que no se le cobraría ninguna comisión. Su palabra se mantuvo por unos cuantos meses, hasta que, de buenas a primeras, observo que le empiezan a cargar ¡¡¡14 € al trimestre!!! por el famoso concepto de "comisión de mantenimiento". Es decir, que si mi padre dispone, vamos a suponer, de 280 € en la cuenta a fecha de hoy, ¡¡¡¡ en 5 años sus ahorros se quedarían a cero!!!!

El hecho de que mi padre sea un jubilado que paga la residencia del pueblo con su pensión y que no dispone de otra fuente de ingresos, a Barclays le trae sin cuidado.

Pero.... ¿No habíamos quedado que las entidades de ahorro retribuían a sus clientes con algún interés, por pequeño que fuera? ¿Qué significa, pues, el concepto "comisión de mantenimiento"? Ah, sí, ahora caigo. Significa: te cobro una comisión a tí para yo continuar con el mantenimiento de mi ostentoso tren de vida.

Pues habéis de saber engolados directivos bancarios, sinuosos agentes de mala inversión, envarados pésimos gestores de nuestros ahorros que la ciudadanía no perdona, que nos queda grabada a fuego la marca indeleble de vuestras increíbles tropelías, el pésimo recuerdo de vuestros abusos, la más profunda desafección hacia vuestras entidades... Y que actuaremos en consecuencia.