viernes, 17 de noviembre de 2017

Don Emilio Silvela: mi alma gemela

Si ahora pudiera retornar a la niñez y volver a andar de nuevo el camino de la existencia, muchas serían las cosas que tendría bien presentes. Una de ellas, sin duda, sería elegir buenos mentores, buenas referencias humanas con las que iluminar el tránsito vital y compartir objetivos.

Analizo mi devenir y compruebo como poco a poco mis intereses se han ido concretando en el ámbito de la ciencia y más específicamente en todo lo concerniente al universo, la naturaleza de la materia, los orígenes y la evolución de la humanidad y la exploración espacial.

La aparición tardía de estas inclinaciones tiene mucho que ver con la evolución de la red global y el rápido acceso al conocimiento tan característico de los tiempos actuales. Gracias a Internet un maravilloso mundo de explicaciones y contenidos se nos ofrece diariamente a todos los que queramos disponer de él. Con un simple clic todo aparece al alcance de nuestros ojos.

Y en este proceso de búsqueda permanente es donde, un buen día, apareció D. Emilio. Periódicamente doy vuelta por su blog y, después de leer sus artículos siempre me quedo con una sensación de inspiración y asombro.

Inspiración porque él profundiza y se detiene en muchos ámbitos intelectuales de los cuales yo sólo poseo una somera noción. Y asombro. Asombro ante la sapiencia y la capacidad de trabajo del autor que todos los días plasma con gran detalle en su cuaderno de bitácora.

Todos los temas que toca son los que a mi me interesan. Aunque con la particularidad -como he comentado- de que él lo hace de forma exhaustiva y científica y con un enfoque pedagógico que facilita que la lectura de sus escritos no sea complicada para el aficionado. Cada artículo es, en sí mismo, una completa lección de cualquiera de los temas que aborda: universo, mente y cerebro, conciencia, Big bang, física cuántica, etc.

D. Emilio se describe en su currículum como físico teórico aficionado y apasionado por la astronomía. Y para mi gusto, la palabra aficionado es la que lo hace todavía -si cabe- más cercano y accesible.

Si algún día vuelvo por Andalucía, no descarto la posibilidad de visitarle. Me encantaría pasar una tarde por Huelva charlando animosamente con él sobre los temas que a ambos nos interesan. Los cafés -por supuesto- D. Emilio, los pagaría yo. Hago lo que haga falta por un alma gemela.

viernes, 10 de noviembre de 2017

La poda

Todos años por estas fechas me veo en la obligación de someter a los árboles de mi jardín a una enérgica poda con la finalidad de que el porte de la  vegetación no nos obstruya la luz a nosotros ni a los vecinos.

Reconozco que es una operación que no me entusiasma precisamente. Si por mi fuera dejaría que los vegetales desplegaran todo su ramaje y se extendieran a sus anchas.

No me gusta coartar el libre albedrío del ramaje de cada espécimen ni limitar la fortaleza demostrada de algunos ejemplares más robustos. Pienso, asimismo en la tropelía que supone cercenar de un certero cizallazo la vida que corre por todos y cada uno de los apéndices del árbol...

Reflexiono sobre la paradoja que supone plantar, atender y cuidar las distintas especies para luego propinarles esos tajos que trastocan de una manera importante su natural evolución. Me amonesto a mí mismo echándome en cara la falta de piedad con esos miles y miles de células vegetales echando por tierra lo que tanto le ha costado construir a la naturaleza. Me inquiero sobre la vida, en general y su sentido. Una vez más. Una pena, ya digo.

Sin embargo otra vocecilla me aconseja que no deje para más tarde la faena. Que no queda más remedio que poner freno y límite a las ansias siempre insatisfechas del famoso "creced y multiplicaos" ¿Acaso no se corta regularmente el césped de los parques? ¿No es más cierto que todos los años el ayuntamiento realiza su propia campaña de poda? ¿Por qué tendrías que ser tú menos? -me repite la vocecilla-

A la tarea hay que dedicarle su tiempo y velar para que se realice con corrección. Procurar no hacer demasiada escabechina pero actuar con decisión y sin desaliento.

Cuando después de dos o tres jornadas de trabajo termino la faena y recojo los restos de hojas y ramas que han quedado por el suelo, experimento una extraña sensación mezcla de alivio y de culpa. A nivel social he cumplido con mi obligación. Como compañero de viaje de la vida cercenada, me quedan mis dudas...

viernes, 3 de noviembre de 2017

Reflexiones en torno a un cambio de grifo

Hace poco cambié el grifo del fregadero de la cocina -ya tocaba- y a lo largo de la mañana que duró el proceso, mil y una ideas iban y venían por mi mente.

El grifo ya tenía sus añicos. Casi iba a hacer 20 años. Dándonos un estupendo servicio a lo largo de todo ese tiempo.

Pero el desgaste ya se iba notando... La apertura y el cierre del agua ya no iba tan fina como en sus años mozos, el cromado ya iba desapareciendo, la mezcla de agua caliente con la fría no era tan precisa...


El proceso de desmontaje duró asimismo lo suyo. Mi agilidad también se ha resentido con el paso del tiempo. Y las imposibles posturas que debí adoptar debajo del fregadero sirvieron de recordatorio de que también mi propio organismo -al igual que el grifo- también ha sufrido el inevitable desgaste que a todos nos afecta.

Según iba aflojando tuercas y desmontando los manguitos una capa de restos de detergentes y otros subproductos se hacía notar. En los puntos donde nunca había entrado el estropajo el acúmulo de suciedad todavía era más notorio.

Al tiempo que iba extrayendo el grifo viejo una vaga sensación de nostalgia y tristeza se iba apoderando de mi. No es inusual. Reconozco que tengo querencia por los objetos inanimados que hay a mi alrededor. Al fin y al cabo el chisme nos ha acompañado a la familia durante casi un cuarto de siglo. Deshacernos ahora de él suena un poco a despedida de toda una época...

La cal también se había compactado en la boca del grifo y los manguitos se empezaban a obstruir. Seguro que algo parecido ha pasado con mis arterias, pensé. Las juntas de goma ya habían perdido su elasticidad, los soportes de fijación estaban claramente oxidados... La tendencia a la entropía, a que las cosas se vayan estropeando con el paso del tiempo es un principio universal...

Al comienzo de la operación, mis planes eran de terminar la faena en unas dos horas más o menos. Recordaba que, cuando lo coloqué en su momento -hace 19 años- no me pareció una tarea demasiado complicada.

Sin embargo en esta ocasión la cosa de prolongó a lo largo de toda una mañana. Lejos de ser una operación sencilla, todo un rosario de complicaciones se iba añadiendo a la teórica simplicidad del desmontaje y sustitución. Eso me dio pie para reflexionar sobre la juventud y el carácter decidido de las acciones en esta etapa de la vida a diferencia del ritmo ya más lento de la madurez.

Estas y otras muchas elucubraciones afloraron con el cambio del grifo. También pensé por un momento que no está muy claro quién volverá a cambiarlo cuando el inexorable paso del tiempo deteriore la nueva unidad. Ni qué reflexiones acudirán a la cabeza del que lleve a cabo la operación.

viernes, 27 de octubre de 2017

El "procés" como espectáculo

Es indudable que Antonio García Ferreras ha inaugurado una nueva forma de hacer televisión, de informar a la población, de contar lo que ocurre en el mundo de la política. Prueba de ello es la cantidad de programas "clones" que inmediatamente han surgido en otras televisiones y el tiempo que dedican a ello.

Y también es una evidencia que las llamadas "redes sociales" se han constituido en un actor de primer orden en lo concerniente a trasladar la opinión de los ciudadanos a la red global.

La proliferación de programas de actualidad política y de tertulianos comentando todos los detalles de lo que va ocurriendo han generado una avalancha de noticias e informaciones que se retroalimentan entre sí para dar lugar a nuevas noticias y nuevos comentarios todo ello con la finalidad de mantener la atención del público durante el mayor tiempo posible.

Y lo cierto es que lo ha logrado. Han conseguido que los espectadores estemos dejando de un lado otras informaciones para incrementar nuestra expectación sobre lo que está pasando en Cataluña.

El estilo informativo de todos estos programas se ha ido transformando progresivamente hasta configurarse como un auténtico espectáculo. Con tertulianos que cada vez se parecen más a actores o cantantes famosos. Con noticias que siempre son "de última hora". Con transmisiones en directo que trasladan casi hasta cuando los dirigentes van al baño.

La mayoría de las informaciones van precedidas de la palabra "atención". Las conexiones ya son siempre múltiples. Todo vale con tal de que la fiesta no se detenga.

Los ciudadanos de a pie estamos tan inmersos en este circo mediático que ya casi se nos ha olvidado lo importante que es el debate entre nosotros, el contraste de pareceres o la organización de nuestras propias ideas al respecto. Mucho me temo que todavía tenemos Cataluña para unos cuantos meses. ¡¡¡La función debe continuar!!!

viernes, 20 de octubre de 2017

Semillas

Hasta que no tuve una cierta edad no tomé conciencia del proceso que seguía una semilla desde que se planta, comienza a salir la raíz, las primeras hojitas, el desarrollo más completo, etc.

Francamente, la cosa no me había preocupado mucho hasta entonces. La niñez y posterior juventud estaban tan plenas de cosas interesantes y tantas novedades, que el mundo de las semillas me había pasado por completo inadvertido.


Alguien me dio una plántula de cáctus y recuerdo que, al hacerme cargo de ella y cuidarla día tras día, pues llegó el momento en el que salió la simiente y eso me llamó mucho la atención y me intrigó.

Con posterioridad fui tomando conciencia del despliegue que realiza la naturaleza en todos sus ámbitos para asegurar la reproducción de las especies; su supervivencia.

Y es ahora en otoño cuando en el reino vegetal se vuelve a repetir el ciclo. Por estas fechas, los árboles sueltan sus semillas y tratan de dispersarlas al máximo en un esfuerzo ímprobo por lograr su multiplicación.


Quizás en la ciudad la cosa es más llamativa porque ese ciclo natural se da de bruces en muchas ocasiones con las baldosas o el hormigón del suelo. Imposible reproducirse en tales condiciones.

Y allí quedan las aceras, las plazas y las avenidas llenas de candidatos a nuevas plantas que nunca podrán conseguir su objetivo.

La abundancia de simiente no deja de sorprenderme y el esfuerzo que realizan las plantas también es digno de señalar. Todo está organizado para la máxima difusión de las especies.


Y luego tenemos el misterio de la reproducción. Cada semilla lleva en sí la potencialidad de convertirse en un nuevo espécimen. Todo está diseñado de tal manera que -si se dan las condiciones adecuadas- la maquinaria biológica se pone en marcha y el proceso para generar un nuevo individuo se desencadena de inmediato.

Tengo un amigo al que le encanta plantar semillas para ver cómo se desarrollan, cuidarlas y luego trasplantarlas en el monte. A mi me ocurre lo mismo. Según me voy haciendo mayor disfruto mucho más al contribuir al desarrollo de las plántulas y su posterior propagación.

Señores: me descubro ante la magnificencia de la naturaleza. Hasta ahora a pesar de los sonoros avances en todos los ámbitos de la ciencia, que yo sepa, el ser humano no ha sido capaz de fabricar un gérmen artificial que se parezca si quiera a cualquier humilde semilla que estos días podamos recoger por el suelo.

viernes, 13 de octubre de 2017

Intrahistoria personal

En la entrada del pasado viernes hablaba de lo que -hipotéticamente- pudieron ser las palabras pronunciadas por Dña Talesa desde las almenas del castillo de Uncastillo. Lo que aquella mujer pudo decir y más lo que pudo en su momento rubricar es lo que luego ha quedado registrado, lo que se tiene en cuenta a la hora de valorar la dimensión histórica del personaje. Digamos que es Lo Visible. Lo que no quedó velado para los demás.
Sin embargo nada ha podido registrarse de los pensamientos más íntimos, de las elucubraciones, los miedos, los deseos y los razonamientos más profundos del personaje que comento.

No sólo de ella, sino también de todos y cada uno de nosotros. Cada cual lleva consigo su intrahistoria personal. Sólo el interesado -o la interesada- la conoce. Le pertenece en su totalidad y forma parte del global de la persona.

En esa charla que continuamente estamos manteniendo con nosotros mismos aparecen con frecuencia nuestros deseos más ocultos, nuestras ilusiones, nuestros temores, nuestra conformidad o disconformidad con cómo suceden las cosas...

También pertenece a la intrahistoria de cada uno el mundo de los sueños, la gestión de su sexualidad, los deseos y anhelos llevados a buen término y los reprimidos, los amores que fueron y los que pudieron ser, las amistades y los desencuentros, el repaso de lo que ha sido la propia vida y de lo que hubiéramos querido que fuera. Los recuerdos más impactantes y las ensoñaciones más deseadas... 

La intrahistoria personal -si pudiera escribirse- no tomaría forma de libro sino de una sinfonía más o menos afinada dependiendo de cómo el sujeto haya procesado su devenir vital. 

viernes, 6 de octubre de 2017

¡Qué vería Doña Talesa?

Incluyo en esta entrada algunas fotos que he tomado recientemente desde las almenas del castillo de Uncastillo. Al tomarlas me acordé de Doña Talesa, la esposa de Gastón de Bearn.

Seguramente -me dije- en más de una ocasión se asomaría la tenente del castillo por estos salientes para contemplar el entorno. No digamos nada si el día estaba bueno. Muy probablemente lo haría alguna vez en el mes de septiembre, cuando la climatología acompaña ¿Que pensamientos discurrirían por su mente? Intentemos hacer historia ficción...

¡Ven, Giscarda! ¡Mira que bonita está la vega! Hoy el día luce espléndido. Qué te parece si nos subimos a la ermita a rezarle a la virgen de Sarrance -Nuestra Señora de la Piedra- a la que tu padre tenía tanta devoción...





















También podríamos pasarnos por los huertos del Riguel. Los aldeanos nos obsequiarán con granadas, membrillos y almendras. Llevaremos varios criados para que recojan los frutos. Le podríamos decir a tu hermano Céntulo que nos acompañe...


¡Qué laboriosos son los judíos! Han construido un puente cerca del cementerio en un plis plas ¿Los ves allá abajo, hija? Llama a tu hermana Néstula. Esta vista le encantará...


Allá a lo lejos se vislumbra el camino a Malpica de Arba ¿Recuerdas cuando estuvimos? !Tres horas de camino ni más ni menos! (La torre octogonal no estaba entonces construida)


Desde aquí puedes ver la iglesia de San Felices. Allí vamos a menudo a oír misa. Por el pasadizo subterráneo se llega en un momento...



¿Ves las iglesias de San Juan y Santa María? Recuerda que nuestro valedor el gran rey Alfonso I le concedió esta última a tu padre.




Allá abajo puedes ver la chimenea del viejo castillo enterrado ¿Qué llevaría a nuestros ancestros a tomar tal decisión? Sobretodo no te acerques al pozo!!!

REFLEXIÓN

Desgraciadamente las crónicas de la historia nada dicen sobre la gente del pueblo, los artesanos, agricultores y trabajadores que compartieron su devenir con Doña Talesa. Sólo de los prohombres y mujeres ha quedado recuerdo escrito.

Una pena que no seamos capaces de rememorar ni siquiera alguna frase que pudieran haber  intercambiado la gente de a pie -los villanos-con sus vecinos.

¡Qué no daría yo por poder viajar al pasado por unas horas y poder  contemplar lo que se cocía por allí un mes de septiembre de, por ejemplo, el año 1132!

viernes, 29 de septiembre de 2017

¡Bien hecho, Walter!

He terminado de leer el libro de Walter Álvarez "El viaje más improbable" y me he quedado con el regustillo de encontrar en sus líneas muchísimas ideas que comparto. Lo que pasa es que los "técnicos" plasman esas ideas con mucha más precisión y abundancia de datos que los humanos corrientes como yo.

La lectura del libro gira en torno a temas que ya llevan muchos años intrigándome como son la génesis del universo, los orígenes de nuestro planeta, la emergencia de la vida y la evolución humana. Todos ellos los toca el amigo Walter con gran acierto y precisión. Con una prosa profunda pero al mismo tiempo sencilla y fácil de entender.

Tampoco es que hablemos de un libro redondo al cien por cien. Walter es geólogo y, para mi gusto, se le va un poco la pinza cuando dedica un extenso capítulo al origen, formación y evolución de varios ríos norteamericanos. Pero se le puede perdonar. El resto del ensayo supera con buena nota la prueba.

Walter Álvarez es norteamericano y junto a su padre Luis Álvarez consiguió hallar en 1980 las primeras evidencias geológicas del impacto del meteorito que causó la extinción de más del 50% de la vida animal sobre la tierra hace nada más que 66 millones de años. Su bisabuelo Luis Fernández Álvarez tuvo que marchar de España cuando era un niño debido al fallecimiento de sus padres a edad temprana.

Este hecho le da pie al autor para hablar de algo que a mi también me ha intrigado siempre: la cadena de casualidades y de contingencias que ha dado lugar a que nosotros naciéramos. Y así, en el capítulo 10 del libro es cuando más he disfrutado. El título ya es de por si sugerente: ¿Qué probabilidad había de que ocurriera todo esto?

Como bien dice el autor "Podemos reconocer continuidades en nuestra vida, como la tendencia a hacernos mayores, desde la infancia hasta la edad adulta y la vejez, y ciclos como el día y la noche y las estaciones. Y sin embargo vivimos nuestra vida en un océano de contingencia: accidentes, los caprichos de la enfermedad o la salud, o un encuentro casual que lleva al conflicto o a la amistad, o al amor."

Esta y otras muchas reflexiones de semejante cariz me han impactado, la verdad. Hasta el punto de que ya me he conjurado para reeler de nuevo el libro cuando pase un tiempo -excepto el capítulo de los ríos-.

Así que mis felicitaciones al autor. Mi más sincero agradecimiento por hacernos llegar su obra y su certero pensamiento y por remover con tanto acierto ideas y sensaciones que, seguro, muchos hemos experimentado en más de una ocasión... ¡Bien hecho, Walter!

viernes, 22 de septiembre de 2017

Ya lo decía yo...

En mi entrada de fecha 28-7-17 comentaba la inquietud que me producían una serie de hechos que había observado durante el verano. Lo más sobresaliente para mí era la disminución de vencejos y la práctica desaparición de las hormigas de mi jardín, entre otros eventos preocupantes.

Y hete aquí que me encuentro con este artículo de El País en el que de forma detallada se hacen eco de esta misma preocupación sólo que aportando datos y concretando mucho más.

Allí comentan la enorme inquietud que existe en este campo de la ciencia por la "brutal desaparición del número de individuos de casi todas las especies de insectos". 

También se habla de otra circunstancia que -hasta ahora- me había pasado desapercibida cual es el "fenómeno parabrisas" es decir la constatación de que los conductores ya no nos vemos en la necesidad de limpiar la miríada de insectos que se estrellaban contra cualquier punto de la carrocería de nuestros vehículos.

La gravedad de esta situación no se le escapa a nadie. Las consecuencias para la fauna pueden ser demoledoras. Ya lo están siendo. Aves, anfibios y reptiles están en franca decadencia. Cualquiera lo puede constatar si sale a dar un paseo por el campo.

Lo malo es que no parece que haya una gran preocupación por la situación entre la gente de a pie. Todavía no se han encendido las señales de alarma. Vivimos tan inmersos en nuestro universo particular que no somos capaces de detectar las inquietantes llamadas de auxilio que nos está enviando la naturaleza.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Retazos de historia

Paseando por cualquier lugar siempre podremos reparar en determinados indicios, en indicadores más o menos explícitos que pueden dar cuenta de lo que ese sitio fue en tiempos pasados y de lo que allí pudo ocurrir con el trascurso de los años.

Depende de dónde ubiquemos la flecha del tiempo y del análisis de los acontecimientos que acaecieron en épocas remotas. De lo que digan los documentos escritos (si es que existen). Y de pistas indelebles que, en muchos casos, se resisten tozudamente a desaparecer.

Es el caso de las fotos que os presento en esta entrada. Siempre me había llamado la atención que en algunas piedras de la fachada de mi casa en el pueblo hubiera varias oquedades cuyo origen desconocía.


Pero después de leer el libro de Víctor Lucea "Dispuestos a intervenir en política. D. Antonio Plano Aznárez: Socialismo y republicanismo en Uncastillo 1900-1939" me queda meridianamente claro que dichos boquetes no son otra cosa que el recuerdo mudo de los disparos que se produjeron un 5 de octubre de 1934 en el contexto de la revuelta que se inició en el pueblo y que se materializó tanto en el cuartel de la Guardia Civil como en Casa Mola.


En otra entrada de este blog hablé sobre la relatividad de las observaciones históricas. Y de la tendencia a remontarnos a los siglos XII ó XIII como si ningún otro acontecimiento importante hubiera ocurrido en la villa en el resto de siglos que siguieron hasta llegar a los tiempos actuales.


Dispongo de varias escrituras de la casa del pueblo que datan de finales del siglo XIX. ¿Cómo se desarrollaba la vida en Uncastillo por aquellas fechas? ¿Quedan también testigos mudos de esa época? ¿Dónde se ubican?


Reconociendo el importantísimo valor histórico y arquitectónico de las iglesias y del castillo creo que sería justo reconocer también la necesidad de buscar huellas del pasado más reciente para realizar una descripción explicativa de lo que ha sido la historia moderna de nuestra localidad.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Depende de dónde pongas el foco


"En este mundo traidor
Nada es verdad ni mentira
Todo es según el color
Del cristal con que se mira"
(Ramón de Campoamor)

Andaba yo por la calle imbuido en mis pensamientos. Dándole vueltas al hecho de haber sufrido un ictus y la mala pata que había supuesto tal incidencia ¡Con lo  bien que me encontraba y las ganas que tengo de hacer cosas!

Centrado en mis ideas casi no reparaba en el resto de los viandantes. Caras anónimas que observas por unos segundos y que, enseguida, se desvanecen.

Algo, sin embargo, llamó de repente mi atención. Justo enfrente por donde yo paseaba, un señor empujaba trabajosamente su silla de ruedas. Bastante más joven que yo. En su cara creí adivinar una mezcla de resignación y sufrimiento. No es para menos, me dije. Tan joven y ya impedido. Eso si que es mala suerte.

Recordé entonces un fragmento de "La vida es sueño" que más o menos dice así:

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.

Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.


Por extensión empecé a pensar en las personas que padecen enfermedades incurables, los que están en el hospital agonizando, los que ya han fallecido... Es verdad, me dije, todo depende de dónde hagas el énfasis en tu observación. De dónde focalices...

Y encadenando un pensamiento con otro empecé a pensar en el mismo hecho de la vida. La certeza de que -como aprendimos en la escuela- "Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren" El misterio de la vida. Su sentido y significado.

Las plantas de mi jardín se afanan en seguir el mismo guión que aprendimos en la escuela. También la jauría de caracoles y babosas que todo lo invaden. Qué decir de los millones de bacterias (invisibles a nuestra vista) pero que también lo pueblan todo. La vida -y la muerte- bullen por doquier en nuestro planeta.

¿Y qué pensar de la frenética danza de millones y millones de electrones en torno al núcleo de sus átomos? ¿Y del insaciable agujero negro que devora y devora materia? ¿Del universo en toda su inabarcable magnitud?

Amigos: cuanto más profundizo en las fuentes del saber más atónito e intrigado me quedo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Averiguaciones en Sarrance


Nada viene mejor que el impulso de una idea, de una inspiración que, a modo de resorte cumpla las funciones de inducir a la acción.

Así que aprovechando los interrogantes abiertos en mi entrada anterior y también con la doble excusa de escapar del calor y vivir la emoción de visitar de nuevo el país vecino, los días 28, 29 y 30 de este mes de agosto los hemos dedicado -con mi señora- a visitar el Valle de Aspe y comprobar "in situ" la pervivencia de la tradición mariana en Sarrance.

Y desde luego que el viaje ha merecido la pena. Por un lado la exuberante vegetación omnipresente en la parte norte de los Pirineos y por otro la particularidad y belleza de los pueblecitos del valle, mezclado todo ello con la emoción de tenernos que comunicar en francés. Buena combinación para disfrutar de nuestra estancia.

A llegar a Sarrance una atmósfera de sosiego y recogimiento envuelve de inmediato al visitante. Con decisión nos trasladamos a la iglesia donde nada más franquear la puerta te das de bruces con más de 1.000 años de antigüedad. Ni un alma en el templo. La sonrisa de la Virgen de la Piedra te da su bienvenida. Te sientes acogido. No tienes nada que temer. Recorres con calma el sagrado recinto y agradeces el silencio que te acompaña durante la visita. Ni rastro, sin embargo, de indicios o de alguna pista que pueda relacionar a los pétreos moradores de la iglesia con nuestro pueblo.

A la salida decidimos probar suerte con el Monasterio que también es albergue de peregrinos. Nos facilita el trámite un cartelito que comunica: "nous vous accuellirons avec joie tous les jours" Así que tocamos el timbre y, efectivamente, un hermano sale a atendernos. Comenzamos la conversación en francés pero es imposible esconder -por el acento- nuestra condición de españoles. No hay problema. El hermano es de Tarragona. Podemos comunicarnos en nuestra lengua común.

Le explicamos lo que nos ha llevado hasta ese enclave y cuál ha sido el origen de nuestras indagaciones. Muy amablemente el hermano nos relata la historia del monasterio y todos sus avatares a raíz de las guerras de religión que asolaron aquel lugar. Sin embargo en su descripción no hay lugar para las supuestas peregrinaciones de franceses cojos, mancos o tullidos postrados ante la Virgen de San Cristóbal. Nunca ha oído hablar de tal cosa. A modo de despedida nos remite al hermano Pièrre Moulia de la orden Prémontré. Quizás él sepa algo sobre la cuestión.

Para relajarnos un poco y también disfrutar de la mañana tan estupenda decidimos dar un paseo. Al poco nos encontramos con el cementerio. Con curiosidad franqueamos la puerta y respetuosamente vamos repasando nombres y apellidos de difuntos que allí yacen. Tampoco logramos establecer ninguna conexión con Uncastillo.

Dejamos ya para la tarde del día siguiente la visita al ecomusée del pueblo. Quizás allí averigüemos algo. Habrá, al menos, que intentarlo.

Y efectivamente el día 30 retornamos al lugar. Dos amabilísimas guías nos atienden en el museo. Sólo estamos nosotros. Mayor disfrute.

La visita cumple sobradamente con el objetivo que nos hemos propuesto. El centro de interpretación da cuenta de la leyenda de la aparición de la virgen y de la antiquísima tradición de peregrinaciones hacia Sarrance así como su conexión con el Camino de Santiago. Un audiovisual muy bien articulado detalla los pormenores de ambas temáticas. Continuamos nuestro recorrido contemplando objetos y documentos guardados en vitrinas. Gracias a una audioguía en español podemos seguir mejor el hilo de las explicaciones.

Al término del recorrido nos detenemos a charlar con las guías. Tienen la deferencia de hablarnos en castellano. Les exponemos el motivo de nuestro interés por Sarrance. A lo largo de la conversación sale a relucir la temática de apariciones y desapariciones de la virgen.

Nos facilitan la información de que, en algún momento del siglo XIX y debido al proceso secularizador en iglesias y monasterios franceses parece ser que la virgen de Sarrance fue trasladada a España. Ellas habían oído que el traslado fue a Las Bardenas en Navarra ¿quizás a alguna población de las cinco villas?

También nos indican la existencia de un libro que, al parecer, explica los pormenores de este traslado. Nos pasarán referencia del título y autor del opúsculo.

¡Qué bien! ya tenemos hilo del que tirar.

viernes, 25 de agosto de 2017

Sarrance

En su "Novena en honor de Ntra Sra de San Cristóbal", D. Emilio Bayarte, a la sazón cura párroco de Uncastillo en 1945, da cuenta de una tradición según la cual la virgen apareció en la ermita de nuestro pueblo al mismo tiempo que desaparecía de la iglesia de Sarrance (Francia).

Es una pena que no aporte más razones de esa misteriosa preferencia de la virgen por Uncastillo ni de las posibles causas que originarían el repentino desapego hacia Sarrance.

En todo caso parece -según indica el documento citado- que ya desde la antigüedad se realizaban visitas colectivas y grandes peregrinaciones de los fieles de la villa francesa hacia el santuario a pesar de las grandes distancias y de las dificultades que tenían que salvar para atravesar los Pirineos.

Esta breve reseña ha suscitado mi curiosidad. En primer lugar buscando el pueblo francés en Google Maps y, posteriormente recabando datos sobre la iglesia y su patrona: Nuestra señora de la Piedra.

Para mi sorpresa aquí cada uno echa la suya. Unos dicen que la virgen la encontró un perro pastor belga en el siglo XII, que la trasladaron a Olorón y que luego, milagrosamente retornó a su lugar de origen. Otros que fue encontrada por un pastor y un pescador a orillas del río Aspe. Los hay que afirman que fue un toro -que desaparecía y engordaba regularmente- el autor del descubrimiento... En fin, que hay múltiples versiones de la aparición en Sarrance pero, curiosamente en ningún lugar se cita la desaparición en Francia y posterior aparición en Uncastillo.

Este hecho me produce una cierta disonancia cognitiva. Me gustaría averiguar qué versión se aproxima más a la realidad y -sobretodo- confirmar o refutar el hecho de las peregrinaciones francesas hacia nuestro pueblo

Así es que habrá que tomar cartas en el asunto. En primer lugar solicitando la opinión de dos amigos que los tengo por muy entendidos en estas temáticas: Javier Cay y Serafín Benedí y, en su momento, girando una visita a la comuna francesa de Sarrance en la región de Aquitania a ver si allí queda algún testimonio de las peregrinaciones.

Y puestos a buscar, también me intriga la relación que pudo tener en su momento "Casa Samatán" con la población del mismo nombre también en Francia. Faena, desde luego, no falta.

viernes, 18 de agosto de 2017

Cuestión de empatía

En los tiempos que corren, cada vez más, las empresas, comercios y negocios en general, buscan -como es natural- conseguir el máximo número de clientes y así engrosar su cuenta de resultados.

Sin embargo yo sigo constatando que, en realidad, muchos de ellos no hacen sus deberes correctamente ni mucho menos. Se olvidan de algo tan elemental como es la atención sincera y la predisposición a la ayuda que merecen los consumidores.

Ahí tenemos el caso de las telefónicas. Un montón de llamadas para solventar una nimiedad. No se ponen en la piel del cliente. Te remiten a interminables rodeos con contestadores automatizados. En el momento que se tuerce algo, a empezar de nuevo. La atención al caso particular no existe. Todo son soluciones estándar.

Lo mismo es aplicable a los seguros. Aquí también hay que pasar por un enrevesado trámite hasta que encuentras la solución que te satisface. Con los bancos ocurre lo mismo. Con la eléctricas...

Pero sigamos con los ejemplos:

- El camarero que, de forma un tanto altiva, te dice que Coca cola no, que tiene que ser Pepsicola.
- El dentista que parece abroncarte porque se te ha caído un empaste cuando el autor del desaguisado ha sido él precisamente.
- El médico que no escucha al paciente
- La cajera del supermercado que, en lugar de atender a tus quejas con algún producto en mal estado, se limita a decirte: ... vaya a tal sitio y coja otro a ver si hay suerte.

Podríamos añadir otras muchas situaciones de la vida cotidiana. Es un verdadero misterio cómo algunos negocios con estas prácticas, todavía siguen en pie.

En teoría todo debería ser más fácil. Basta con pensar en las necesidades de los usuarios y responder de forma honesta y eficiente a las mismas. Con un poco más de empatía todo funcionaría mucho mejor.

viernes, 11 de agosto de 2017

Los planes de Elon

Ya he comentado en otras entradas la fascinación que, desde niño, he sentido por los cohetes. Ese interés inicial se ha ido enriqueciendo al tiempo que iba teniendo acceso a información sobre la exploración espacial y la comprensión del universo.

El advenimiento de Internet ha sido, desde luego, el empujón final para asentar una afición que me acompaña desde hace años y con la que pienso disfrutar muchos años más. Disponer de información de primera mano de las fuentes originales es un auténtico lujazo y no pasa un día sin que alguna novedad me llame de nuevo -poderosamente- la atención.

Ahora ya es posible acceder al calendario de lanzamientos y disfrutar de la transmisión en directo del evento. También me he convertido en un asiduo seguidor de las misiones a Marte, Saturno y, en general, a todo el sistema solar y más allá. Como os podéis imaginar el campo a abordar es amplísimo.

Sin embargo, lo último que he leído sobre los planes de colonización de Marte me ha llamado todavía más la atención. Por lo detallado de los informes y por la cercanía de las fechas si todo va tal como se está planeando.

Y el impulsor de estas iniciativas es el amigo Elon Musk, multimillonario americano propietario de -entre otras empresas- Tesla y Space X que ya ha conseguido la meta de reutilizar la primera etapa de los lanzadores y que para el 2018 quiere enviar dos turistas espaciales a la Luna.

He leído varias veces su informe "Making humans a Multi-Planetary Species" y me he quedado muy sorprendido al ver el nivel de detalle de sus planes. Si todo va según lo previsto para el 2021 es posible que los primeros humanos arriben al planeta rojo. Alucinante.

Asociado al tema de la exploración de nuestro vecindario más cercano está también el tema de la astrobiología. La indagación sobre la posibilidad de que exista vida en otros cuerpos celestes se encuentra ahora en un momento álgido. Aquí también hay un filón interesantísimo a explotar.

Los de mi generación vamos cumpliendo años y nunca podría haber pensado que la contemplación ensimismada del lanzamiento de fuegos artificiales en la plaza del pueblo derivara en una afición que me proporcionara momentos tan excitantes.

viernes, 4 de agosto de 2017

Joseph me fizo


Recientemente se han celebrado en Uncastillo las XIV Jornadas sobre La Herencia Judía a las que tuve la oportunidad de asistir. La conferencia de Miguel Ángel Motis, la visita a la sinagoga y la visita nocturna a la judería fueron los actos más destacados de estas jornadas que contaron con una excelente organización y una inmejorable puesta en escena.

Y al hilo de este evento es inevitable dejar volar la imaginación y trasladarse mentalmente allá, al siglo XV. Pensar en cómo se desarrollaría la vida en nuestro pueblo; cómo sería el día a día en la localidad...

Los testimonios que han quedado de la presencia judía todavía dan fe de su existencia. El barrio nuevo, el puente y el cementerio, lo que resta de lo que en su día fue la sinagoga... Todos ellos son testigos mudos de un universo ya desaparecido...

De la misma forma, el pueblo en su totalidad también nos está hablando de otros tiempos, de otras épocas que -igualmente- han quedado impregnadas en múltiples pistas más o menos ocultas.

Todo depende del registro temporal que queramos aplicar. Podemos remontarnos al paleolítico o tomar el siglo XVIII por poner un ejemplo.

Precisamente de este siglo tenemos una referencia bien explícita. Esculpida en piedra que es la que mejor conserva la memoria. Y remite a un tal Joseph Claveras que fue el que construyó la casa en el año 1735. Ahí queda eso.

El caso es que, indagando en distintas fuentes y observando atentamente los restos de la historia pasada, se podría ir hilvanando lo que sería, por ejemplo, Uncastillo en los siglos XVI al XX. Quizás ahora fuera el momento de realizar un catálogo de los vestigios existentes en la actualidad de cada una de estas épocas. Una especie de inventario que sirviera de base para la redacción de una -más completa- Historia de Uncastillo.

El uso de las redes sociales podría contribuir enormemente al desempeño de esta tarea. Sólo es cuestión de ponerse a ello.

viernes, 28 de julio de 2017

Algo está pasando

No me fijaré sólo en el abrasador mes de junio que hemos sufrido. Ni en las ya repetidas olas de calor con las que nos está "obsequiando" el verano.


Tampoco me remitiré a los telediarios por mucho que me hayan llamado la atención varias noticias relacionadas con la climatología. Lo saben bien en Rubielos de Mora donde presenciaron atónitos un auténtico bombardeo de granizo del tamaño de pelotas de tenis.

No. Repararé en lo sutil, en lo cercano, en lo que no se dice en los medios de comunicación pasando, por tanto, inadvertido.

Y pasaré a relatar lo intrigante. Inquietante también. Sospechoso diría yo.


Como por ejemplo que este año no se ven baucinos por el castillo ni por las iglesias del pueblo. Una vuelta por los alrededores a las cinco de la tarde y el silencio te sobrecoge. Nada que ver con la algarabía de hace unos años.

El pozo de la Pesquera desaparecido. También el del Peñazo, de la Tejería y otros muchos que ahora están cubiertos de un espeso carrizal. Un débil hilillo de agua discurre por lo que antaño era el vigoroso cauce del río Riguel. En algunos tramos ni siquiera eso. Ni rastro de vida acuática. Tampoco se oyen los abejeros. Aquí el silencio también lo cubre todo.


La uva de la parra de mi jardín abrasada. Nunca había visto nada igual. Las hormigas han desistido en su intento de asaltar, como otros años, los -antaño- jugosos granos de uva. También están desapareciendo.

Tres botones de muestra, amigos, que nos están intentando comunicar algo. Que no son noticia pero que a mi entender nos trasladan un mensaje muy nítido: nos estamos cargando el planeta.  

viernes, 21 de julio de 2017

Polica


Le prometí que escribiría una entrada en este blog dedicada a su libro y no puedo faltar a mi palabra. Lo hago además con mucho agrado porque, desde siempre, Francisco Alcubierre me ha parecido una persona generosa tanto en el trato como en su sistema de valores construido a base de trabajo, respeto, esfuerzo y tesón.


Ya disponía de una primera edición de su librito que, en su momento, leí con sumo interés. Me pareció entonces una estupenda recopilación de experiencias y recuerdos del autor aderezada con un minucioso registro de profesiones, topónimos, refranes, corrales, apodos y otros datos de interés referidos a Uncastillo.

Por fortuna, recientemente el mismo autor pasó por mi casa para regalarme un segundo ejemplar del libro. En esta segunda edición "revisada y ampliada" todavía se aportan más datos y se ha mejorado la calidad de las fotografías. Si no hubiera sido por "Polica" esta valiosísima información hubiera caído en el olvido. 

Pero lo que considero más enternecedor es el capítulo dedicado a su vida en el que de una forma sencilla pero muy acertada realiza un repaso de lo que ha sido su devenir vital y rememora a sus abuelos, sus padres y su familia en general.

Cuando sólo contaba con 10 años ya estaba trabajando de pastor, oficio que desempeñó hasta los 28 y que, según mi parecer, marcó de forma indeleble su personalidad. Con posterioridad se tuvo que desplazar a Zaragoza donde realizó trabajos muy variados. Sin embargo, como a todos los hijos del pueblo, la época que más le influyó y de la que más información aporta es su infancia y juventud en el pueblo. 

Con un lenguaje sencillo e intimista, el autor desgrana sus recuerdos y vivencias y , cual notario, registra los datos más valiosos de los que guarda memoria. Debo confesar que en varios puntos de sus escritos he llegado a emocionarme, máxime al ver reflejados en el libro los nombres de mi abuelo José Caudevilla (carpintero) y de mi madre Encarna (comercio) así como el corral del Caracol en Gabardilla.

Desde estas líneas te felicito sinceramente, Francisco. Tu libro constituye una meritoria aportación y un documento etnográfico de primer orden. Y su contenido refleja de forma fehaciente que siempre has sido una excelente persona ¡Enhorabuena!

viernes, 14 de julio de 2017

Las cabañas


Si algo nos encantaba de niños, en el pueblo, era hacernos cabañas. Tener la propia cabaña era como disponer del certificado de independencia que acreditaba que podías vivir a tu antojo y por ende contar con un lugar común de referencia para toda la pandilla.

La cabaña venía a ser como el refugio en el que organizar un nuevo estilo de vida con tus amigos. Una oportunidad para disfrutar de un estilo de vida libre e independiente en compañía de tus colegas de toda la vida.


En nuestra imaginación infantil la cabaña era algo así como un palacio aunque, en realidad no pasara de ser un muro construido con piedras recogidas por los alrededores. Cualquier cueva servía con tal de que hubiera suficiente hueco para sus moradores. Y el colmo era que, además de la tosca entrada, la cabaña dispusiera de "horno".

A veces otras pandillas "nos atacaban" y derribaban la cabaña, lo cual suponía una gran decepción para todo el grupo. Estas peleillas venían a ser como un remedo de las disputas territoriales que desde siempre han mantenido los grupos humanos.


Hace poco visité el emplazamiento donde, con los amigos, construimos nuestra cabaña.


 Las zarzas lo han invadido todo y una pertinaz vegetación se ha adueñado del lugar aunque las vistas siguen siendo magníficas Sin embargo a pesar de los cambios y de los años transcurridos, de repente, miles de emociones, imágenes e historias pasaron por mi mente. Por un instante que no se cuanto duró, de nuevo me vi trasportado a aquellos tiempos felices.

Lo que ahora, con ojos de adulto pueda parecer un lugar inhóspito, en mis años de niñez era la mismísima representación del paraíso.

Esta entrada se la dedico a Javier Cay, José Luis Navarro, Jesús Caudevilla y a mi primo Pablo Rived. Junto a todos ellos pasé momentos inolvidables en "Las cabañas"

viernes, 7 de julio de 2017

Los feriantes

Han vuelto. Al igual que llevan haciéndolo durante años, también éste los feriantes han vuelto a instalar sus atracciones en el barrio.

Y por unos días la calle Miguel Asso se llena de bullicio y algarabía. La gente menuda, sobretodo, disfruta de lo lindo pero también los adolescentes aprovechan la ocasión para juntarse, alternar y dedicarse al atávico juego del cortejo.

Cada atracción es, en sí misma un mundo. Tenemos por un lado a Los Vengadores (The Avengers), una especie de plato gigante inclinado en el que los usuarios ponen a prueba su capacidad de aguante a los frenéticos giros del aparatejo.

Luego están las camas elásticas que hacen las delicias de los más pequeños ya que les sirve para poner a prueba sus habilidades motrices y de equilibrio. Está también la inefable tómbola, que  aprovecha la proverbial ingenuidad humana para dejar de lado lo que la teoría de probabilidades hace tiempo que ha confirmado.

Tenemos asimismo la atracción de los toros. Constituye una especie de ritual de inicio para los jovenzanos que quieren demostrar su capacidad de aguante a los embites de la máquina. El trenecito de la bruja, el carrusel, las casetas del tiro...

El ser humano presenta, a mi entender dos necesidades. Por una parte la repetición del ciclo anual en la forma que fuere. Por otra la necesidad de ponerse a prueba, de llevar al límite sus capacidades de fuerza, coordinación y equilibrio.

Cuando veo los preparativos de la instalación y el ajetreo de los feriantes no puedo menos que recordar tiempos pasados. Y me acuerdo de "las barcas". Unos columpios con forma de nave que se instalaban en el pueblo unos días antes de que comenzaran las fiestas. Todo un acontecimiento para los mozalbetes.

viernes, 30 de junio de 2017

Un arácnido en mi jardín


Ahí la tenéis. Quieta, como petrificada. Atenta -supongo yo- al más mínimo tirón de alguno de los innumerables hilillos de seda de su elaborada tela de araña.

No sé como apareció en el jardín ni tampoco por qué se vio impelida a construir su trampa entre las hojas del limonero pero lo que me causa asombro es su -si podemos llamarle así- paciencia y su tenacidad.

Pasan las horas y discurren los días. Y todavía no he visto a la araña de mi jardín en acción. Supongo que de algo se alimentará. Quizás de insectos invisibles a mis ojos. No lo sé con certeza.

El caso es que son varias cosas las que me intrigan aparte de la quietud de la protagonista: el nombre del espécimen, el color de su pelaje, su extraño porte, sus hábitos alimenticios, su ciclo vital...

No sé si existirán o no universos paralelos ocultos a nuestras capacidades perceptivas pero lo que sí puedo afirmar es la existencia, a nuestro alrededor de miles de formas de vida cuyo devenir vital pasa habitualmente inadvertido. 

Observando la huésped de mi jardín comprendo el infatigable esfuerzo que, desde hace siglos, dedica el ser humano al entendimiento del medio natural

viernes, 23 de junio de 2017

El dentista y la conciencia

Esta mañana he estado en el dentista. La visita se ha alargado más de lo previsto porque ya se sabe que en cuanto empiezan a hurgar en la boca... salen más cosas de las que uno hubiera esperado.

El caso es que el rol de paciente del dentista da para mucho. Y las horas muertas que tienes que pasarte con la boca abierta y sin poder hablar, se prestan al ir y venir de los pensamientos (no voy a decir a la reflexión).

La mente comienza por una observación simple (¡vaya ruido que hace el aspirador de saliva!), por ejemplo y, a continuación se van encadenando sucesivos pensamientos que te conducen hasta vaya usted a saber qué recuerdo de tal o cual situación.

Hoy he realizado varios procesos metacognitivos analizando el curso y el contenido de mis pensamientos. La mayoría de ellos conectados con recuerdos de la infancia o de la adolescencia. Ni rastro de cogniciones sobre el trabajo o sobre mi etapa adulta.

En qué momento se dispara la neurona que da origen a estos recorridos mentales y el por qué de esta activación es un auténtico misterio. Por qué elegimos un curso de pensamiento en lugar de otros muchos que también podrían establecerse también se ignora. Podríamos decir que la conciencia de cada uno es, en su totalidad, un auténtico enigma.

Una última reflexión: 
Ernest Becker, comentando al filósofo danés Kierkegaard, caracterizó la conciencia en cierta ocasión de la siguiente manera:

¿Qué significa ser un animal autoconsciente? La idea es ridícula, si no monstruosa. Significa saber que a uno se lo comerán los gusanos. He ahí el horror; haber surgido de la nada, tener nombre, consciencia de uno mismo, profundos sentimientos interiores y un intenso anhelo de vida y autoexpresión... y con todo y con eso, tener que morir. 

viernes, 16 de junio de 2017

Calor

Estos días las temperaturas están alcanzando cifras de récord. Los telediarios se llenan la boca contándonos las desventuras de los ciudadanos y todos estamos muy pendientes del hombre (o mujer) del tiempo.

Yo recuerdo mis años mozos cuando iba al campo con mi padre. Seguro que también hacía calor en verano, pero la cosa se vivía de otra manera, con más naturalidad y también con más encaje. Con el sombrero de paja y el botijo se resolvían las situaciones. Y de vez en cuando, durante la siega, una jota para espantar al astro rey.

Ahora da la sensación de que tengamos que vivir a temperatura constante. Los aires acondicionados no dan tregua. Tanto en los domicilios como en los coches. No soportamos ya temperaturas por encima de los 24 grados...

Lo mismo ocurre con las vacaciones. De niño, en el pueblo, recuerdo que ni siquiera existía ese concepto. En verano era cuando más se trabajaba y era impensable dejarlo todo y desplazarse a otro lugar solo a holgazanear. Existía, eso sí, la expresión "los veraneantes" referida a los hijos e hijas del pueblo que se habían ido a la ciudad y volvían a su pueblo en el mes de permiso en el trabajo...

De manera que, me da la impresión que nos hemos ido poco a poco haciendo más enclenques, menos adaptables a los cambios y a los desafíos de la vida. Es verdad que cuando conoces lo bueno, es muy complicado volver a lo anterior. Esto sería de aplicación para la calefacción y el agua caliente, el teléfono móvil, el frigorífico, la televisión, el ordenador y cientos y cientos de cachivaches que han ido colonizando nuestros hogares ¿qué ocurriría si un día no pudiéramos contar con ellos?

No digo que sea mejor prescindir de los adelantos. Más bien pienso que los hemos de utilizar con mesura.

viernes, 9 de junio de 2017

Pudo haber sido de otra manera

Pasados los 60 es inevitable, de vez en cuando, hacer repaso de lo que ha sido la trayectoria personal de uno, el camino recorrido y las decisiones tomadas.

Es curioso, pero -al menos en mi caso- el énfasis se pone no tanto en el recuerdo de lo que ha sido la vida propia sino en lo que podía haber sido en caso de haber tomado otras elecciones.

La vida es, por así decirlo, unidireccional. Sabes al punto al que has llegado pero resulta imposible saber qué hubiera ocurrido si hubieras optado por otros caminos diferentes. Cuando se toma un trayecto, los otros quedan automáticamente descartados.

¿Qué hubiera ocurrido si hubiera estudiado en otro centro educativo? ¿Y si me hubiera decantado por otra opción profesional?

¿Qué hubiera pasado si en lugar de casarme hubiera decidido permanecer soltero? ¿Y si hubiera elegido otra pareja? ¿Cómo sería ahora mi vida?

Aunque puestos a pensar, podemos ir más hacia atrás (lo cual resulta ya más complicado) y preguntarnos: ¿Cómo sería yo si hubiera nacido en otra familia? Y la pregunta definitiva: ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera existido?

Imposible saberlo, amigos. Sólo nos está permitido un recorrido, un viaje. Quizás si -como algunos proponen- el universo es infinito en otros planetas de lejanísimas galaxias se hayan materializado en mis otros yo todas las elecciones que no he podido hacer.

El infinito da mucho juego.

viernes, 2 de junio de 2017

Más vueltas en torno a la vida

Hace poco, mi mujer recogió en la calle una cría de gorrión. Todavía no le habían salido todas las plumas. Al verla tan desvalida, la arropó y decidió llevarla a casa para alimentarla y tratar de sacarla adelante.

También hace unos días me encontré una pequeña araña por la casa. La verdad, me dio pena acabar con ella y decidí trasportarla hasta la calle. La dejé en un lugar resguardado del viento.

No hace mucho que decidí acabar con una plaga de hormigas que lo estaban invadiendo todo en el jardín. Aunque no me gusta utilizar productos químicos, esta vez recurrí a las piretrinas y solucioné el problema. Ignoro la cantidad de individuos que fallecieron.

Ayer mismo me quedé absorto durante un buen rato contemplando unas pescadillas que había comprado en el supermercado ¡Pobrecicas! -me dije- no han tenido tiempo para hacerse adultas.

Todos días colocamos en la olla o en la sartén algún ser vivo que nos  sirve de alimento. Vegetal o animal. Nos comemos algo que, anteriormente, había estado dotado de impulso vital. Alteramos -por así decirlo- el trayecto previsto para estos seres: crecer, reproducirse y morir.

Nosotros mismos estamos constituidos por la suma de muchas bacterias que, con el tiempo, se especializaron en distintas tareas,  unificaron su trabajo y acabaron constituyendo la entidad "ser humano". Tuvieron que perecer muchas de ellas hasta que el "trabajo" estuvo terminado.

No me digáis que no hay algo desconcertante, algo intrigante en la facilidad con la que la vida se crea y se destruye en nuestro planeta. Y también me llama la atención las elecciones que realizamos los humanos cuando queremos preservarla. El gorrión sí, pero las hormigas no. Tengo perros o gatos en casa pero me como tranquilamente los filetes de pechuga de pollo. Animales que se sacrifican en mataderos industriales...

Al final siempre la misma pregunta: el sentido de todo esto. ¿Para qué la vida? ¿para qué han existido los miles de millones de seres vivos que nos han precedido? ¿qué sentido tiene nuestra propia existencia?