viernes, 18 de agosto de 2017

Cuestión de empatía

En los tiempos que corren, cada vez más, las empresas, comercios y negocios en general, buscan -como es natural- conseguir el máximo número de clientes y así engrosar su cuenta de resultados.

Sin embargo yo sigo constatando que, en realidad, muchos de ellos no hacen sus deberes correctamente ni mucho menos. Se olvidan de algo tan elemental como es la atención sincera y la predisposición a la ayuda que merecen los consumidores.

Ahí tenemos el caso de las telefónicas. Un montón de llamadas para solventar una nimiedad. No se ponen en la piel del cliente. Te remiten a interminables rodeos con contestadores automatizados. En el momento que se tuerce algo, a empezar de nuevo. La atención al caso particular no existe. Todo son soluciones estándar.

Lo mismo es aplicable a los seguros. Aquí también hay que pasar por un enrevesado trámite hasta que encuentras la solución que te satisface. Con los bancos ocurre lo mismo. Con la eléctricas...

Pero sigamos con los ejemplos:

- El camarero que, de forma un tanto altiva, te dice que Coca cola no, que tiene que ser Pepsicola.
- El dentista que parece abroncarte porque se te ha caído un empaste cuando el autor del desaguisado ha sido él precisamente.
- El médico que no escucha al paciente
- La cajera del supermercado que, en lugar de atender a tus quejas con algún producto en mal estado, se limita a decirte: ... vaya a tal sitio y coja otro a ver si hay suerte.

Podríamos añadir otras muchas situaciones de la vida cotidiana. Es un verdadero misterio cómo algunos negocios con estas prácticas, todavía siguen en pie.

En teoría todo debería ser más fácil. Basta con pensar en las necesidades de los usuarios y responder de forma honesta y eficiente a las mismas. Con un poco más de empatía todo funcionaría mucho mejor.

1 comentario:

  1. Ese es el fundamento en un negocio, la necesidad de que el cliente se vaya satisfecho. Si se rompe esto es que algo falla. Conozco empresas que castigan, con razón, la queja de un cliente, otras sin embargo son permisivas o son poco profesionales.La productividad subiría enteros si cada uno cumpliera con su obligación.Deber y vocación hace falta. Mientras tanto cabreos continuos,...En esta sociedad vivimos.Saludos José Luis.

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