domingo, 26 de febrero de 2012

Vistabella y Aladrén... Están juntos pero no se ven

Sin dudarlo un momento, el sábado decidí apuntarme al recorrido que, organizado por la Comarca del Campo de Cariñena, iba a tener lugar hoy, domingo día 26 de febrero.

La referencia venía muy bien explicada en la web de la comarca y el recorrido circular de 14,8 km prometía una jornada amena e interesante. A pesar de trasnochar la noche del sábado, el afán aventurero ha hecho que me haya levantado a la hora estipulada (las 7:00 de la mañana) y que haya salido raudo y veloz con el coche sobre las 7:15 desde mi casa.

La autovía mudéjar te lleva con toda delicadeza hasta Paniza y allí tomas el desvío hacia Aladrén. Total, que a las 8:10 ya estaba rondando por las estrechas callejas del pueblo buscando sitio donde aparcar.

Enseguida se ha hecho visible la presencia humana y, acompañado de un lugareño, nos hemos dirigido al bar del teleclub donde he roto mi promesa de no tomar café y me he "empujado" un cortado con un croissant. Poco a poco la presencia de los senderistas se iba tornando más visible hasta el punto de que a las 9:00 de la mañana, una multitud se encontraba departiendo amigablemente y preparándose para iniciar la caminata. Se hablaba de que unas 180 personas hemos asistido a la salida. Realmente el espectáculo del inicio de la marcha (a las 9:11) ha sido de notar.

Como me gusta ir en cabeza, he espabilado para aligerar el paso y colocarme al principio de la marcha. Poco a poco el pelotón se ha ido estirando y el bullicio se ha ido diluyendo para dar paso a la charla sosegada en grupos más reducidos.

Como no conocía a nadie, he desplegado distintas y variadas estrategias demostrando mi disposición para entrar en conversación. Tampoco me han importado los momentos de marcha en solitario y en silencio. Dispongo habitualmente de suficiente material en mi cabeza para no aburrirme durante días. Lo que está claro es que cuando salgo por ahí me llevo dos mochilas: la mochila física con los alimentos para el viaje que poco a poco se va vaciando y la mochila espiritual que, también poco a poco, la voy llenando de experiencias, de emociones y nuevas ideas. 

Así, entre unas cosas y otras hemos llegado hasta el río Huerva. Por esos lugares sus aguas bajan límpidas como cristal refulgente y hasta se pueden apreciar miriadas de barbos y madrillas deslizándose ágilmente por la transparente corriente. Como había que pasar a la otra orilla, muchos nos hemos descalzado y sentido la fresca caricia mañanera del río.

La marcha se ha topado con una batida de caza. Ha sido necesario negociar brevemente un "alto el fuego" para que los participantes pudiéramos continuar nuestro recorrido con total seguridad. Los cazadores, apostados en sus puntos de observación disponen todos ellos de transmisores de radio y, enseguida se ha dado la orden de no disparar para evitar incidentes.

Aún así, en un monte un poco más alejado hemos podido apreciar con total nitidez la precipitada huída de un rebeco y hasta tres detonaciones que, afortunadamente, no han dado en el blanco. La mayoría de la gente se ponía del lado del bóbido, lo cual me ha hecho pensar en las enormes diferencias de interpretación de un mismo hecho si se contempla desde el punto de vista del cazador, de los senderistas o del propio animal.

Inmediatamente después de esta incidencia hemos parado a almorzar. Con gran camaradería y en buena compañía hemos recuperado fuerzas, cada uno con su particular menú: bocadillos variados, longaniza, cacahuetes, tortilla, etc. Las botas de vino han realizado con agilidad su particular periplo. Yo no lo he probado porque solo he almorzado fruta.

Reiniciada de nuevo la marcha, todavía ha sido preciso cruzar por segunda vez la Huerva, esta vez aprovechando un tronco atravesado en el cauce. De nuevo el proceso de cambiar de orilla ha ralentizado la marcha y fragmentado el grupo.

Posteriormente el sendero ha devenido en amplio camino y los senderistas hemos aligerado el ritmo. Los desniveles han quedado atrás y dejado el paso a una horizontalidad que todos hemos agradecido.

A lo largo de este trayecto el monte ofrece gratuitamente al visitante una constelación de almendras. Inexplicablemente nadie se ha preocupado en recoger los frutos de los almendros abandonados. Yo me he provisto de dos piedras percutoras portátiles y me he entretenido en saborear los frutos secos que nos ofrece la tierra, por cierto, de inigualable sabor.

Enseguida han aparecido ante nuestros ojos las primeras edificaciones del casco urbano de Vistabella. Realmente el pueblo hace honor a su nombre constituyendo un precioso enclave cincunvalado por el río. Enseguida hemos tenido que acometer el repecho hacia la ermita de Santa Quiteria y, desde allí, continuar la ascensión hacia el camino que nos llevaba de vuelta a Aladrén.

Al coronar el monte no se han terminado las fatigas. Todavía nos quedaban unos tres cuartos de hora de caminata -a buen paso- hasta que, de nuevo, hemos dado con nuestros huesos en Aladrén. Eran las 13:15

Al llegar al punto de partida, realizado el recorrido circular, las gentes de la población nos han recibido con alborozo. También se nos ha entregado un folleto con pinceladas históricas de los dos municipios. Un rato de charla con personas conocidas y, después de un breve descanso, he tomado de nuevo el Yaris camino de Zaragoza.

Guardo el pasaporte senderista que se me ha entregado al inicio del recorrido. La próxima salida, en Aguarón es el domingo 18 de marzo. Con las notas que he tomado en la excursión de hoy creo que podré enriquecer la experiencia de la siguiente ruta.

Todas las fotos de la salida en este enlace de Picasa.   

domingo, 19 de febrero de 2012

Chasco carnavalesco

Estaba claro que este fin de semana iba a ir dedicado al carnaval. Después de varias consultas a la página de "Turismo de Aragón" y buscando también el consenso con mi señora, nos decidimos por acudir al carnaval de Épila. Pero hete aquí que no aparecía la programación del evento en la página comentada y remitían a fechas posteriores para su publicación. El caso es que el domingo, 19 todavía no había salido publicado el dichoso programa.

El afán por acudir al carnaval hizo que nos presentáramos en Épila sobre las 11:30 de la mañana y, naturalmente no había ni un alma por la calle. No hay nada más triste que presentarse en una población para disfrutar de sus celebraciones y encontrarte con la gente en sus casas. Así es que nos dedicamos a deambular por la villa y pasear por sus calles.

Poca sustancia encontramos en este cometido. Épila tiene su historia -como otras poblaciones de Aragón- pero su casco urbano no da para muchas alegrías. Quizás su espectacular iglesia con el sarcófago de D. Lope Ximenez de Urrea (Conde de Aranda), el Convento de la Concepción o la Casona de Mareca sobresalen por la importancia que, en su momento tuvieron, del resto de construcciones de la población. También llama la atención su zona industrial con un polígono azotado por el viento, desnudo y crudo y sin ornato alguno.


Hicimos unas cuantas fotos y aún pudimos hacernos con un programa que venía impreso en "La crónica de Valdejalón". Allí constatamos que la previsión para el domingo comenzaba a las 17:00 horas con un desfile de carnaval.

Por distintos motivos que ahora no vienen al caso, no pudimos quedarnos hasta las cinco. Así que sobre las 14:00 horas tomamos de nuevo la carretera de vuelta a Zaragoza sin haber visto ni una sola mascaruta.

 Para otro año será y de todas las experiencias se aprende. Desde luego, en la próxima salida de El Periplo, deberán quedar muy claros la hora y el lugar de celebración de los correspondientes festejos y, si puede ser, el programa entero de actos.

viernes, 17 de febrero de 2012

Segunda blogquedada. Triplicamos la asistencia

El día 14-2-12 tuvo lugar la segunda blogquedada. La reunión se realizó en el Centro Cívico "Distrito 14" del barrio de La Jota en Zaragoza. En esta ocasión triplicamos el número de asistentes de la blogquedada anterior. Para más información, visita el enlace Blogquedadas en esta misma página.

domingo, 12 de febrero de 2012

Secuestrados

Me ha costado este fin de semana encontrar una actividad acorde con el espíritu y la línea de actuación de  El Periplo. La oferta era rala y la tentación de ir al carnaval de San Juan de Plan se ha visto muy condicionada por la expectativa de las malas condiciones climatológicas y -porqué no decirlo- el actual precio de los combustibles fósiles. Tampoco me atraía mucho la exposición de Warhol y no digamos ya nada de las citas gastronómicas o la oferta musical.

Iluminación nocturna del Teatro del Mercado
Así que he optado por el mal menor: elegir una obra de teatro con buena pinta y acudir a verla. Sin remirar mucho me apunté a la obra "Secuestrados" que se representa en el Teatro del Mercado. La cita era el sábado día 10 a las 9:30 de la noche.

Omito los detalles referidos al intenso frío y desapacible viento zaragozano. También omito la referencia a mi habitual relativismo temporal: llegué a las 8, creyendo que la obra empezaba a las 8:30. Como siempre, el disponer de dos horas de margen, me dio mucho juego ya que, para hacer tiempo, me dirigí a los lugares habituales: el Vips para leer calentito y gratuitamente algunos artículos de revistas que me interesan: Investigación y Ciencia y Redes y, posteriormente a la Casa del libro donde me pude poner al día respecto a las novedades en astronomía y física cuántica: un nuevo libro de Brian Green (que hubiera adquirido bien a gusto) y otro de una física americana que también tenía muy buena pinta. Asimismo ojeé los últimos manuales de Manuel Niño Becerra y de Leopoldo Abadía.

Total que se me hicieron enseguida las 9 y de nuevo retorné a la calle Mayoral, puerta de entrada al Teatro del Mercado cuando vienes desde Conde Aranda.

Ya se había concentrado un buen número de espectadores -jóvenes- en la puerta y, para mi sorpresa, el grupo era nutrido, desmintiendo así mi hipótesis de que "sólo cuatro gatos vendrán a ver esta obra".

Me acomodé en mi asiento -fácil de recordar- fila 5 asiento 5 y preparé mi móvil para tomar alguna instantánea. Para entonces la sala ya estaba llena a rebosar, como he dicho antes, con parejitas jóvenes en su mayoría.

Buena fila y mejor asiento
Debo reconocer que el comienzo del espectáculo no me hizo presagiar nada bueno. Por un momento pensé que se trataba de un remedo de la teleserie "Aida" ya que los primeros chistes y comentarios de los dos únicos actores presentes en el escenario me parecieron de lo más vacuo. Me veía también un poco fuera de onda pues, en estos inicios, no entendía cómo la gente reía algunas supuestas gracias que a mí me parecían bastante inconsistentes.

Sin embargo, a los pocos minutos ya me encontraba totalmente entregado al magnífico desempeño y saber hacer de los dos principales protagonistas: La Juani y El Rafita, interpretados magistralmente por Encarni Corrales y J. J. Sánchez. Ambos desplegaron tal cantidad de registros interpretativos y frescura en su actuación que era inevitable entregarse y participar de lleno en su espectáculo.

Porque esa fue otra constante de la obra: la interacción continua con los espectadores y la utilización de historias personales e informaciones de los asistentes para recrearlas posteriormente en el escenario, dándoles una nueva y creativa dimensión a los datos recogidos.


En ningún momento decayó mi interés por la representación y, hubo muchos ratos que me reí bien a gusto. También hubo alguno en el que temí que Encarni o JJ se metieran conmigo ya que pasaron en varias ocasiones cerca de mi butaca buscando presas fáciles entre los asistentes. Afortunadamente, la cosa no pasó de un susto y fue, sobretodo, una pareja de Gallur, la que más juego les dio a los dos actores.

El Rafa y La Juani en acción
Me sorprendieron muy favorablemente varios momentos de la obra en los que La Juani y El Rafita echaron mano de su gran creatividad y capacidad de improvisación: el "gag" de la petición de pizza y bebidas para toda la sala y su posterior consumo y el de la grabación on line con cámara de vídeo y proyección en gran pantalla en el escenario. Reconozco que ambas situaciones me cogieron desprevenido y, por eso mismo, disfruté mucho con ellas.

Las cerca de dos horas que duró el gamberro espectáculo de improvisación teatral se me hicieron cortas, cortísimas. Los protagonistas supieron conectar con las emociones de los asistentes, sintonizaron estupendamente con las expectativas de pasar una velada agradable y divertida. A pesar de lo atrevido de sus intervenciones, en ningún momento se sobrepasaron con la gente.

Resumiendo: una obra que recomiendo vivamente a todo el que quiera pasar un rato agradable y divertido. También se lo recomiendo al que quiera buscar mensajes de fondo sobre la juventud y la actual situación de crisis. No hace falta cavar muy hondo para encontrar grandes tesoros en esta genial representación del Teatro Indigesto.

domingo, 5 de febrero de 2012

Fiesta de las grullas. Reencuentro con el invierno

La Laguna de Gallocanta es archiconocida por albergar en invierno a una gran cantidad de aves acuáticas entre las que destacaremos, por sus costumbres, tamaño y majestuosidad, las grullas.

La previsión de frío y nevadas para el fin de semana (no le llamaré a esto "mal tiempo") no me ha impactado especialmente. El viernes tomé la decisión de acudir al evento "La fiesta de las grullas" y, en principio, también me iba a acompañar mi señora. Finalmente, el tema del llamado "mal tiempo" ha hecho que mi esposa haya decidido quedarse en casa.

El recorrido hasta el centro de interpretación de la reserva natural de La Laguna de Gallocanta no ha tenido una relevancia especial: desde Zaragoza, por la autovía mudéjar hasta Calamocha, de allí a Tornos y antes de llegar a Bello se ubica el centro.

Cuando llegaba (sobre las 10:30), nevaba copiosamente y no se veía ni un alma por los alrededores. En el interior, Carmen, la técnica ambiental, me ha invitado a recorrer las instalaciones y los paneles explicativos mientras se hacía la hora estipulada (las 11) y se constataba si venía más gente o no. Finalmente el grupo esperado se ha quedado en una sola persona (yo mismo). Aún así se me ha explicado con todo detalle y precisión tanto los orígenes de la laguna como la flora y fauna que la pueblan, haciendo especial hincapié en la vida y costumbres de las grullas. Agradecido por la profesionalidad de Carmen, me he despedido rogándole me sacara una foto a las puertas del centro de interpretación y, acto seguido me he dirigido hacia Las Cuerlas, siguiendo los consejos de la técnica.

La nevada se intensificaba hasta el punto que la carretera aparecía a mi vista como una alfombra blanca. Conduciendo con mucha precaución he conseguido llegar al pueblecito de Las Cuerlas y justo a la entrada, en un campo, ya he podido divisar un nutrido grupo de grullas picoteando bayas y semillas. Desde el propio vehículo he tomado varias fotos de tan inusitado espectáculo y, después, he continuado hacia el pueblo y estacionado el coche.

He tomado el camino que conduce hacia el Observatorio de La Reguera, con la emoción de pasear bajo una nevada intensísima. Todo el campo estaba ya cubierto con un manto de respetable grosor y la media hora, aproximada de caminata me ha servido para resarcirme del soso invierno Zaragozano y sentir de nuevo el helador contacto níveo. Ni qué decir tiene que las huellas que iba dejando en mi caminar, se cubrían rápidamente con nuevas aportaciones del blanco elemento, aún así he confiado en que quedaría algún resquicio o señal de mi paso con el fin de no perderme a la vuelta.

El paseo en campo abierto pisando la límpida nieve ha constituido, sin duda, lo mejor del viaje. La sensación de frío y los copos acudiendo a mi cara me han hecho vivir, por un rato, lo mejor del invierno. El ejercicio de centrar mi mente exclusivamente en caminar y protegerme de las rachas de viento y nieve ha devenido, a su finalización, en un relax físico y mental muy agradable.

Entre unas cosas y otras se ha hecho la hora de comer. Siguiendo los consejos de la guía del centro, me he encaminado hacia Gallocanta y arribado, finalmente, al albergue donde también se sirven comidas.

De nuevo en solitario, he procedido al yantar constituido, en esta ocasión, de judías blancas con oreja de cerdo, codornices y un flan de postre. A pesar de ser comida para acompañar con vino he declinado su ingesta y he preferido agua mineral. El camarero, un tanto distante y el comedor vacío hay que imputarlos al "debe" de la experiencia gastronómica. La falta de música ambiental y el ruido producido -sin pudor alguno- por mesas y sillas en movimiento para preparar la colocación de un grupo que iba a venir han degradado un poco más, si cabe, lo que podía haber constituido un excelente broche de la excursión por la nieve.

Así es que no he perdido mucho tiempo en despedirme de los regidores del albergue y, de nuevo me he introducido en el Yaris para iniciar el viaje de regreso a casa.

Al llegar a Berrueco se ha producido una situación de cierta confusión pues ya no se veía prácticamente el indicador de la carretera hacia Tornos. Eso ha motivado que, al maniobrar para tomar la dirección adecuada, el coche haya patinado ostensiblemente en varias ocasiones. Afortunadamente la cosa se ha quedado sólo en el susto y, ya encaminado hacia Tornos, conduciendo con mucha precaución, he conseguido salir a la carretera que conduce a Calamocha.

Todavía ha sido necesario parar en Longares para echar una cabezada pues la digestión de las judías restaba sangre y oxígeno a mi cerebro. Subsanada la incidencia, he reemprendido el viaje y llegado felizmente a mi hogar.

La temperatura en la ciudad rozaba los 10 grados. Yo venía de los -2. Dicen que los cambios son buenos para apreciar lo que tienes. Desde luego hay que agradecer el calorcillo de la calefacción, pero pasar frío y recordar de vez en cuando otras sensaciones de la niñez también sirve para reencontrarte con retazos de tu pasado, con esos anclajes que nos recuerdan quiénes somos y nos hacen tirar para delante.