jueves, 28 de julio de 2011

Lo que fue la vida de otros... y otras reflexiones

Sabía que el orden que yo mismo había prefigurado para ver las exposiciones iba a ser el más apropiado. Digamos que la progresión ha sido -como al leer el periódico- de lo más interesante a lo de menor interés.

Desde luego, "Un mundo flotante" con las fotografías de Jacques Henri Lartigue (1894-1986) ha sido el evento en el que más me he detenido y más ha llamado mi atención. Las razones son múltiples y variadas. Me gustaría comentar alguna de ellas y compartirlo con los que me leéis.

En primer lugar el origen social y la "adinerada familia de industriales" de la que proviene el autor contrasta claramente con mi propia experiencia vital y la de otros muchos visitantes de la muestra. Ya a los 8 años su padre le regaló su primera cámara fotográfica. A esa edad yo ayudaba a mi padre en las tareas del campo y me entretenía en mis ratos libres realizando experimentos con latas de melocotón agujereadas tapadas con un papel empapado en aceite con la finalidad de captar imágenes "al revés" tal como se indicaba en las instrucciones de los tebeos en los que figuraban tales inventos. La mayoría de las fotos de la exposición indican bien a las claras el mundo burgués en el que se movía el amigo Jacques. Él se desplazaba con coches de la época; fotografiaba aeroplanos, se bañaba en su piscina, viajaba por Francia y por Europa y se rodeaba de hermosas mujeres.

Un segundo impacto lo ha constituido ese halo retro que desprenden todas las instantáneas de la muestra. Reflejan un mundo que hace muchos años desapareció. Reflejan también la pasión con la que los protagonistas vivieron sus vidas y en las miradas de muchos fotografiados se dejan traslucir amores y desengaños que, sin duda, ocurrieron entre ellos por aquellas fechas. La mirada lánguida de muchas jovencitas contrasta con la altivez y autosuficiencia de algunos varones que aparecen en las fotos. Ellos saben que pertenecen a otra casta: la de los afortunados que pueden degustar el mejor champagne francés justo a la orilla de la playa.

Una tercera reflexión -que siempre está presente en mi mente y en mis escritos- es la de la fugacidad de la vida. De hecho el autor puso gran empeño en capturar muchos momentos de su época con la declarada intención de preservarlos y mantenerlos vivos al menos en la placa fotográfica. Si hubiera llegado a ver la facilidad con la que, en la actualidad, se pueden tomar fotos de todo cuanto deseamos seguro que hubiera quedado deslumbrado.

Según he ido leyendo en los paneles explicativos de la muestra, el autor se casó al menos en 3 ó cuatro ocasiones, hecho que ya no se vuelve a comentar y que a mi me ha llamado la atención. Los folletos hablan sólo de las fotografías y de la exposición y nada dicen de las interioridades, de los pensamientos profundos del autor, de su visión del mundo y sus ideales.

Visto con la perspectiva actual, muchas de las ocupaciones y entretenimientos que aparecen en las fotografías se nos antojan ahora inocentes. Los movimientos congelados de muchas tomas (al saltar a la piscina o hacer tal o cual cabriola) me producen una emoción mezcla de encogimiento de espíritu, nostalgia y desasosiego. Algo difícil de explicar pero que llega a lo más profundo de mi ser. Sin duda alguna al contemplar esas instantáneas algo me está diciendo que también nosotros quedaremos atrapados y pixelizados en los montones de fotos que nos han tomado. Quién sabe si dentro de otros cien años alguien se referirá a José Luis, Rosa María, Laura, Eva y tantos y tantos actores que en la actualidad estamos representando la ineluctable obra de la vida en los términos que yo me he referido al autor francés o parecidos.


Con esas y otras muchas reflexiones he salido de la exposición y, desplazándome en bici, me he dirigido al Centro de Historia para contemplar las otras dos que me quedaban.

Ha sido una gira rápida por ambas muestras. Me ha gustado mucho más la de Japón que la de Bucarest. De la exposición de autores japoneses destacaré la originalidad, el enfoque divergente y la creatividad que reflejan sus obras. Es un lenguaje icónico claramente diferenciado del que impera en el mundo occidental aunque los actuales medios de comunicación están acercando ambos enfoques.

La finura de los trazos y el afán de perfección caracterizan la obra japonesa. Tal como se dice en un folleto, "estos creadores presentan en sus obras unos universos personales, delicados y extraños que cuestionan la frontera entre visión y percepción. Además su trabajo se configura como una puerta abierta a la fantasía y a la imaginación que introduce al espectador en un mundo onnírico y poético". Creo que con esta descripción se explica muy bien lo que yo he experimentado al ver la obra de estos artistas.

Ya para finalizar, he subido apresuradamente a la primera planta del Centro de Historia pues se acercaba la hora de cerrar. Allí se expone del 26 de mayo al 11 de septiembre la muestra "Bucarest en Zaragoza". La visita a este tercer evento no ha dado mucho de sí porque el arte contemporáneo no me llama mucho y el resto de fotografías y arte urbano no ha despertado en mi un especial interés. Aún así he tomado algunas fotos de algunas obras que me han parecido más originales. De la visita me he llevado la traducción del español "alegría" al rumano, que se dice "bucurie".

Jornada interesante aunque algo apresurada. Confirmo mi intención de visitar periódicamente las exposiciones que nos oferta esta ciudad. Cada una de ellas es una invitación, una oportunidad para replantearnos afirmaciones tajantes, enfoques obsoletos y esquemas prefijados. Eso siempre es positivo.

domingo, 24 de julio de 2011

Tres en uno. Maravilloso aceite cultural

Debido a las (cortas) vacaciones que, este año, pasaremos en la playa, la actividad prevista para el domingo día 31 de julio, la pasamos al jueves, 28 de julio.

Aprovecharemos la abundante oferta cultural que nos brinda la ciudad de Zaragoza por estas fechas para visitar tres exposiciones que me han parecido muy interesantes:

- Un mundo flotante: fotografías de Jacques Henri Lartigue en el Palacio de la Lonja

- This is Japan! Miradas complementarias sobre el Arte Japonés actual

- Bucarest en Zaragoza
Estas dos últimas exposiciones en el Centro de Historia

domingo, 17 de julio de 2011

Disfrutando la naturaleza en compañía

A esta salida se apuntaron Ángeles y Juan, los padres de Berta. Amantes también de la naturaleza y de las actividades al aire libre, no hubiéramos podido tener mejores compañeros de viaje. Vinieron también Nemo y Duna (los canes). Todos juntos disfrutamos de los maravillosos paisajes que nos ofrece la madre tierra por esos lares.

Llegamos al punto de encuentro con el tiempo bastante ajustado. Mi previsión de salida a las 8 de la mañana se materializó finalmente a las 8:15 debido a los preparativos y retoques de última hora. Hubimos de parar también para repostar gasolina y los tiempos, por tanto, se iban acortando.

Afortunadamente tomamos las carreteras y los desvíos correctos pues llegar hasta las inmediaciones de Lúsera no es una empresa fácil. Ya se divisaban en el punto de encuentro varias personas, que nos confirmaron que, efectivamente, ese era el lugar indicado para iniciar el recorrido.

No pasó mucho tiempo hasta que la guía (Inma) nos convocó para presentarse y describir brevemente el recorrido que íbamos a realizar. Éramos unas veinte personas y formábamos un grupo variopinto con varios niños, personas más mayores, tres asistentes que venían de México y tres perros. Enseguida se inició el paseo y todos arrancamos con decisión pues eran notorias las ganas que teníamos de caminar y ver cosas.

El sendero elegido no tenía ninguna complicación. Los desniveles mínimos y (como se dice de las carreteras), el firme en buen estado.

Hicimos varias paradas en las que la guía nos explicó con muy buenas habilidades didácticas aspectos curiosos de la geología, flora y fauna de la zona. También se refirió a las poblaciones abandonadas que vimos, comentando que el fenómeno de despoblamiento del pirineo constituía un caso único en el mundo ya que otros abandonos en otros países han tenido lugar con motivo de conflictos bélicos, hambrunas o decisiones políticas, cosa que no tuvo lugar en los valles pirenáicos.

Llegamos finalmente a la presa de Santa María de Belsué cuya primera piedra se colocó en 1909. Se nutre del río Flumen y su capacidad inicial de almacenamiento estaba prevista en 13 Hm.3, Pero al término de la construcción se vio que el vaso del embalse no era impermeable en toda su superficie y la capacidad realmente útil del embalse se quedó en 4 Hm.3.

Continuamos nuestro camino aprovechando el fresquito de los túneles ocasionales que debíamos traspasar y que se abrieron en su momento con la finalidad de acceder a las obras del pantano. Una nueva parada, esta vez de más tiempo, nos sirvió para acometer los bocadillos y demás viandas y reponer fuerzas. Enseguida llegamos a la presa de Cienfuens desde donde pudimos contemplar, en toda su magnificencia, las gigantescas moles de más de 200 metros de altitud, que han sido nombradas como los acantilados de Cienfuens.

Durante todo el recorrido aproveché para realizar varias tomas ensayando distintos ángulos con la finalidad de tratar de encontrar la mejor vista para el blog.

El viaje de vuelta fue más rápido pues ya no hubo explicaciones. Llegamos al punto de inicio del recorrido sobre las 13:40 de la tarde y, después de un chapuzón en el río y la consabida foto de grupo, decidimos encaminarnos con el coche hacia Nocito para comer allí.

Aún nos llevó algún tiempo arribar a Nocito, pero el empeño mereció la pena. El lugar está enclavado en un hermoso paraje rodeado de montañas y regado por un río. El casco urbano ha sido rehabilitado y la restauración se ha realizado con gran acierto. Un puente medieval restaurado nos saluda justo a la entrada al lugar. Todo el pueblo desprende una atmósfera de paz y tranquilidad. Los viajeros urbanos agradecemos la ausencia de vehículos en las calles y el detalle de habilitar un aparcamiento con árboles para proteger a los coches del sol. Más detalles sobre Nocito en este enlace.

Después de dos intentos fallidos buscando restaurante, dimos por fin con un tercero que estaba abierto y acertamos porque comimos muy bien. El yantar fue en el exterior, en una especie de balconcillo con vistas a la sierra de Guara. Así nos pudieron acompañar también los perritos, cosa imposible si la refacción se hubiera desarrollado en el interior del establecimiento.

Con posterioridad buscamos un paraje a la sombra donde echar la siesta y lo encontramos cerca del camping de Nocito. Esta actividad obligada -más en vacaciones- nos puso a todos de muy buen humor y una vez concluida, aprovechamos para dar una vuelta por el pueblo.

La visita se desarrolló con tranquilidad y sosiego, disfrutando del paseo y de la buena tarde que hacía. Casi nos daba pereza embarcar de nuevo para volver a Zaragoza, pero el tiempo -implacable- nos obligó a meternos en el coche para regresar a la ciudad.

El viaje de vuelta nos sirvió también para ponernos al día de las obras de la autovía a Jaca-Pamplona y confirmar que -aunque despacio- los trabajos continúan. Entre otras curiosidades, pudimos contemplar el enorme viaducto sobre el río Guarga que ya va tomando forma.

Con el fin de reponer fuerzas y que descansara el conductor, todavía paramos un rato en Zuera. El aparcamiento estaba al lado de una estrafalaria construcción ideada para soportar una antena de Telefónica. La contraposición entre las estupendas vistas de Nocito y la desagradable antena, me obligó a tomar una última foto-denuncia de los atropellos que han cometido las empresas de comunicaciones.

Llegamos finalmente a Zaragoza un poco cansados pero muy satisfechos de la jornada. Seguro que el buen sabor de boca de esta salida nos servirá de incentivo para preparar otras que igualen -o superen- la de los acantilados de Cienfuens.

domingo, 10 de julio de 2011

Acantilados de Cienfuens

Como la salida a las gargantas de Fabana nos dejó muy buen sabor de boca, hemos pensado que la próxima actividad de Periplo, el domingo día 17 de julio, se realice aprovechando el programa puntos de encuentro naturales de la comarca de la Hoya de Huesca.

El recorrido se encuadra en la Red Natura 2000. Se trata de una red ecológica europea creada para la conservación de hábitats naturales y de la flora y fauna silvestre, integrada por Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) y por Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPAS).

Conocer el patrimonio natural para comprenderlo y respetarlo, con el objetivo de fomentar su cuidado y conservación es la finalidad de este programa de sensibilización ambiental cuyos destinatarios son tanto la población que vive habitualmente en la comarca como la visitante

En esta ocasión la salida se realizará a los Acantilados de Cienfuens. En este enlace puede verse una descripción del recorrido.

En este otro enlace podéis ver el blog de Iñaki, explicando su recorrido.

domingo, 3 de julio de 2011

Macedonia musical

Esto es lo que tiene ponerte a escribir el blog cuando ya han pasado varios días después del evento a relatar: la memoria -ya de por sí selectiva- se adhiere a aspectos insospechados que -no se sabe por qué causa- han dejado una huella más profunda en los abismos encefálicos.

Así es que lo que hoy relato es una versión hilvanada entre miles de ellas que podrían -tranquilamente- ocupar su lugar y que serían tan válidas o más que la que decido plasmar.

En primer lugar llamó mi atención la carretera a Ansó que se inicia desde la nacional 240 a Pamplona, un poco antes de llegar a Berdún. Creo que es una reliquia y que no hay que tocarla. Podría adquirir la condición de "legado de la humanidad" para que las generaciones venideras contemplen "in situ" cómo era una carretera del siglo XIX. Es la segunda vez que la recorro y espero no volver más por ella. Debe ocupar un ránking importante en la clasificación de carreteras penosas por el agregado de curvas, firme en mal estado, piedras caídas y puentes angostos. Recomendada para ensayos de pastillas contra el mareo.

Después del tiovivo de 24 km, llegamos por fín a Ansó. El día lucía estupendo y a la entrada del pueblo, un cartel indicador nos sugería estacionar nuestro vehículo en el lugar destinado a ello, en las afueras. ¡Que buena idea!, -pensé-. A ver si toman nota en mi pueblo donde todavía hoy los vehículos estacionados proliferan por doquier en cualquier oquedad libre de la villa.

Seguidamente subimos unas escaleretas para acceder al casco urbano y pronto comenzamos a escuchar los rítmicos acordes de una bien afinada acordeón, del Grupo Duotónico, que procedían de la plaza Domingo Miral. Hacia allí nos dirigimos y allí -efectivamente- tenían lugar las exhibiciones musicales previstas en el programa PIR-2011.

El sol ya comenzaba a reinar implacable; así que elegimos un sitio a la sombra a sabiendas de que era zona de paso y que, por tanto, había que cederlo a dos por tres. Después de cuatro o cinco piezas más a cargo de los duotónicos, les llegó el turno a un grupo de cuatro señoras francesas vestidas al uso de otra época que nos obsequiaron con una selección de canciones galas. Cantaban y bailaban muy conjuntadamente y -sobretodo- se lo tomaban muy en serio.

Luego le llegó el turno al grupo Malareta (Navarra) que danzaron al ritmo de una flauta y un instrumento de cuerda tañidos ambos a la vez por un mismo músico. Su danza se me antojó muy ancestral, por lo básico del ritmo y lo elemental de la música. Esa sencillez me encantó y mentalmente me trasladé en el túnel del tiempo a las primeras danzas y ceremonias que debieron llevar a cabo nuestros antepasados homínidos.

El calor apretaba y el festival continuaba. Salieron a continuación los del Grupo L'Esbart (Cataluña). Los señores, ya algo entrados en años, desentonaban un poco con sus parejas más jóvenes. Se perdonaba esta diferencia de edad por el interés y el énfasis que ponían en la danza los más maduros. A diferencia del grupo de Navarra, los catalanes venían bien provistos de instrumentos musicales, hasta el punto de constituir casi una orquesta. Por este motivo las danzas (que también eras muy originales) fueron mucho más vistosas. Una señora comentaba al acalorado público las particularidades de cada pieza y eso también era de agradecer.

Se hizo la hora de comer y -como íbamos con la perrita- empezaron las dificultades para ubicarla. Después de varios intentos fallidos, casi por casualidad, encontramos una placita muy tranquila donde nos sirvieron en el exterior el menú. El sitio se llamaba -en ansotano- "O cubila" (algo así como el cubilar, la majada, el lugar donde se recoge el ganado). Comimos (ensalada y paella) tranquilos y relajados. Muy bien atendidos por una frenética camarera que se desvivía por servirnos. El precio muy bien también: 13 € postre, café y bebida incluidos.

Allá en las alturas, alguien decidió darle dos puntos más al aparato de hacer calor. Los de abajo lo notamos al instante pues todos íbamos muy acalorados. Buscamos con mi señora un lugar ventilado y lo encontramos cerca de las escuelas. Allí reposamos un poco la comida. A las 17:30 debía comenzar la actuación del grupo Korrontzi (Pais Vasco) así que no nos demoramos con la idea de presenciar su actuación. Elegimos un lugar estratégicamente situado a la sombra y nos pedimos un café con hielo; todo ello con la esperanza de que el proceso de afinamiento de los instrumentos fuera breve. Pero no fue así. En lugar de ello hubimos de sufrir una tortura de "sí, sí, va, vaaaaaaa, pruebas, pruebas" y de aporreamientos sin piedad de la batería. Posteriormente se inició el ajuste de volumen instrumento por instrumento.


Después de más de media hora de tormento, el público ya comenzaba a impacientarse. El de la mesa de sonido (autista con el descontento externo) seguía con lo suyo. Nosotros, finalmente abandonamos abruptamente la plaza con la convicción de que el ajuste de sonido iba a durar bastante más rato.


Descendimos de nuevo las escaleretas ente malhumorados y liberados del cilicio afinatorio. Llegamos al coche con la lengua fuera por el calor extremo que imperaba a esas horas. Todo fue entrar en el vehículo y conectar a su máxima potencia el aire acondicionado. La perrita se quedó dormida al instante. Todavía tuve ánimos de tomar unas fotos postreras de Ansó visto desde la carretera. También me paré para autofotografiarme en un poste eléctrico de alta tensión que estaba tumbado en un campo a la espera de que alguien lo irguiera.



El regreso lo hicimos por la carretera de Hecho realizada con los estándares modernos propios de nuestro siglo. El viaje de regreso fue rápido. Decidí volver por Yesa para ver las obras de la autovía a Pamplona y, de paso, realizar unas gestiones en Sos. A la altura del castillo de Javier descansamos de nuevo porque el sueño se iba apoderando del conductor y de la acompañante.


Una fuerte tormenta con abundancia de lluvia nos acompañó desde Sangüesa hasta Castiliscar. "Los de arrriba" hicieron una demostración con lo más granado de su colección de relámpagos, culebrillas, truenos retumbones y cambios en la dirección de la lluvia. No hubo granizo pero hubiera sido un buen complemento de la función. A la altura de Ejea, habíamos escapado de la furia atmosférica pero la tormenta nos seguía los pasos. En Tauste de nuevo nos sorprendió la lluvia.


Cuando llegamos a casa eran las 9:15 de la tarde. El viaje de ida, desde Zaragoza hasta Ansó por la carretera antediluviana nos había costado tres horas. El regreso fue mucho más rápido.


Ya en casa, el caleidoscopio de imágenes, sensaciones, ritmos y sabores fue tomando distintas formas hasta que, finalmente sobre eso de las 12:30 de la noche conseguí conciliar el sueño. Justo antes de caer en los brazos de Morfeo reparé en que no había escrito el blog. No pasa nada, me dije. Estoy de vacaciones. Mañana lo haré.


Todas las fotos de esta salida en este enlace.