viernes, 20 de octubre de 2017

Semillas

Hasta que no tuve una cierta edad no tomé conciencia del proceso que seguía una semilla desde que se planta, comienza a salir la raíz, las primeras hojitas, el desarrollo más completo, etc.

Francamente, la cosa no me había preocupado mucho hasta entonces. La niñez y posterior juventud estaban tan plenas de cosas interesantes y tantas novedades, que el mundo de las semillas me había pasado por completo inadvertido.


Alguien me dio una plántula de cáctus y recuerdo que, al hacerme cargo de ella y cuidarla día tras día, pues llegó el momento en el que salió la simiente y eso me llamó mucho la atención y me intrigó.

Con posterioridad fui tomando conciencia del despliegue que realiza la naturaleza en todos sus ámbitos para asegurar la reproducción de las especies; su supervivencia.

Y es ahora en otoño cuando en el reino vegetal se vuelve a repetir el ciclo. Por estas fechas, los árboles sueltan sus semillas y tratan de dispersarlas al máximo en un esfuerzo ímprobo por lograr su multiplicación.


Quizás en la ciudad la cosa es más llamativa porque ese ciclo natural se da de bruces en muchas ocasiones con las baldosas o el hormigón del suelo. Imposible reproducirse en tales condiciones.

Y allí quedan las aceras, las plazas y las avenidas llenas de candidatos a nuevas plantas que nunca podrán conseguir su objetivo.

La abundancia de simiente no deja de sorprenderme y el esfuerzo que realizan las plantas también es digno de señalar. Todo está organizado para la máxima difusión de las especies.


Y luego tenemos el misterio de la reproducción. Cada semilla lleva en sí la potencialidad de convertirse en un nuevo espécimen. Todo está diseñado de tal manera que -si se dan las condiciones adecuadas- la maquinaria biológica se pone en marcha y el proceso para generar un nuevo individuo se desencadena de inmediato.

Tengo un amigo al que le encanta plantar semillas para ver cómo se desarrollan, cuidarlas y luego trasplantarlas en el monte. A mi me ocurre lo mismo. Según me voy haciendo mayor disfruto mucho más al contribuir al desarrollo de las plántulas y su posterior propagación.

Señores: me descubro ante la magnificencia de la naturaleza. Hasta ahora a pesar de los sonoros avances en todos los ámbitos de la ciencia, que yo sepa, el ser humano no ha sido capaz de fabricar un gérmen artificial que se parezca si quiera a cualquier humilde semilla que estos días podamos recoger por el suelo.

2 comentarios:

  1. La perfección de la naturaleza y la obcecación misteriosa por continuar la especie, nunca sabremos cómo funciona ese mensaje en todos los seres vivos. Estamos viviendo en un mundo mágico, de vida y maquinarias, hasta el más diminuto ser lleva la perfección en su existencia.Me agrada tu capacidad de observancia y me agrada que lo comuniques.Un placer tus puntos de vista.Un abrazo de Javier

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  2. Gracias por tu elogioso comentario, Javier. Me consta que tú también eres gran amante de la naturaleza. No es pues extraño que coincidan nuestros puntos de vista en este ámbito.

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