viernes, 6 de abril de 2018

El descrédito de la política y las rémoras en la universidad


A cuadros me voy quedando con las últimas noticias que llegan desde la capital del reino. Ya dicen los curas que los senderos del Señor son inescrutables pero el caso de Cristina Cifuentes supera -a mi entender- todo lo que uno pudiera pensar sobre arreglos de baja estofa, apaños y chanchullos.

Vayamos por partes. En primer lugar la política de comunicación del PP con este asunto. Se deben creer que somos imbéciles. O que no tenemos entendederas. O ambas cosas. O todas las demás referidas a la comprensión de algo tan básico como la manera honrada de conseguir un título.

Todo aquel que haya cursado algún estudio recordará la sucesión de pruebas, exámenes y barreras que va urdiendo la institución educativa con la finalidad de evaluar la adquisición o no de los contenidos establecidos. Ya no hablo de si el método es el más adecuado o no. Ese es otro cantar. Pero para la mayoría de los estudiantes conseguir su ansiada titulación universitaria constituye un auténtico calvario que, en muchas ocasiones se prolonga hasta cinco o seis años.

En el caso de los másteres estaríamos hablando de uno o dos años pero por lo que yo conozco, los criterios evaluativos aplicados, en general suelen ser exigentes. O al menos eso creía. Hasta ahora.

Lo que se va averiguando de cómo han conseguido sus másteres algunos de nuestros más afanados políticos deja en entredicho muchas cosas. Y para mi gusto constituye un auténtico bombazo que está removiendo los cimientos de la sociedad española.

Porque no es sólo lo que ha ocurrido sino también -y sobretodo- la manera en que se ha pretendido taparlo.

Si algunos políticos -muchos por lo visto en el PP- creen que con unas cuantas mentirijillas se puede arreglar el asunto; van aviados. Las justificaciones torticeras y los aplausos en su convención no hacen sino desacreditar la política y aumentar la desconfianza de los ciudadanos. Afortunadamente el periodismo serio de investigación y las redes sociales van poniendo un día si y otro también a cada cual en su sitio. Los ciudadanos no somos jilipollas.

Pero tampoco la universidad es caso aparte. Algo sabíamos sobre su endogamia, sus arreglos internos, sus inercias y su soberbia. Ahora, en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, también disponemos de una prístina constancia de las corruptelas asociadas a la expedición de títulos.

La prepotencia con la que se han mostrado algunos profesores del "caso Cifuentes" constituye el indicador de las rémoras que arrastra la universidad española. Del sistema de amiguismos y favores instalado en muchas facultades universitarias. De la opacidad de sus procedimientos. De la falta de democracia interna en la institución.

En fin, yo creo que este sería un buen momento para revisar a fondo la forma y manera en que se han configurado los universos político y universitario. Y realizar una reforma en profundidad. Mirarse en el espejo de los países más adelantados en los dos ámbitos y emprender una revisión a fondo. Caiga quien caiga.

1 comentario:

  1. Artículo potente para estar en primera plana en el País.En la universidades es donde se lacra y se cierra el esfuerzo de una vida dedicada al estudio y si rompen estos principios no tenemos nada en las manos.La forma de actuar del PP, no es nueva, todo se lo trae al pairo, no entienden de moralidad, y esto de la universidad es una muestra más que llega a ser insoportable.Tengo esperanzas de que la sociedad juzgue de una vez sus descaros. Es tremendo todo lo que han hecho y como lo niegan. Una pena.Saludos, José Luis, gran artículo.

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