miércoles, 8 de junio de 2016

Los robos

Desde que tengo la parcela de Villamayor ya me han entrado dos veces a robar. Por supuesto, mis vecinos también han corrido la misma "suerte". El efecto que el pillaje tiene en los que somos aficionados a la horticultura -y en general en cualquier propietario- es demoledor. La sensación de impotencia todavía se incrementa más cuando ves la laxitud con la que los agentes de la autoridad abordan la cuestión.
Lo primero que me preguntaron es si tenía seguro. Nada se habló de los estropicios causados ni cómo se iba a tratar el tema. A la hora de denunciar el asunto se enfoca más como una tarea burocrática que como un hecho que hay que investigar y, en la medida de lo posible aclarar. En ninguno de los dos casos he tenido noticias de las indagaciones que se han realizado para intentar detener a los autores de los hurtos (si es que se ha realizado alguna, que lo dudo).

El pillaje supone, por otra parte un grave deterioro del flujo de inversiones que uno podría realizar en su propiedad. Partiendo de la base que no tienes ninguna seguridad de que no vas a ser visitado otra vez por los cacos, las mejoras en la parcela se limitan a lo básico. Muchos equipamientos que se podrían instalar quedan paralizados por temor al "choriceo". La actividad económica se resiente -y mucho- dejando campar a sus anchas a los ladrones. La sensación de desprotección es total.

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