lunes, 20 de junio de 2016

Hormigas voladoras

Con la llegada del verano se produce todos los años la característica secuencia del vuelo de cientos, si no miles de hormigas que, estrenando sus incólumes alas, inician su fugaz vuelo con la finalidad de fundar nuevas colonias.

Lo mismo sucede en las mismas u otras fechas en otros ámbitos de la naturaleza, siendo común la característica de extender, de expandir al máximo los dominios de una u otra especie.

Ese afán multiplicador, esa desesperación por colonizar nuevos ámbitos no le es extraño al ser humano. Cuál ha sido el disparador de una conducta tan radical no se sabe con certeza. Si nos remontamos al origen de la vida, hace unos 4.000 millones de años veremos que el deseo de vivir, de multiplicarse y asegurarse la descendencia enseguida se instauró en todas las especies vivas desde las bacterias a los animales más complejos.

Y mirándolo con una óptica amplia, podríamos preguntarnos para qué. Con qué finalidad se realiza este enorme esfuerzo en las distintas biosferas, ya sea mar, tierra o aire.

Partiendo de la certeza de que el final trágico de nuestro planeta tiene una fecha de inicio y que el mismo universo parece ser que no se escapa de su ineluctable trágico final, resulta casi un sarcasmo este empeño por multiplicarse a toda costa. 

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