domingo, 2 de agosto de 2015

Mi particular "ashram"


Rodeado de árboles, oculto entre la maleza se encuentra mi particular ashram. El lugar en el que, siempre que acudo, mi reloj vital se pone de nuevo a punto y todo vuelve a encajar en mi personal orden cósmico.

Lo que allí hago no tiene mucha trascendencia: quito hierba, nivelo el terreno, planto y cuido algunos árboles y observo las abejas de mis colmenas.

Lo que de verdad importa en estas visitas es el entrar en una "experiencia de flujo". Enfrascarme en cualquiera de las tareas antes señaladas y entregarme a ellas al 100%. Olvidarme por unas horas de la cotidianeidad y centrarme sólo en lo que esté haciendo.

Y todas estas actividades las realizo pensando también en lo contentos que se pondrían mi padre, mis abuelos y bisabuelos si pudieran verme ya que ellos, antes que yo, también trabajaron y se esforzaron por esos mismos territorios.

Esa conexión con mis orígenes, ese enlace privilegiado con los que me precedieron me produce una gran paz y serenidad. La idea de mejorar lo que había se convierte en una intensa fuente de motivación de logro. En mi ashram yo me siento feliz.

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