lunes, 26 de octubre de 2015

Sapiencia canina

Para mi asombro, mi perro no cesa de dar muestras de sapiencia canina. Un día sí y otro también me sorprende con alguna nueva habilidad, destreza o muestra de inteligencia. Hoy mismo, ni se ha inmutado cuando he aparecido en casa con el casco de la moto enfundado en la cabeza. Yo esperaba algún ladrido de desconcierto, algún gesto inusual, alguna mueca extraña; pero no, enseguida ha acudido hacia mi agitando amigablemente su rabo y reconociéndome como su amo.

El elenco de conductas es amplio y variado. Se comunica con nosotros cuando tiene hambre, cuando quiere miccionar o defecar e -inevitablemente- cuando quiere jugar, cosa que reclama habitualmente.

Años y años de selección de especies, de cruces de razas y un selecto pedigrí han hecho de este galgo italiano un ser original y peculiar. Pendiente de todo y de todos. Y atento a cualquier acción que contente a sus amos. No sé si lo sabe pero sigue al pie de la letra las enseñanzas de Darwin: sobrevive el más adaptado.

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