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jueves, 2 de julio de 2015

Las redes sociales

Que los humanos somos seres sociales es un hecho sabido desde siempre. Nos gusta relacionarnos con los demás, agruparnos por intereses de todo tipo, sentirnos miembros de algún grupo... Tenemos necesidad de afiliación.

Y los medios informáticos con Internet a la cabeza, no han hecho otra cosa que potenciar esa inclinación natural hasta límites casi extravagantes. Lejos quedan aquellos tiempos en los que los ordenadores eran poco más que potentes máquinas de cálculo. Ahora la computación se utiliza para poner en contacto y relacionar a las personas con mucha más intensidad que antaño. Y cada dos años, siguiendo la ley de Moore, la capacidad de cómputo se duplica...

Este enorme potencial, sin embargo, también puede contribuir a empeorar las cosas: el exceso de contactos, de cuentas abiertas, de redes en las que cada cual estamos inscritos se están configurando como enormes sumideros de tiempo por el que van discurriendo muchas horas de nuestro devenir.

Ahora que ya vamos teniendo una visión global de este ajetreado mundillo, procede -me parece a mí- reconsiderar el sentido y la utilidad de estar inscrito en tal maraña de avisos, convocatorias, citas, eventos y demás. Es tiempo de repensarlo todo.

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