martes, 5 de enero de 2016

Seguir el protocolo


Cuando veo situaciones como las que muestra la foto, no puedo evitar mi sorpresa y decepción. Ambas van unidas porque, inevitablemente, pienso en la cadena de acontecimientos que han dado lugar, finalmente, al apaño que con demasiada frecuencia se suele ver en los servicios de distintos establecimientos.

Y, si como es el caso, los lavabos son de una entidad pública, puedo imaginar sin demasiado esfuerzo el "protocolo" que se ha seguido para "solucionar" el problema:

Probablemente las señoras de la limpieza comunicaron a conserjería el aviso del urinario estropeado. Con un poco de suerte, la incidencia se transmitió a lo largo del día al encargado -si lo hay- del mantenimiento. Y también es posible que este se lo dijera al empleado especialista -si lo hubiera-

En este tramo se debería haber solucionado el asunto pero es evidente que algún eslabón de la cadena ha fallado ya que, al final, se ha optado por la tradicional bolsa de basura y el inefable celo. En qué punto se ha roto la cadena de comunicación es un enigma. Cómo y cuándo se solucionará finalmente la avería constituyen también dos interrogantes de envergadura. El detalle fino de lo que realmente ha pasado sólo nos los podrían facilitar los empleados del establecimiento enterados de la rotura.

Reconozco que me he quedado con la curiosidad de saberlo.    

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