sábado, 16 de abril de 2016

Fotos

En el recuerdo personal de cada uno se entremezclan situaciones y episodios bien asentados en nuestra mente y eventos que, por así decirlo, tuvieron la fortuna de ser inmortalizados en una instantánea.

En mi caso, como en el de otras muchas personas de mi edad, debido a la particularidad de haber vivido a caballo entre la edad media y el actual mundo tan adelantado, el recuento de recuerdos combina situaciones con un fuerte componente emocional con el blanco y negro de las fotos de los años sesenta. El color vino más tarde. Al igual que ocurrió con la televisión. Al principio un poco difuminado y más adelante con los contornos y los contrastes perfectamente definidos.

Y así ocurre que la tarea de ordenar los recuerdos, de rebobinar situaciones y momentos pasados se convierte en una ardua faena, en una labor complicada.

Por una parte tenemos fotos que no representan momentos especialmente relevantes de nuestras vidas. Se tomaron, la mayor parte de las veces por puro azar. Porque en ese momento alguien tenía una cámara con "carrete" o, sencillamente porque la dinámica del momento condujo a hacerse la foto de rigor. Otras corresponden a momentos "oficiales" -entrega de diplomas, fines de curso, etc- Y la gran mayoría a eventos relacionados con la familia o con amigos.

Combinar recuerdos significativos con escenas atrapadas en una instantánea resulta bastante complicado. El cerebro es selectivo. Y tiende a desechar los malos momentos, los de tristeza y desencanto. Eso no suele salir en las fotos.

Así es que aventuro que si quiero acometer la tarea de ordenar los recuerdos de mi vida, todavía me queda una ingente tarea de cribado, aclarado  y rebobinado. No pasa nada. La conciencia de la fugacidad con la que pasa el tiempo a todos nos incumbe por igual. Tomemos pues esta labor como un divertimento. 

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