lunes, 7 de septiembre de 2015

Los petardos

Tampoco han faltado este año los mil y un estruendos producidos por los petardos. Aquí no voy a ser yo el que abomine de ellos. Cuando era adolescente y más adelante yo también me entregaba con pasión al encendido impaciente e impulsivo de la mecha.

Y es que creo que los petardos tienen su magia. Tú dispones del momento en el que se va a producir una detonación. El poder que te confiere por unos segundos la pólvora tiene algo de adicción...

Sin embargo a la naturaleza adolescente no se le ha concedido el don de pensar en los demás. Nunca se me ocurrió que las explosiones intencionales pudieran molestar a otras personas. Ahora lo compruebo en mi propia carne al verme sobresaltado cuando me sorprende alguna deflagración. Un leve pitido en los oídos me recuerda que, con la edad, mi cuerpo se ha vuelto más frágil, más sensible.

Estos días he observado el empeño que ponían los más pequeños en hacer detonar sus petardos. La fascinación por la pólvora sigue vigente.

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