jueves, 24 de septiembre de 2015

Andrómeda



En el pasado curso de astrofísica desarrollado en Teruel tuve la oportunidad de mirar en varias ocasiones por un telescopio. La sesión de observación la habían preparado a fondo los miembros de la Agrupación Astronómica de Teruel y ellos eran los encargados de enfocar sus instrumentos a los cuerpos celestes de más interés.

Por eso cuando me invitaron para que observara la galaxia de Andrómeda me noté algo nervioso y agitado interiormente. Era la primera vez que miraba una galaxia. Acerqué mi ojo al visor y ¡efectivamente! una mancha blancuzca apareció en la lente.

Así, de repente, me pude hacer cargo de que la luz que observaba había salido de Andrómeda hacía nada más y nada menos que ¡dos millones y medio de años!

Y también me enteré de otras particularidades como, por ejemplo, que Andrómeda se aproxima a nuestra galaxia a una velocidad de 140 km. por segundo, aunque, según los cálculos tardaría 3.000 millones de años en colisionar con la Vía Láctea. O que posee 300.000 millones de estrellas.

Así es que, amigos, una simple observación astronómica al natural me sirvió para hacerme cargo de nuevo de la pequeñez de nuestro sistema solar, de nuestro planeta y, por supuesto, de las gentes que lo habitamos.

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