jueves, 26 de mayo de 2016

Homo informaticus (II)


Como decía ayer, ya metidos en faena, me encamino al primer piso y allí me topo con el ordenador de sobremesa. También ha caído en desgracia y también va a ser retirado. Desconecto los USB's y también el resto de las conexiones: jacks de audio y sonido, jack de los auriculares y VGA. También, por supuesto, el cable de red. Ala, todo al sótano.

En esta ocasión, de momento no noto nada especial. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos en los días posteriores.

Los despertadores digitales también los hago desaparecer aunque no preveo que su ausencia pueda suponer una gran molestia.

De postre, para el final, me dejo al amo y señor de la casa. Al fiel inquilino de mi bolsillo. Al rutilante aparatejo que no deja de recibir avisos y alarmas. Al alcahuete que todo lo sabe y todo lo quiere saber. Con gran pesar de mi corazón, lo destripo y con fina delicadeza le extraigo el equivalente a nuestro corazón: la tarjeta SIM.

Y en este caso si que voy a notar su ausencia. Lo tengo más claro que el agua. Seguro que lo echo de menos. Pero, bueno, qué le vamos a hacer. Hay que mantener el tipo y seguir con el plan establecido pase lo que pase.

Ahora que ya no hay ni rastro de RAMes ni de SIMes ni tampoco de HDs, ya puedo afirmar que empieza una nueva etapa en mi vida. Mañana os cuento cómo me va en este nuevo universo analógico. 

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