sábado, 20 de febrero de 2016

No, ya no podría volver a ser cazador

Ayer me topé con dos perdices por el campo. Allí iban ellas, majestuosas y también presurosas muy atentas a los múltiples y variados peligros que les acechan. Pero no levantaron el vuelo. Aguantaron bien el tirón del paso de mi coche y, después de un veloz paseíllo, raudas, se escabulleron entre la maleza.

El fugaz avistamiento de las aves desencadenó en mí un instantáneo arsenal del recuerdos. De mi época de cazador. Cuando iba al ojeo. Por aquel entonces me jactaba de mi buena puntería. Pocas se escapaban. No me culpo ahora por ello. Era lo que se llevaba en el pueblo. Y yo lo viví con intensidad.

Pero en este ámbito -como en muchos otros- las cosas han evolucionado. Mucho. Hay una mayor sensibilidad con los animales que nos rodean. Que nos acompañan en nuestro trayecto vital. Magníficos reportajes televisivos nos muestran al detalle la forma de vida de muchos animales. Nos acercan, por ejemplo, a la época de emparejamiento y cría de lo que hace nada se consideraban solamente piezas de caza. Nos muestran la ternura y el cuidado que prestan a sus retoños. Vemos cómo se relacionan, cómo se alimentan, dónde duermen...

Y también disponemos en la actualidad de múltiples sustitutos inocuos para los que desean demostrar sus habilidades y su rapidez de reflejos. Videojuegos, por ejemplo.

Así es que yo ya no volveré a ser cazador. Ahora disfruto mucho más contemplando los animales en su entorno natural. Disfrutando de sus idas y venidas y de sus evoluciones. Asombrándome del potente arranque del vuelo de la perdiz o de las habilidades de camuflaje de los conejos. Considerando todos estos seres como amigos, como compañeros de viaje...

Y como sé que la caza mueve mucho dinero, me atrevo a proponer a los fabricantes de escopetas que, poco a poco vayan apostando por la innovación. Que transformen sus armas en máquinas fotográficas. No hay que hacer muchos cambios. En cada cañón de la escopeta una cámara digital. Cada vez que se aprieta el gatillo una foto. La presión mantenida serviría para grabar video. Para los nostálgicos se puede añadir el ruido de una detonación. Las simulaciones digitales pueden emular distintos tipos de sonido. No habría problema con eso.

Todo menos acabar de un zambombazo con la vida de los animales. O peor aún, abandonarlos malheridos.

Transformemos los trofeos de caza en reportajes fotográficos. Es posible. Puede hacerse.

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