lunes, 14 de diciembre de 2015

La semana de decir lo que pienso

Multitud de libros de Psicología insisten en la importancia de adoptar un estilo de comunicación asertivo: "Esto es lo que pienso, esto es lo que digo, procurando no herir a mi interlocutor". Y, por contra, en muchas ocasiones nos vemos inducidos a no manifestar de forma clara y visible nuestra opinión. Los condicionantes sociales se imponen y la presión del grupo o de determinadas personas significadas pueden conducirnos en ocasiones a buscar la aprobación y no manifestar de forma clara nuestra propia opinión.

Muchas personas de mi generación que vivimos nuestra infancia y adolescencia con el franquismo padecemos un déficit de autoafirmación, de saber expresar con sinceridad y con aplomo lo que, de verdad pensamos sobre muchas temáticas. En muchas ocasiones llevamos la corriente de la conversación o directamente callamos con el fin de no contrariar a nuestros interlocutores. De alguna manera lo aprendimos muchos años atrás. Como cuando nuestros padres nos insistían con frases del tipo "No te metas en jaleos" o "Cuida que te j....erán"

Pero adoptar esta estrategia no es saludable. Tragarse la propia opinión, o bien aceptar artificialmente las opiniones ajenas tiene su coste psicológico. En muchas ocasiones, no querer meterse en jaleos puede parecer recomendable pero evitar por sistema la polémica conlleva importantes desequilibros emocionales.

Por eso, entiendo que hay que reaccionar. Hay que iniciar un entrenamiento para reafirmarnos en nuestras opiniones. Entrenarnos en comunicación asertiva. Decir lo que pensamos. Y también saber decir NO cuando sea necesario.

De momento, y como aperitivo creo que sería muy buena idea instaurar la "semana de decir lo que pienso". Es bueno poner un tope temporal para no forzar demasiado la maquinaria. Y conviene empezar cuanto antes. No tenemos nada que perder y sí mucho que ganar.

1 comentario:

  1. UN artículo muy profundo, Don José Luís, venido de los sabios del mundo de la enseñanza, como usted, con más razón que un santo. Tenemos perjuicios y miramientos para no molestar y nos quedamos con las ganas de decir lo que sentimos, pero quizá son por los miedos escondidos, como dices tú, de antaño.¡¡¡ ah pajaro, pajaro !!!, ¡¡¡ ojo a ver !!!, o,... ¡¡¡ te voy a cortar las orejas !!!, o ¡¡¡ te voy a cortar el pelo al cero !!!,.... en contraprestación. o,... ¿ de qué casa eres, mocé, ?. Un abrazo, José Luís, tiene usted una gran claridad de ideas.

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