jueves, 3 de diciembre de 2015

¡A usté no le pasa nada!

No una sino en varias ocasiones en las que he acudido a algún especialista médico me he tenido que oír la frasecita del encabezamiento. Es cierto que uno siempre sale de la consulta con la sensación de que lo que pudiera tener no es grave pero también con la contrariedad de sentir que no se ha profundizado suficiente en la interpretación de los síntomas.

La medicina moderna está muy avanzada, eso es cierto. Pero no lo es menos que la ya tradicional distancia entre algunos médicos y sus pacientes, en muchos casos constituye un auténtico abismo.

Si no me pasa nada, me digo, ¿cómo puedo seguir teniendo tan malas digestiones? o ¿por qué me sigue molestando la rodilla? ¿y qué pasa con mis molestias en el ojo derecho?

Al médico no se le pide infalibilidad sino algo tan sencillo como que escuche activamente a sus pacientes, que haga un poco de empatía y que, poniéndose en su lugar, le explique de una forma sencilla y razonada las posibles causas de sus dolencias y la mejor forma de abordarlas. No se trata sólo de prescribir un medicamento. Ni de hacer una letra ininteligible en las recetas. Es una cuestión -si se quiere- de psicología, de hablar con objetividad pero mostrando al mismo tiempo cercanía al paciente. Es -casi- una cuestión de didáctica, de aprender a explicarse ante el enfermo y de transmitir con sencillez su opinión sobre el acto médico.

Sí, ya sé que hay mucho paciente hipocondríaco y personas que exageran sus síntomas. Pero cada persona es un mundo. A mí puede que no me pase nada, pero me quedo más tranquilo si me razonan las causas de esa expresión.

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