viernes, 6 de noviembre de 2015

El tiempo se detiene



Imagínate que vas por la calle. Por una calle de tu ciudad. Te rodea la gente. Cada uno de ellos lleva su misión. Unos van de compras, otros a hacer gestiones. Muchos jóvenes departiendo alegremente entre ellos. Varios jubilados pasan también a tu lado.

Si en ese momento hiciéramos una foto y petrificáramos a los que te rodean, allí quedarías tú también fijado junto a los que, en ese instante te acompañan.

Con toda esa gente congelada por un momento, vamos a imaginarnos que, de repente, pasan 20 años y todo vuelve a descongelarse de nuevo, pero con el peso de los años trascurridos cargados a la espalda de cada uno de los protagonistas.

Los que en ese lapso de tiempo ya hubieran fallecido, desaparecerían con una explosión de polvo de colores (como en el anuncio). También habrá unos cuantos con graves achaques que, incluso, les dificultarán la marcha. A todos les habrá cambiado la cara y el cuerpo (20 años no pasan en balde). Por supuesto, unos cuantos estarán radiantes de alegría. A lo mejor les han subido el sueldo e incluso, en algún caso extraordinario, le ha tocado la lotería. Puede ser que se hayan enamorado o que se hayan afiliado a una ONG.

¿Y qué ha pasado contigo?  ¿Cuál ha sido tu devenir? ¡Cómo te ves?¿En qué medida han influido los genes y en qué medida ha influido tu estilo de vida? ¿Y las personas que habitualmente te rodean? ¿Qué ha sido de ellas?

Tú sólo tienes la certeza de que todo ha pasado muy rápido. Que el tiempo ha volado. Que tu vida ha sido un pestañeo,

La película ya se ha proyectado. Y aparece el ´The end´.

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