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martes, 8 de marzo de 2016

De nuevo por Torrero


Hoy he tenido que repetir el clásico desplazamiento desde mi casa hasta el cementerio de Torrero para asistir al funeral por la madre de un amigo. Durante la marcha los hitos habituales del trayecto se desvanecen y se van quedando atrás. Atrás se queda mi casa, el puente del tercer cinturón, el estadium de Las Fuentes, Miguel Servet, Puerto Venecia... El recorrido en sí mismo constituye un símil de lo que es la vida: nada es inmutable, todo se difumina y acaba desapareciendo. Día tras día vamos dejando atrás un reguero de experiencias, interacciones sociales, disquisiciones personales, emociones, sentimientos, afectos... Todo desaparece para siempre.

Y cuando ya entras en el camposanto pasas a otra dimensión. El mundo de los difuntos, de los fallecidos, de los que ya han cubierto su cupo personal de vida. Y de sus familias, amigos y allegados. Es otro universo. Sólo de cuando en cuando nos acercamos a él. Pero siempre salimos tocados de la experiencia. Es el recuerdo del trámite que a todos nos llegará. Un día u otro. Pero ese día vendrá.

Después de los saludos y los pésames, la asistencia al funeral. Los rostros cariacontecidos de todos los presentes denotan el sentimiento de pérdida, de final de viaje. El cura se esfuerza en trasladarlos el consuelo de una mejor vida en el más allá. Me queda la duda de cuántos se acogen a esta opción. Del porcentaje de los que de verdad creen en la vida eterna.

Lo que sí tengo claro es que, de rebote, las ceremonias de despedida incrementan en mí el apego por esta vida. El deseo de disfrutarla minuto a minuto. De aprovechar al máximo el milagro de estar vivo y la posibilidad de interaccionar con los demás. Amigos, hay que aprovechar el regalo de nuestra existencia.

1 comentario:

  1. Precioso artículo, José Luís, has reflexionado muy bien sobre el periplo de la vida y el paso del tiempo, se van acumulando muchos recuerdos y fotografías porque nosotros también vamos acumulando un abundante dossier de años,... pero aún nos queda tiempo para saborear y entender lo que es la existencia. Un abrazo de Javier.

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