domingo, 6 de marzo de 2016

A los gloriosos infantes del ejército...


No sé con certeza cuántas personas se detendrán a leer esta placa colocada en las restauradas murallas de la Calle Asalto. Yo lo hice, por casualidad, hace poco y el evento suscitó en mí una serie de reflexiones.

En primer lugar me llamó la atención que las cerámicas de la placa fueran mandadas rotular por los compañeros de armas de la guarnición y no por los ciudadanos de Zaragoza. Al menos a mí me da la sensación de un cierto distanciamiento entre los militares de entonces y la ciudadanía. Encima me entero por "San Google" que la placa había sido colocada en 1958 para sustituir a la anterior de bronce (80 kilos) que se colocó en 1942 y que ¡había sido robada!

Una segunda reflexión viene a cuento de cómo se ha ido construyendo la historia de un país -y de sus ciudades y sus gentes- en base a cruentas guerras y despiadadas batallas. Así ha sido desde la antigüedad. Y la memoria de estos enfrentamientos -hasta ahora- es lo que con más insistencia se recuerda.

Pero el curso de los acontecimientos ha tomado otra dirección. Ahora las guerras se han "tecnologizado" de tal manera que ya resulta difícil establecer los bandos enfrentados y no digamos nada de las personas que participaron y dirigieron la contienda.

No creo que se de el caso pero sería muy chocante ver plasmadas en futuras placas-homenaje el recuerdo de aquel glorioso dron que con sus certeros disparos contribuyó a evitar el asalto de las tropas enemigas o el venturoso láser que apuntó con certera precisión el objetivo a abatir en la desigual batalla contra las huestes invasoras. Por no hablar de la  bomba guiada que con su eficaz estalllido destrozó con precisión las posiciones del ejército contrario. No creo que se rotulen placas con ese contenido. El sentido y significado de las guerras actuales no tiene nada que ver con lo que eran las guerras de antaño.  

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