"La verdad es la verdad aunque solo la mantenga una minoría.
Aunque esa minoría sea de uno solo."
Gandhi
Bueno, pues aquí en España, para animar a la población ya en el año 2009, Elena Salgado, a la sazón ministra de economía en el gobierno de Zapatero ya hablaba de los "brotes verdes"y de su esperanza que, en breve, iban a crecer con fuerza.
Los medios de comunicación enseguida se hicieron eco de esa terminología y pronto empezaron a utilizarla con profusión. La consigna parecía ser la de "animar a la población" después del batacazo económico derivado de las famosas "hipotecas subprime". Sin embargo, lo que vino después poco tuvo que ver con esa esperanzada previsión y -desafortunadamente- la crisis se prolongó todavía por mucho más tiempo finalizando (oficialmente) en 2014.
Es decir, que lo que se preveía que iba a durar un añito más o menos, se prolongó durante 6 años; si bien la economía española ha tardado bastantes años más en recuperar los niveles previos a la crisis en distintos ámbitos.
Bueno, pues me parece que con la nueva jerga de moda; con los famosos "rebrotes" se avecina un panorama parecido.
Muchos gobernantes han intentado insuflar ánimo a la población con la crisis del coronavirus. Algunos de ellos como Trump y Bolsonaro asegurando que el problema simplemente iba a desaparecer en poco tiempo. Pero la realidad es que el bicho se extiende de manera inmisericorde y aunque se afirma que la situación está más controlada que en la primera oleada, me temo que vamos a tener coronavirus por unos cuantos años más.
El empeño de los gobernantes en minimizar los problemas para que su prestigio -y su cargo- quede a salvo se da de bruces con la cruda realidad. Ya hemos visto como el amigo Donald ha cambiado su discurso. Me temo que, en breve, también las autoridades españolas tendrán que reconocer que la cosa no tiene visos de mejorar y que habrá que prepararse para soportar medidas más serias.
Por lo que voy viendo tanto en el plano económico como en el de la salud siempre hay que prepararse para lo peor. Las bienintencionadas manifestaciones de nuestros dirigentes es mejor ponerlas en solfa y acudir a nuestro buen juicio y al sentido común.
Esos si que no suelen fallar.