jueves, 17 de abril de 2014

Yo podría vivir en una cabaña

Sí, podría porque lo he hecho ya. Lo hice hace muuuchos años cuando no podíamos sospechar lo de la TV, los teléfonos móviles ni Internet. En aquellos remotos tiempos en los que nos alumbrábamos con la luz de un candil y el curso del día y de la noche seguía su acontecer sin necesidad de manecillas del reloj...

Comíamos el rancho caliente en una sartén apoyada en el "estruede" en silencio y armonía y bebíamos agua del "rajo", agua que se recogía de la lluvia y se decantaba en el pozo. Nos echábamos la siesta en el pajar y allí sólo se oía el revoloteo de las moscas.

Los animales domésticos nos acompañaban en estos menesteres y recibían su ración a cambio de sus servicios. Los perros vigilando la cabaña, los gatos dedicados a sus ancestrales menesteres de perseguir y capturar ratones.

Bebíamos leche de cabra, usábamos el "fiemo" de los rebaños para abonar los campos y  las caballerías estaban omnipresentes en las distintas faenas agrícolas. Nos acostábamos mirando a las estrellas y nos despertábamos con los cantos de los gallos.

El devenir de las estaciones marcaba la tipología de las tareas a realizar. Todas ellas vinculadas con la agricultura. El cultivo del cereal constituía el tamiz perceptivo que filtraba las distintas experiencias vitales...

Y ahora creo que podría vivir también así. En realidad me sobran muchos de los fatuos adornos de esta sociedad de las TICS, aunque debo confesar que no abomino de todo...

Pero yo, como muchos de mi generación, creo que no tendría mucho problema en renunciar a muchas cosas accesorias y vivir durante un tiempo como vivíamos antaño. A diferencia de las jóvenes generaciones, la impronta del esfuerzo y el sacrificio para salir adelante, nos vacunó contra los vacuos excesos y la inflacción de cachivaches...

1 comentario:

  1. Nos has regalado para tu cumpleaños un precioso artículo envuelto con un atisbo de ternura y felicidad, recuerdos y sencillez de una vida plena. Todos estos momentos algo tendrán para que vuelvan de vez en cuando a la mente y te den cierta serenidad,.... como ésta, " el cultivo del cereal constituía el tamiz perceptivo que filtraba las distintas experiencias vitales ", sí, ha sido siempre así, trigos, cebadas y campos inmensos de esperanzas y supervivencia,...éramos felices y conformados,¡¡¡ claro que podríamos vivir con una lata de sardinas y un puñao de olivas negras !!!, no necesitaríamos más. La exposición de esa forma de vida digna de un catálogo de vidas y costumbres. Un abrazo de Javier.

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