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viernes, 13 de abril de 2018

Cosmo Sapiens

Voy leyendo el libro de John Hands "Cosmo Sapiens" y no salgo de mi asombro. Con un estilo muy personal y, por supuesto, también muy documentado, el autor realiza una revisión objetiva y didáctica sobre el tema de la evolución humana desde los orígenes del universo; de tal manera que se remonta hasta "el principio" para luego irnos llevando de la mano hasta la génesis del homo sapiens.

En el primer capítulo ya plantea los enigmas que -desde siempre- se pregunta el ser humano: ¿Qué somos y por qué estamos aquí? Estos dos interrogantes han estado gravitando desde el comienzo de la civilización. Aunque no hay respuestas definitivas, poco a poco se va afinando en la resolución de estas dos cuestiones.

Varias afirmaciones del autor me han sorprendido enormemente. Como cuando señala que el "homo erectus" ya realizó migraciones a otros continentes, nada menos que hace ¡1,7 millones de años!

También me ha llamado la atención el hecho de constatar que en los humanos la selección natural en el sentido que Darwin le otorgaba digamos que se ha detenido gracias a los avances en medicina y cirugía. Como anécdota, el autor señala que , en Londres, a mediados del siglo XIX (1.850) la mitad de las personas que nacían no llegaban a la adolescencia.

De allí he pasado a pensar que nuestros padres -y nuestros abuelos- sí que fueron seleccionados por la naturaleza ya que en su niñez todavía no se había generalizado el uso de los antibióticos. En su época mucha gente fallecía y los que aguantaban el tirón se hacían muy longevos.

Especial relevancia le concede el autor a los orígenes de la autoconciencia en los humanos y al misterio que supone que sólo nuestra especie haya llegado a ese estadio. El tema de la conciencia constituye un gran misterio. No se sabe con certeza cómo se originó ni tampoco las causas de su emergencia.

En fin, que por no alargarme demasiado diré que el libro en cuestión me está impactando sobremanera. Todavía voy a mitad de lectura pero no he podido sustraerme a la tentación de leer las conclusiones finales. A las dos preguntas que el autor se hace al comienzo del libro, responde de la siguiente manera:

"La respuesta corta a la pregunta de quién somos es que, al menos por lo que sabemos hasta el momento, somos el producto inacabado de un proceso evolutivo cósmico acelerado que se caracteriza por la combinación, el aumento de complejidad y la convergencia, además de ser los agentes introspectivos de nuestra futura evolución".

¡Ahí queda eso!

viernes, 6 de abril de 2018

El descrédito de la política y las rémoras en la universidad


A cuadros me voy quedando con las últimas noticias que llegan desde la capital del reino. Ya dicen los curas que los senderos del Señor son inescrutables pero el caso de Cristina Cifuentes supera -a mi entender- todo lo que uno pudiera pensar sobre arreglos de baja estofa, apaños y chanchullos.

Vayamos por partes. En primer lugar la política de comunicación del PP con este asunto. Se deben creer que somos imbéciles. O que no tenemos entendederas. O ambas cosas. O todas las demás referidas a la comprensión de algo tan básico como la manera honrada de conseguir un título.

Todo aquel que haya cursado algún estudio recordará la sucesión de pruebas, exámenes y barreras que va urdiendo la institución educativa con la finalidad de evaluar la adquisición o no de los contenidos establecidos. Ya no hablo de si el método es el más adecuado o no. Ese es otro cantar. Pero para la mayoría de los estudiantes conseguir su ansiada titulación universitaria constituye un auténtico calvario que, en muchas ocasiones se prolonga hasta cinco o seis años.

En el caso de los másteres estaríamos hablando de uno o dos años pero por lo que yo conozco, los criterios evaluativos aplicados, en general suelen ser exigentes. O al menos eso creía. Hasta ahora.

Lo que se va averiguando de cómo han conseguido sus másteres algunos de nuestros más afanados políticos deja en entredicho muchas cosas. Y para mi gusto constituye un auténtico bombazo que está removiendo los cimientos de la sociedad española.

Porque no es sólo lo que ha ocurrido sino también -y sobretodo- la manera en que se ha pretendido taparlo.

Si algunos políticos -muchos por lo visto en el PP- creen que con unas cuantas mentirijillas se puede arreglar el asunto; van aviados. Las justificaciones torticeras y los aplausos en su convención no hacen sino desacreditar la política y aumentar la desconfianza de los ciudadanos. Afortunadamente el periodismo serio de investigación y las redes sociales van poniendo un día si y otro también a cada cual en su sitio. Los ciudadanos no somos jilipollas.

Pero tampoco la universidad es caso aparte. Algo sabíamos sobre su endogamia, sus arreglos internos, sus inercias y su soberbia. Ahora, en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, también disponemos de una prístina constancia de las corruptelas asociadas a la expedición de títulos.

La prepotencia con la que se han mostrado algunos profesores del "caso Cifuentes" constituye el indicador de las rémoras que arrastra la universidad española. Del sistema de amiguismos y favores instalado en muchas facultades universitarias. De la opacidad de sus procedimientos. De la falta de democracia interna en la institución.

En fin, yo creo que este sería un buen momento para revisar a fondo la forma y manera en que se han configurado los universos político y universitario. Y realizar una reforma en profundidad. Mirarse en el espejo de los países más adelantados en los dos ámbitos y emprender una revisión a fondo. Caiga quien caiga.

viernes, 30 de marzo de 2018

Celebración

A los humanos nos gustan las celebraciones. Y también las tradiciones. Algo mágico tendrán las distintas festividades que año tras año conmemoramos. O simplemente el hecho de recordar determinados acontecimientos históricos, de repasar de nuevo hitos o eventos que, de alguna manera se consideran más significativos en el devenir de distintas colectividades.

En el plano internacional se recuerdan determinados hitos o tópicos. Naciones Unidas conmemora un importante número de eventos a lo largo de cada año. En este enlace podéis ver una muestra de los más importantes.

En España la mayoría de las celebraciones poseen una connotación religiosa. Ahí tenemos, sin ir más lejos, el impulso que ha tomado la Semana Santa en la mayor parte de las poblaciones de nuestro país. Es llegar estas fechas y llenarse las calles de pasos y penitentes todos ellos procesionando. Lo mismo podríamos afirmar de otros muchos acontecimientos festivos a los que nos entregamos con ferviente dedicación.

Pero también se celebran acontecimientos profanos. Hechos históricos o días señalados por la razón que sea. Ahí tenemos, por ejemplo, el día de la Constitución o la Fiesta Nacional a escala de todo el país. El día de Aragón en nuestra comunidad. San Valero y el cinco de marzo en Zaragoza. Y las innumerables festividades locales en todos y cada uno de los pueblos de España.

Bajando de nivel en esta escala de conmemoración de acontecimientos pasaríamos a las fiestas de los barrios, las celebraciones familiares y el recuerdo individual de los cumpleaños de cada cual.

Está claro pues que nos encanta reencontranos, hacer piña, juntarnos con la excusa que sea para disfrutar del recuerdo de cualquier evento significado y recordarnos que, a pesar del paso del tiempo, todavía estamos vivos y que gozamos con el disfrute de la compañía de los demás.

Pero yo añadiría otro ámbito más en el campo de las celebraciones. Es el de la esfera individual. La conmemoración de determinados hechos o acontecimientos especialmente significativos para cada uno de nosotros. El logro de determinada meta, los éxitos de algún miembro de la familia, los pequeños retos finalmente superados... A nada que estemos un poco atentos un universo de celebraciones se va configurando a nuestro alrededor.

Y realizando un ejercicio de imaginación, podríamos incluso plantear el modelo "celebración ampliada" que no se restringe a un solo día sino que se alarga durante el periodo temporal que cada cual establezca. Recuerdo que cuando me iba a jubilar decreté para mi mismo dos meses de celebración con anterioridad a la fecha establecida.

Ahora mismo también me encuentro en plena celebración. He conseguido superar los 500 días sin fallar en mi aprendizaje del inglés a través de Duolingo. Un hecho del que me congratulo y que quería compartir con vosotros.

A nada que hurguemos enseguida encontraremos mil y un motivos para reafirmarnos en el disfrute de la vida, en el recuerdo de que sólo el hecho de existir constituye ya un auténtico regalo.

viernes, 23 de marzo de 2018

Sueños (II)

Quizás haya que relativizar un poco las cosas ¿Somos una maravilla o somos una mierdecilla? ¿No será que magnificamos el mundo de los humanos? ¿Acaso no sueñan también los animales? Mi perro, cuando está dormido, a veces ladra o bien emite gruñidos. Diríase que también está soñando ¿Su sueño es de inferior "categoría" que el mío?

¿Tienen los sueños de las personas algún significado? ¿Y por qué deberían tenerlo? ¡Qué empeño en buscarle significado a todo!

Vamos a apuntar a otro blanco: ¿cuál puede ser la función de los sueños? Y otro más difuso: Qué es lo que hace que noche tras noche nuestro cerebro construya tantas y tan variadas historias ¿Qué dispara el comienzo de la ensoñación y por qué se entremezcan episodios tan variados?

Por lo que dicen los libros -y por mi propia experiencia- parece claro que los acontecimientos que más nos han impactado en el ámbito emocional constituyen la materia prima de muchas ensoñaciones. Hoy mismo he soñado que seguía trabajando de profesor y que no podía hacerme con la clase. Esta noche los alumnos estaban de lo más rebelde. Señal de que, en más de una ocasión esa incertidumbre, ese impacto emocional quedó grabado en mi registro mnémico. Algo parecido me ocurre con la mili. Ahora hace tiempo que no he soñado pero en su momento era recurrente el sueño de que tenía que volver a hacer la mili.

Y también parece evidente que en muchas ocasiones los sueños discurren a través de escenas e imágenes que sólo tangencialmente podrían correlacionarse con situaciones que hayamos vivido. Más bien parecen metáforas de algo que nos haya conmovido especialmente. Freud lo diferenciaba. Hablaba de contenido manifiesto y contenido latente. Bonitas palabras que no aclaran gran cosa. Especialmente por el significado que le atribuyamos al contenido latente.

En su momento tuvo mucho predicamento el psicoanálisis y la interpretación de los sueños. Sigmund denominaba esta última técnica como la "vía regia de acceso al inconsciente". Pero yo creo que esta corriente tiene sus limitaciones. Para mi gusto no es posible demostrar de forma científica si la interpretación es correcta o no.

En la teoría de la Gestalt los sueños se entienden como proyecciones de la personalidad del sujeto que sueña y también de sus experiencias. La misión del paciente consiste en interpretar sus propias representaciones onníricas con la finalidad de averiguar el significado de las mismas y, de esta manera, al hacerlos conscientes, integrarlos a nivel personal. No me parece mala idea. Pero creo que, por esta vía cada cual echará la suya. Tampoco veo muy fiable este método.

Los hay más atrevidos. Algunos pseudoanalistas se remiten a la teoría cuántica y afirman que cuando soñamos lo que hacemos en realidad es viajar a otras dimensiones. Sí, muy bien ¿pero cómo demostrarlo?

En fin, amigos, soy consciente de que en este terreno hay más preguntas que respuestas. Lo cierto es que la buena racha que llevaba de sueños agradables hoy se ha visto truncada por el empecinamiento de mis alumnos rebeldes en importunarme. Con el agravante de que no eran dos o tres ¡Era toda la clase!

Tampoco pasa nada por no aclarar definitivamente el sentido y significado de los sueños. Cuanto más indago y profundizo en cualquier tema más preguntas me surgen. Hay que aceptar que no tenemos respuesta para todo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Sueños (I)

Ayer tuve un sueño extraordinario: me encontraba en un paraje no desconocido para mi -las cabañas de Uncastillo- pero trasformado totalmente en un bello entorno en el que primaba la decoración de los distintos rincones con paja triturada y remates en una suerte de ligera capa de cemento coloreado.

En esa localización se estaba realizando un curso de meditación y los asistentes atendían plácidamente a los dirigentes del curso -marido y mujer- que con gran entusiasmo se entregaban a sus explicaciones y dirigían las prácticas.

No me preguntéis cómo, pero el caso es que por la ilógica lógica del mundo onírico yo también estaba por allí como de extranjis tratando, eso sí, de colarme en el curso cosa que finalmente logré sin mucha dificultad.

Aceptado ya como un participante más me dediqué a realizar todos los ejercicios que iban sugiriendo los monitores en un ambiente distendido y de buena armonía.

En un determinado momento los ponentes sugirieron que cada uno de los asistentes hiciéramos una demostración de alguna destreza o habilidad personal y acto seguido cada cual desarrolló la suya.

Recuerdo que cuando llegó mi turno no vacilé ni un momento en hacer demostración de mi habilidad secreta, la que reiteradamente aparece en muchos de mis sueños: volar.

Así es que, algo trabajosamente, me así a una columna y fui poco a poco escalando hasta situarme en lo alto a la vista de los participantes en la actividad. Acto seguido me lancé al vacío con la seguridad de que -como siempre- quedaría suspendido en el aire para estupefacción de mis colegas de curso.

Ya flotando en el aire realicé varias pasadas por encima de sus cabezas avanzando como quien nada en una piscina, unas veces a braza, otras a croll y finalmente a espalda. Ni que decir tiene que mi satisfacción en esos momentos era doble: por el hecho de demostrar una destreza tan extraordinaria y por el propio placer que me proporcionaba el ejercicio.

Llegado a este punto me desperté y durante un rato estuve saboreando la agradable sensación que me había proporcionado el sueño. Y también -cómo no- tratando de buscarle un significado a su contenido.

Así que, por no alargarme, dejaré para una entrada posterior mis reflexiones respecto a este evento y, en general mis preguntas e interrogantes sobre el misterioso mundo onírico. Nos vemos pues de nuevo en "Sueños (II)"

viernes, 9 de marzo de 2018

El paso del umbral

Recientemente asistí a un taller promovido por la Asociación Antroposófica cuyo título me llamó la atención desde el principio: el paso del umbral.

La expresión hacía referencia al momento en el que abandonamos este mundo para -según ellos- pasar a otra dimensión. Se entiende, claro está, que lo que pasaría a ese otro mundo ya no sería el cuerpo físico del sujeto en cuestión sino la esencia del ser: su alma.

Durante las sesiones aparecieron -como no podía ser menos- los conceptos de alma, conciencia, vida espiritual, entidades sobrehumanas, etc. que, continuamente, sobrevolaban entre los asistentes. Se hablaba incluso de un "guardián del umbral" , una especie de ser astral de naturaleza angélica.

Yo acudí a la cita procurando ir sin prejuicios de ningún tipo, sólo escuchando y valorando lo que allí se decía para ver si encontraba un poco de luz respecto a mis propios planteamientos aunque reconozco la dificultad de modificar los esquemas y las explicaciones que cada cual tiene al respecto.

Me llamó especialmente la atención la construcción que realiza la antroposofía -según el discurso de Rudolf Steiner- de lo que ocurre después de la muerte. Y sobretodo me quedó el gran interrogante de cómo los que creen en ello pueden estar tan seguros de que sucede así. La única respuesta que encontré a mi pregunta fue la firme convicción de los interesados de que así era.

Por asociación empecé a pensar en las explicaciones que dan las distintas religiones al hecho de la muerte y al mundo del "más allá". Es un hecho universal que, desde el comienzo de la humanidad, siempre se ha buscado darle un sentido a la vida y a la muerte, pero también es cierto que hay tantos enfoques diferentes como religiones existen.

Y luego está la explicación científica. La que afirma que la conciencia reside en los miles de millones de neuronas de nuestro cerebro y que cuando falla el riego sanguíneo a este órgano, la conciencia se apaga y allí se acaba todo.

A su vez, el tema de la conciencia humana también hay que relacionarlo con la existencia de conciencia -o no- en el reino animal. Si así fuera en algunos casos ¿también pasarían los animales a otro estadio cuando terminaran su existencia terrenal? ¿acaso el cerebro de -pongamos por caso- un pajarillo, no es una auténtica maravilla cuando se examina en profundidad?

Todo esto enlaza con el misterio de la vida al que ya he hecho referencia en este blog y que tanto me intriga a mi como a millones de personas que se plantean estas cuestiones.

La pregunta clave es ¿cómo puede ser que la materia inanimada se haya autoorganizado con el devenir de millones de años y haya emergido la conciencia? Y otra cuestión de igual calado: ¿Cómo puede ser que la magnitud de la conciencia que reside en millones de seres humanos pudiera quedar borrada de un plumazo si ocurriera una catástrofe planetaria como el impacto de un asteroide o cualquier otro evento trágico a escala universal?

Esto ya ha ocurrido en tiempos pretéritos. En la extinción del Pérmico-Triásico perecieron el 96% de las especies vivas de esa época. Y han existido más extinciones masivas en nuestro planeta.

Por el momento ni la Antroposofía ni las religiones dan respuesta a mis inquietudes. Sin embargo eso no me produce ninguna sensación de vacío o desesperación como a veces se afirma desde estos ámbitos para los que no somos creyentes. Más bien al contrario, me congratulo con el regalo de la vida y asumo la inevitabilidad de la muerte. Desde mi punto de vista lo relativo de nuestra existencia y lo poco que le importamos al universo lo podríamos resumir en una frase que leí hace poco: Ninguna estrella titilará cuando yo desaparezca de este mundo.

viernes, 2 de marzo de 2018

Genial Fanfare Giocarlia

Debe ser por mis experiencias pasadas en Uncastillo. Por el impacto emocional que sentí la primera vez que me ubiqué cerca de la banda de música en las fiestas del pueblo. Por aquello que tanto se repite de la impronta vivencial de la infancia. Seguro que es por eso.

Los instrumentos de metal y viento eran mis preferidos. Pero a mi me llamaba especialmente la atención la tuba. No me digáis por qué. Yo veía al músico que la tocaba como un superhéroe. Alguien que a base de un monumental esfuerzo conseguía arrancar armoniosos sonidos gracias a la vibración de sus labios. Una especie de ungido con respecto al resto de los humanos.

Cuando la banda hacía su pasacalles toda mi ilusión consistía en caminar al lado del esforzado intérprete para sentir de primera mano la cadencia de la música. Sea como fuere el caso es que el rítmico sonido del metal soplado quedó incorporado a mis registros más primigenios y nunca más se me olvidó.

Por ese motivo cuando -casualmente- descubrí en Internet la música que interpretaban los de la Fanfare Giocarlia ya nunca me he cansado de escucharlos. Calcadica a mis más prístinas experiencias infantiles. Ejecutada con pasión y con fuerza. Como a mi me gusta.