viernes, 16 de marzo de 2018

Sueños (I)

Ayer tuve un sueño extraordinario: me encontraba en un paraje no desconocido para mi -las cabañas de Uncastillo- pero trasformado totalmente en un bello entorno en el que primaba la decoración de los distintos rincones con paja triturada y remates en una suerte de ligera capa de cemento coloreado.

En esa localización se estaba realizando un curso de meditación y los asistentes atendían plácidamente a los dirigentes del curso -marido y mujer- que con gran entusiasmo se entregaban a sus explicaciones y dirigían las prácticas.

No me preguntéis cómo, pero el caso es que por la ilógica lógica del mundo onírico yo también estaba por allí como de extranjis tratando, eso sí, de colarme en el curso cosa que finalmente logré sin mucha dificultad.

Aceptado ya como un participante más me dediqué a realizar todos los ejercicios que iban sugiriendo los monitores en un ambiente distendido y de buena armonía.

En un determinado momento los ponentes sugirieron que cada uno de los asistentes hiciéramos una demostración de alguna destreza o habilidad personal y acto seguido cada cual desarrolló la suya.

Recuerdo que cuando llegó mi turno no vacilé ni un momento en hacer demostración de mi habilidad secreta, la que reiteradamente aparece en muchos de mis sueños: volar.

Así es que, algo trabajosamente, me así a una columna y fui poco a poco escalando hasta situarme en lo alto a la vista de los participantes en la actividad. Acto seguido me lancé al vacío con la seguridad de que -como siempre- quedaría suspendido en el aire para estupefacción de mis colegas de curso.

Ya flotando en el aire realicé varias pasadas por encima de sus cabezas avanzando como quien nada en una piscina, unas veces a braza, otras a croll y finalmente a espalda. Ni que decir tiene que mi satisfacción en esos momentos era doble: por el hecho de demostrar una destreza tan extraordinaria y por el propio placer que me proporcionaba el ejercicio.

Llegado a este punto me desperté y durante un rato estuve saboreando la agradable sensación que me había proporcionado el sueño. Y también -cómo no- tratando de buscarle un significado a su contenido.

Así que, por no alargarme, dejaré para una entrada posterior mis reflexiones respecto a este evento y, en general mis preguntas e interrogantes sobre el misterioso mundo onírico. Nos vemos pues de nuevo en "Sueños (II)"

2 comentarios:

  1. El mundo de los sueños, el onirismo, el juego de la mente creando situaciones varias cuando el cuerpo duerme. Es un mundo curioso que da pie para la interpretación,; lo que te preocupa y te ronda por la cabeza suele aparecer en esas circunstancias, los miedos son muy amigos también de aparecer por estos lares con el consiguiente sobresalto. Interprete usted este tema que lo hará bien y enseñemos otra dimensión. Un abrazo José Luis.

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  2. A veces me duermo pensando en las cabañas de Uncastillo, se me había olvidado.

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