viernes, 9 de marzo de 2018

El paso del umbral

Recientemente asistí a un taller promovido por la Asociación Antroposófica cuyo título me llamó la atención desde el principio: el paso del umbral.

La expresión hacía referencia al momento en el que abandonamos este mundo para -según ellos- pasar a otra dimensión. Se entiende, claro está, que lo que pasaría a ese otro mundo ya no sería el cuerpo físico del sujeto en cuestión sino la esencia del ser: su alma.

Durante las sesiones aparecieron -como no podía ser menos- los conceptos de alma, conciencia, vida espiritual, entidades sobrehumanas, etc. que, continuamente, sobrevolaban entre los asistentes. Se hablaba incluso de un "guardián del umbral" , una especie de ser astral de naturaleza angélica.

Yo acudí a la cita procurando ir sin prejuicios de ningún tipo, sólo escuchando y valorando lo que allí se decía para ver si encontraba un poco de luz respecto a mis propios planteamientos aunque reconozco la dificultad de modificar los esquemas y las explicaciones que cada cual tiene al respecto.

Me llamó especialmente la atención la construcción que realiza la antroposofía -según el discurso de Rudolf Steiner- de lo que ocurre después de la muerte. Y sobretodo me quedó el gran interrogante de cómo los que creen en ello pueden estar tan seguros de que sucede así. La única respuesta que encontré a mi pregunta fue la firme convicción de los interesados de que así era.

Por asociación empecé a pensar en las explicaciones que dan las distintas religiones al hecho de la muerte y al mundo del "más allá". Es un hecho universal que, desde el comienzo de la humanidad, siempre se ha buscado darle un sentido a la vida y a la muerte, pero también es cierto que hay tantos enfoques diferentes como religiones existen.

Y luego está la explicación científica. La que afirma que la conciencia reside en los miles de millones de neuronas de nuestro cerebro y que cuando falla el riego sanguíneo a este órgano, la conciencia se apaga y allí se acaba todo.

A su vez, el tema de la conciencia humana también hay que relacionarlo con la existencia de conciencia -o no- en el reino animal. Si así fuera en algunos casos ¿también pasarían los animales a otro estadio cuando terminaran su existencia terrenal? ¿acaso el cerebro de -pongamos por caso- un pajarillo, no es una auténtica maravilla cuando se examina en profundidad?

Todo esto enlaza con el misterio de la vida al que ya he hecho referencia en este blog y que tanto me intriga a mi como a millones de personas que se plantean estas cuestiones.

La pregunta clave es ¿cómo puede ser que la materia inanimada se haya autoorganizado con el devenir de millones de años y haya emergido la conciencia? Y otra cuestión de igual calado: ¿Cómo puede ser que la magnitud de la conciencia que reside en millones de seres humanos pudiera quedar borrada de un plumazo si ocurriera una catástrofe planetaria como el impacto de un asteroide o cualquier otro evento trágico a escala universal?

Esto ya ha ocurrido en tiempos pretéritos. En la extinción del Pérmico-Triásico perecieron el 96% de las especies vivas de esa época. Y han existido más extinciones masivas en nuestro planeta.

Por el momento ni la Antroposofía ni las religiones dan respuesta a mis inquietudes. Sin embargo eso no me produce ninguna sensación de vacío o desesperación como a veces se afirma desde estos ámbitos para los que no somos creyentes. Más bien al contrario, me congratulo con el regalo de la vida y asumo la inevitabilidad de la muerte. Desde mi punto de vista lo relativo de nuestra existencia y lo poco que le importamos al universo lo podríamos resumir en una frase que leí hace poco: Ninguna estrella titilará cuando yo desaparezca de este mundo.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho el final de tu artículo, " Ninguna estrella titilará cuando yo desaparezca de este mundo ",.... somos una mica en el universo. Y mi oipinión, solo encuentran respuesta a lo que hay después de la muerte, los autocomplacidos y sugestionados por creencias religiosas; los científicos,.... que te voy a decir yo, respuestas escuetas,... la natura misma, el ciclo de la vida, nacer, crecer y morir, no hay más cera que la que arde, esa es su respuesta. Los demás acudimos a la llamada, ¡ venid que tengo algo que deciros sobre el paso del umbral !, y descubrimos que no hay nada nuevo que nos pueda sorprender. Tus reflexiones potentes,..." me congratulo con el regalo de la vida y asumo la inevitabilidad de la muerte".Precioso artículo ,José Luís,de mucho nivel. Saludos.

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  2. J.L yo creo que en realidad nadie cree de forma absoluta en nada de lo que planteas empezando, con toda seguridad, de cualquier explicación científica sobre el sentido de las cosas. Lo que si hemos llegado a tener algunas personas es una "certeza personal (e intrasferible)" de que las explicaciones que hemos encontrado a los misterios de la existencia tienen grandes posibilidades de ser ciertas. Personalmente ¿En que me baso para decir esto? solo en la observación y en el pensar. La maravilla, y la incoherencia , de todo esto es que todos todos estamos en el mismo barco pero cada uno podemos llevar nuestro propio camino.

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