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viernes, 6 de noviembre de 2020

Resintonizar


La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
César González-Ruano


Llevaba ya un tiempo en el que no tomaba mi tradicional porción de piña en el desayuno. Por el motivo que fuera el cuerpo no me lo pedía. No me llamaba la atención.

Compré una el otro día un poco por casualidad. Buen precio y buena presencia. Tomé un cuarto de ella ayer ¡Deliciosa!

Para mi que esta apetencias y estos desagrados tienen algo que ver con el ciclo natural del año. Es probable que mi organismo advierta que nos adentramos en el invierno y que le tengo que proporcionar una ración adicional de vitamina "C" por si las moscas. Seguro que alguna vinculación hay.

Otro hecho que advierto es que últimamente descanso mejor. Duermo casi de un tirón. Algo impensable en los calurosos meses de verano.

Al hilo de estas observaciones, me doy cuenta de que la vida en la ciudad oculta o enmascara los lógicos ciclos naturales del año. Metidos como estamos en esta artificial burbuja casi ni nos enteramos de que la luna cambia de fase; que los árboles pierden sus hojas o que algunos animales preparan su hibernación.

El petirrojo y el tordo han vuelto a mi jardín. Rebuscan entre la hojarasca bayas con las que alimentarse. Otra secuencia anual que se repite. Normalmente casi ni nos enteramos del trasiego que llevan las aves.

Ayer terminé mis últimas granadas. Hoy he acabado de recolectar los membrillos. Son frutos que encuentran su sazón por estas fechas. Ya llevo varios años llevando a cabo estos menesteres.

 La tele, el ordenador y el móvil detraen casi todo nuestro tiempo. Nos perdemos la sintonía con la  naturaleza y sus ciclos.

No te digo ya nada si alzas la mirada al cielo en un vano esfuerzo de encontrar alguna estrella. La iluminación de la ciudad ha apagado casi todas. Quizás solo alcances a visualizar el tímido brillo de Venus. Poco más.

Sin embargo yo reivindico un cielo estrellado. Como el que veía en las cálidas noches de verano en mi pueblo. Aún desconociendo lo que se ahora sobre el universo, esa mirada a las profundidades del firmamento siempre me proporcionaba una diáfana medida de lo poco que somos; de la nimiedad de nuestro planeta en contraste con las vastas extensiones interestelares.

Según me hago mayor cada vez me afianzo más en la idea de la necesidad de resintonizar. Con la madre naturaleza, con nuestro pasado, con los que hemos compartido trayecto vital, con el universo...

Quizás es un concepto un poco difuso pero algo muy dentro de mi me sugiere (o más bien me ruega) que resintonice. Y otra vocecita no menos suplicante me dice que le haga caso. 

4 comentarios:

  1. Muy buen artículo José Luis.Todo entero.Lamentablemente es así.En las ciudades nos enteramos de la estación que estamos por la ropa que nos ponemos y no se nos debe olvidar que somos naturaleza también.Un abrazo.

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  2. Gracias por tu comentario; Luis. Ya sabes que tengo muy en cuenta tus opiniones y tu criterio. Un abrazo

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  3. Eso de resintonizar está bien, haz caso a esa bocecita que nos manda a los principios.
    Llevas vida de ciudad pero sintonizas muy bien con lo que la naturaleza representa porque más bien somos gente del campo y las estrellas, en esa libertad nos criamos.
    Artículo muy sutil, Don José Luis, ha escrito, usted.
    Saludos fuertes.

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  4. Si señor. Volver a los orígenes...
    Según voy cumpliendo años, lo tengo más claro.

    ¡Un abrazo!

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