viernes, 7 de diciembre de 2018

En edad de merecer


Me encontraba yo tranquilamente leyendo el estupendo libro de Christopher Potter "Usted está aquí" -Una historia del universo- (para variar) y ya estaba enfilando el capítulo 4 "No somos el ombligo del mundo" en el que el autor se remonta a la época de Tales de Mileto y otros sabios de la antigüedad con la finalidad de describir la evolución y el recorrido del pensamiento y el razonamiento.

Línea tras línea iba leyendo un desfile de nombres y fechas todos ellos vinculados al incesante afán de la humanidad por saber; por conocer: Anaximandro, Anaxímedes, Pitágoras, Heráclito, Parmínedes, Empédocles, Leucipo, Sócrates... y toda una caterva más de sabios que vivieron en tiempos pretéritos.

Al llegar a Aristóteles reparé en una cosa: si nació en el 384 A.C. y falleció en el 322 A.C. (de enteropatía) tenía, por tanto 62 años ¡Vaya! -dije para mi mismo- Casi la misma edad que yo. Y me quedé un poco mosca.

Continué con mi lectura aunque ahora más atento a las fechas de nacimiento y muerte de los prohombres de la antigüedad (sí, es verdad, no hay mucha referencia a las féminas). Realizando las restas correspondientes descubro otros muchos filósofos y hombres sabios que también murieron en edades similares o, incluso, más jóvenes.

Allí aparecen Parménides, Empédocles y Heráclito (fallecidos con 60 años); Aristóteles (con 62); Alejandro Magno (33) ; Bocaccio (62); Tomás de Aquino (49)... y otros muchos más.

¿Cómo puede ser -me dije- que hombres tan ilustres; mentes tan privilegiadas hayan tenido una existencia tan corta?

Me voy a Google y una búsqueda rápida arroja otra ristra de personas insignes fallecidas entre los 60 y los 70 años. Carl Sagan, por ejemplo, murió a los 62 años.

Normalmente no solemos pensar en estos términos sobre gente ya desaparecida. De hecho parecería como si los personajes famosos tuvieran también derecho a un plus adicional de vida. Pues no señor. No es así. La muerte no respeta ni a los sabios ni a los famosos ni a los adinerados.

En fin -pensé-. Qué le vamos a hacer. Ya estoy en edad de merecer...   

1 comentario:

  1. Los escarbadores finos de la mente no obtienen más clemencia por parte de la naturaleza por ser quién son. Pienso que es por selección natural o por buenos hábitos, ¿ quizá cuestión de suerte ?. Hoy, la media de edad es bastante alta, y en el saquillo de las bolas,estamos todos, los de nombre y los del montón.Son otros tiempos.
    Dicen que hoy, el que tiene 63 años, es como si tuviera 43, así que,aún podemos empezar de nuevo. Un abrazo José Luís

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