viernes, 17 de agosto de 2018

Espíritu de verano (IV). Cascabelillos


Ya las ciruelas Claudia (o cascabelillos como les llamábamos en el pueblo) van madurando. Para estas fechas no me puedo sustraer a sus encantos, pero casi siempre la cosa acaba mal ya que este fruto enseguida mueve el vientre.

Recuerdo que, de niño, en una ocasión mi tío José de Tertín nos trajo unos cascabelillos al corral de Gabardilla. Como para aquel entonces casi no probábamos la fruta, yo me di un buen atracón de ciruelillas y, claro, por la noche se dejaron sentir los efectos. Ante la inminente necesidad de exonerar el vientre, tuve que salir de la cabaña y "aflojar" al raso ¡Todavía conservo la imagen de oscuridad total con la bóveda del cielo estrellado y la sensación de desahogo que experimenté!

6 comentarios:

  1. Gabriel-Luis Esteban Millán18 de agosto de 2018, 0:27

    Oh...al aire libre...double plaisir!!!

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  2. Más de una vez venía de Ubio la burra sin mi abuelo Luís, y es que se había quedado en un marguín acuciado con las urgencias de los cascabelillos de la barranquera y el animal no tenía paciencia y se marchaba.El eterno cascabelillo de chifle y miel.UN abrazo José Luís.

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  3. Gracias, amigos, por vuestros comentarios. La felicidad se compone con pequeños retazos extraídos en el cotidiano devenir. Exonerar a gusto es uno de ellos y, por supuesto, contar con vuestra amistad constituye, sin duda "un autre morceau" no menos importante ¡Sigamos disfrutando del verano!

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  4. Muy interesante Jose Luis. Un saludo desde Inglaterra. Perry y Laura

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  5. Quien pillaba esas ciruelas...aqui la fruta sabe a plastico!!!!

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