domingo, 21 de octubre de 2012

Descubriendo la naturaleza del Ebro en otoño

Día especial el de hoy. La gente asomada a los puentes para ver pasar la riada del Ebro. No ha sido gran cosa pero la crecida ha sido importante. Con las últimas lluvias se nota el aumento de caudal. Observo cierto atavismo en el comentario acalorado de los jubilados sobre si el nivel del agua supera o no al de la anterior riada. Y también en la mirada asombrada de padres e hijos que no se quieren perder la novedad de ver al río mostrando una exigua parte de su poderío.


También los turistas se han acercado a los barandales para contemplar las túrbidas aguas discurrir con bravura anegando sotos y riberas. Todo el mundo se ha echado hoy a la calle aprovechando la tregua que nos dan las nubes después de unos días de intensa descarga.

El viernes descubrí, por casualidad, que se organizaban unos paseos informativos para conocer mejor el Ebro y, ni corto ni perezoso, hoy me he encaminado hacia el Centro Ambiental del Ebro para participar en la visita guiada.


Primera sorpresa: la nutrida afluencia de padres jóvenes con niños de todas las edades, todos ellos muy interesados en las explicaciones del guía. Sorpresa muy agradable por cuanto parece que ya las nuevas generaciones se van concienciando de la importancia de una temprana educación medioambiental.


La segunda sorpresa me la he llevado al escuchar las amenas y entretenidas explicaciones del guía y las actividades que llevaba preparadas para los más pequeños. Todas ellas me han parecido muy bien planteadas y programadas.

El recorrido realizado también ha resultado muy ajustado al grupo participante. La importante avenida de agua ha resultado, así mismo, favorecedora de la observación de las aves pues muchas de ellas se encontraban en la orilla, alejadas de la corriente. Así, hemos podido observar ánades reales, cotorras, un martín pescador, un nido de pájaro moscón y... por supuesto, las sempiternas palomas.

Hemos tenido también ocasión de visualizar la porquería y suciedad que se acumulan en los desagües que, todavía vierten en el río. La foto atestigua que todavía dista mucho hasta que, de verdad, seamos respetuosos con el padre Ebro.


La duración del recorrido me ha parecido un poco ajustada. Bien es cierto que no conviene sobrepasar el umbral de mantenimiento de la atención de los más pequeños. Con todo, lo más básico ha sido expuesto y descrito con minuciosidad. Desde luego la labor de los voluntarios de Voluntarríos hay que apreciarla y agradecerla.


Finalizado el trayecto, he tomado de nuevo mi bicicleta y he regresado a casa. Como en anteriores crónicas de eventos pasados, recomiento vivamente la realización de esta actividad. Especialmente para padres jóvenes con niños pequeños. Se lo pasarán de maravilla. Sólo hay que presentarse a las 11:30 en el Centro Ambiental del Ebro que se encuentra en la margen derecha del puente de la Almozara. Ningún otro requisito adicional es necesario. ¡Ah, sí! las ganas de disfrutar y ser amante de la naturaleza.  

1 comentario:

  1. ¡¡¡Que rebeldía, la del río Riguel !!!, mohino, tranquilo, profesor de natación y de vez en cuando se despierta cabreado,...conocimientos in situ.El local de medio ambiente proyecta natura, está muy bien gestionado, la gente vive mucho los entornos de la ciudad y son muy profesionales. Un abrazo de Javier.

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