viernes, 22 de junio de 2018

Mis hijicos


No se si os habrá pasado a vosotros pero en ocasiones la vida te otorga una visión, un fogonazo, un "insight" donde, por un momento, determinadas cuestiones se te ofrecen con una claridad prístina.

Eso, precisamente, me ocurrió ayer cuando afanosamente me empeñaba en llenar con agua un bidón que sirve de recipiente para el riego de unas plantas que tengo por el monte.

Ayer me di cuenta que sin mis esfuerzos, sin mis afanes, las plantas, sencillamente, perecerían.

Yo mismo me he impuesto la tarea de mantenerlas con vida para lo cual, periódicamente, tengo que vigilar si el riego automático funciona bien; tengo que quitar las malas hierbas, tengo que abonar con cierta periodicidad, podar cuando sea necesario, etc.

Con los árboles frutales la tarea no es menos exigente. Ahora en verano hay que regarlos semanalmente y abonar con cierta frecuencia; eliminar hierbas y acondicionar los alcorques.

En el jardín de casa la situación viene a ser la misma. Hay que estar muy pendiente porque cuando falla algún asunto vital para el desarrollo de los vegetales, las plantas se secan y mueren.

Y qué decir de las macetas de la entrada de casa. Todavía más atención para que luzcan verdes y se desarrollen en todo su esplendor.

Pero es que con las colmenas la labor no es menos exigente: visitarlas periódicamente, supervisar la actividad de la varroa o la polilla, comprobar si la población está sana y fuerte y aportar una reina nueva en caso de deceso.

Yo, la verdad, es que me ufano con mis logros y me siento recompensado cuando las cosas marchan correctamente. Conozco al dedillo la historia y evolución de todas y cada una de las plantas o de las colmenas que vigilo y el estadio en el que se encuentran y realizo ímprobos esfuerzos para que salgan adelante.

No se muy bien lo que me mueve a tener esta conducta. Lo que me queda claro es que estoy atendiendo a una cohorte de seres vivos que bien podría decirse que constituyen mi familia ampliada.

Las atiendo, las alimento, estoy al tanto de su evolución y me alegro de sus logros.

Sí, las plantas y las colmenas vienen a ser como mis hijicos.

3 comentarios:

  1. Bella historia de atenciones y complicidad. Todo lo que está a tu cargo en tu dia a día, lo hermoseas y lo cuidas, le das dignidad, es tu gran obra apostolar llena de complicidad.! Que suerte tienen los seres que te rodean ! Saludos de Javier.


    ResponderEliminar
  2. Que soy yo otra vez, el desconocido,he hecho mal el protocolo de comentarios, y me vuelvo a presentar.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, señor desconocido... un poco de anonimato no viene mal de vez en cuando...

    ResponderEliminar