domingo, 14 de agosto de 2011

Turismo... ¿sostenible?

Me surje la pregunta después de constatar que el recorrido del domingo, para llegar a Bezas (y la vuelta) han supuesto la realización de 410 km; un consumo de gasolina de 24,6 litros; una emisión de CO2 a la atmósfera de 57,81 kg (141 g de CO2 por Km)... ¡y la movilización de un vehículo de 1.480 kg de peso para transportar a 2 personas!

Creo que es la primera vez que me planteo la visita a otro emplazamiento en estos términos y, desde luego, me ha sorprendido el resultado del cálculo de los kilogramos de dióxido de carbono vertidos a la atmósfera.

Claro que, cuando subo al pueblo a visitar a mi padre, también recorro unos 200 km (correspondientes a 29 kg de CO2).

Por otra parte, dado el estilo de vida actual, para llegar a tiempo a los puntos de encuentro, es prácticamente obligado trasladarse en coche particular. Quizás lo que habrá que hacer es aprovechar al máximo las plazas disponibles para el viaje....

Bueno, pues aquí queda la reflexión y el emplazamiento para idear sistemas de trasporte que sean menos agresivos siempre que se pueda. Pasemos ahora a reseñar -si quiera brevemente- lo que dio de sí la jornada.

La primera anécdota del viaje fue la atropellada llegada al centro de interpretación de Dornaque. Por una confusión (mía) en las indicaciones telefónicas del guía en la consulta llevada a cabo días atrás, no tomamos el desvío adecuado y ya enfilábamos la autovía en dirección a Valencia, debiendo salir apresuradamente por "Teruel sur". Después de algunas rotondas y varios desvíos fallidos, al final una amable pareja de turolenses nos encarriló hacia San Blas y El Campillo, poblaciones de paso obligado para llegar a la ansiada meta de Bezas.

Llegamos con un cuarto de hora de retraso (las 10:45) pero Andrés (el amable y encantador guía que iba a dirigir el grupo), restó importancia al incidente y todavía nos dedicó una pequeña introducción explicándonos pormenores de la Sierra de Albarracín.

En ese momento éramos cuatro visitantes. Posteriormente se añadió al grupo una familia compuesta por los padres y dos hijos. En total 8 personas y el guía.

Como la hora ya iba avanzando, en lugar de realizar el recorrido circular, nos dirigimos con los coches directamente a la entrada al barranco de Las Tabladas para poder ver lo más representativo del lugar.

En primer lugar descendimos hasta llegar al arroyo de Bezas cuyas aguas rojizas denotaban el arrastre sedimentario del rodeno debido a la tormenta del día anterior; cruzamos un puente y ya los postes indicadores nos avisaban de la presencia de pinturas rupestres perfiladas por quién sabe qué artista del neolítico miles de años atrás.

Iniciamos a continuación el ascenso al barranco a buen paso. De cuando en cuando, el guía solicitaba nuestra atención: huellas de animales (garduña (fuina), corzo...), vegetación: pino rodeno, emplazamientos rupestres al abrigo de las moles de rodeno, alguna rana...

El paisaje precioso; el silencio impresionante y las moles rocosas con su peculiar color rojizo, dominando siempre desde las alturas. Cada cierto tiempo aparecía un nuevo recoveco, un enclave, un paraje más peculiar que el anterior.

Llegamos por fin al mirador del barranco y, después de las fotos de rigor, descansamos un rato departiendo relajadamente entre todos los participantes.

Se hizo la hora de iniciar el regreso por el mismo camino. La perspectiva cambiante, tanto por el avance del día como por el distinto ángulo de incidencia solar y el grupo animado y haciendo buena gana para comer.

Sobre las 13:40 ya estábamos de nuevo en la carretera, a la entrada del barranco. Andrés y el resto de los asistentes se despidieron y nosotros decidimos descender de nuevo al arroyo para comer allí los bocadillos que habíamos preparado. Aprovechamos muy bien ese tiempo de descanso y comimos con buen apetito. Los tradicionales bocadillos de tortilla y jamón cumplieron dignamente con el cometido de saciar nuestra hambre. Las cervezas acompañaron la refección. Unos ingenuos paraguayos desempeñaron el papel de broche final de la colación. No hubo siesta por que el cielo estaba encapotado y, de mutuo acuerdo, se decidió que era mejor tomarnos un café en Bezas.

Lo del café no pudo ser porque el único establecimiento hostelero de Bezas al que nos encaminamos estaba colapsado por un bullicioso grupo de comensales. Debido a todo el ajetreo, nosotros éramos transparentes para el único camarero que vimos en el local.

Nos fuimos de allí algo contrariados y constatando de nuevo que en muchos negocios de Teruel se echa en falta la necesaria atención y deferencia hacia el público que reclama una buena gestión de cualquier empresa.

Al final el café tuvo que materializarse en Teruel capital y con la vista puesta en el coche porque estaba aparcado en zona prohibida. Justo al acabar el café la presencia de los guardias municipales nos sirivió de excusa para iniciar el camino de vuelta a Zaragoza.

Se estaba mejor dentro del coche, con el aire acondicionado, que soportando afuera los rigores del verano. El viaje de regreso quedó acortado al entablar animado debate sobre la situación económica del país, la desvergüenza de algunos políticos y los abusos de los bancos. Temas todos ellos recurrentes estos días y que sin embargo, al igual que en los pinares de Rodeno siempre aparece un nuevo enfoque, una nueva perspectiva, un hecho no analizado anteriormente....

1 comentario:

  1. No hay que irse a Nueva YOrk o a la lejana Siberia, para ver rincones preciosos, los tenemos cerca de casa, casi, casi, te asomas a la ventana y te vienen los aromas cercanos, sólo hace falta coger el coche y producir un poco de Co2, un poco sólo, para recrear la vista y presentar este dossier tan bonito de Bezas, nosotros los de aquí,nos conformamos con tu reportaje y tus reflexiones,.Un abrazo de Javier.

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