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viernes, 18 de mayo de 2018

¡Lo que me pida el cuerpo!

Pasados ya los 63, muy recuperado del ictus y después de haber disfrutado ya tres años de jubilación, veo como poco a poco una nueva filosofía de vida se va imponiendo en mi devenir diario.

Aparentemente sencilla, pero con una gran profundidad y repleta de sabiduría. Basada en el sosiego y la tranquilidad; en la escucha activa y el sentido común. Ahora, ante cualquier duda sobre cómo actuar en un momento determinado; si acudo o no a algún evento; si llamo a fulano o a mengano o si me debo levantar más pronto o más tarde, ahora, digo, lo que procede es preguntarme: ¿qué me pide el cuerpo?

Podéis argüir -y os doy la razón- que con una pregunta tan simple no voy a resolver de un plumazo todos mis asuntos diarios. Pero, la verdad, yo sólo puedo hablar de mi experiencia en estos últimos meses y los resultados no pueden ser más satisfactorios.

Aprender a responder a la interpelación puede parecer sencillo, pero requiere cierto entrenamiento. Es necesario, en primer lugar responder con sinceridad -con el corazón en la mano- y no dejarse llevar por convencionalismos fútiles. Sólo contestando con franqueza encontraremos la luz.

También es conveniente realizar un ejercicio de "desapasionamiento" ante determinados interrogantes. Si condimentamos con demasiada emoción, el guiso se nos puede pasar de fuego. Conviene, por tanto, tomar cierta distancia con los planteamientos.

Y no olvidar que "lo que  me pide el cuerpo" puede cambiar de un momento para otro. Hay que adquirir una cierta destreza para detectar esos cambios de opinión de nuestro cuerpo.

Haced un ensayo y dedicar un día (o una mañana si queréis) a hacer lo que el cuerpo os pida. Si tenéis un poco de paciencia, os aseguro que más pronto que tarde vais a descubrir un universo inédito de posibilidades. Y si le cogéis gusto, veréis como no tardaréis en aplicar este aforismo a muchos momentos de vuestra vida.

... Y aquí me detengo, porque lo que me pide ahora el cuerpo es ¡darme un paseo por el monte!

Un saludo, peripleros. A disfrutar a tope lo que queda de mayo.

viernes, 11 de mayo de 2018

En busca de la trascendencia

"La superstición -en forma de mitos y creencias religiosas que surgen de la ignorancia de las leyes de la naturaleza o del temor a lo desconocido y que ahora sabemos que entra en conflicto con evidencias sólidas- se ha inculcado en la humanidad a lo largo de más de mil generaciones.

No es de extrañar que su influencia siga siendo tan fuerte y generalizada hoy en día y que siga siendo un formidable competidor de la razón y la revelación en los intentos de responder las principales preguntas de la existencia humana". (Extraído del libro "Cosmo Sapiens" de John Hands)

Muchas personas de mi generación hemos vivido la infancia bajo el paraguas de la religión católica. El que esto escribe ejerció de monaguillo durante varios años y vivió en primera persona la sucesión de rituales, ceremonias, rezos y cánticos asociados al calendario católico. Muchas horas invertidas en rezar, en "ad tertiams y ad nonams" y en aprender de memoria el catecismo. Muchas, muuuchas horas.

Los hubo que fueron reclutados por los avistadores de los colegios de frailes o de los seminarios y cuya vida también quedó marcada por esa experiencia. En los pueblos, en los años sesenta, la educación en un centro religioso era la opción más indicada para intentar ascender de estrato social.

Bueno, el caso es que un montón de gente dedica o ha dedicado una buena parte de su vida a dar curso a sus creencias religiosas ya sea desde el islamismo, el budismo, el hinduismo, el catolicismo o cualquiera de las múltiples religiones existentes en la tierra.

El ser humano se aferra a cualquier creencia que le sirva para explicar, de alguna manera, el misterio y el sentido de nuestra existencia. Necesitamos explicaciones de los interrogantes de la vida. Deseamos trascender. Aún a sabiendas de que la elección de una vía supone, automáticamente desechar todas las demás ¿Quién tiene la razón?

El caso es que lo que a mi me llama la atención son los caminos tan diferentes que cada cual emplea para dar con esa explicación.

Sólo entre mis amigos y conocidos la situación no puede ser más variopinta. Veamos:

JC es un fiel seguidor de la Antroposofía. Entre otras cosas, creen en la reencarnación y en la existencia de distintas esferas después de la muerte. También en la existencia de seres parecidos a los ángeles. En palabras de Rudolf Steiner -su fundador-"La Antroposofía es un camino cognitivo, que busca conducir lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el universo".

JM es más partidario de la filosofía oriental. Practica el taoísmo y la meditación. Normalmente se le ve contento. Parece que le sirve.

JN es católico convencido. De los de ir a misa todos los domingos. Su formación científica no ha supuesto ningún impedimento para seguir la doctrina de la Iglesia.

H es musulmán. De rezo diario y visita al menos una vez en su vida a La Meca. El Corán es su manual de referencia.

MD es más partidario de creer en la existencia de seres venidos de otros planeta. Según él muchos de ellos estarían en este momento interaccionando -para bien o para mal- con los terrícolas.

Y yo me pregunto... ¿Quién tiene la razón? Porque tendría narices vivir toda una vida convencido de algo erróneo.

Por lo que a mi respecta diré que hace tiempo que he dejado atrás mis creencias de la infancia. En gran medida gracias al acceso habitual a Internet.Como bien dice John Hands las sólidas evidencias científicas echan por tierra la práctica totalidad de las religiones. Sus explicaciones sobre el ser humano y lo que ocurre después de la muerte, sencillamente no son creíbles.

Eso no quita para que un día si y otro también no me interrogue por los misterios de la vida y de la muerte, la grandiosidad del universo y la maravilla de lo más diminuto.

Lo reconozco. Yo también -a mi estilo- busco trascender.

viernes, 4 de mayo de 2018

Elogio del DIY

Ya perdonaréis que utilice este acrónimo pero me ha parecido una buena excusa para tratar de algo a lo que siempre me he dedicado, pero ahora, si cabe, con más intensidad.

Me refiero a la conocida expresión inglesa "Do it yourself" (Hágalo usted mismo). Una corriente que como bien sabéis todavía se ha incrementado más -si cabe- en los últimos tiempos.

Bueno, pues el caso es que en mi experiencia personal yo sólo podría hacer elogios de esta tendencia.

Y como siempre, habría que acudir a la niñez para explicar este deseo irrefrenable de hacer cosas, de transformar el mundo a mi estilo.

Mi padre -agricultor- fue para mi el modelo de amor por la naturaleza y dedicación y empeño por cultivar la tierra. Yo observaba su abnegación y entrega a su tarea y yo le ayudaba en los esfuerzos por sacar los cultivos adelante. El escenario habitual de mi infancia -y adolescencia- fue el entorno natural. De ahí me ha quedado siempre la misión de disponer de una parcela de terreno, trasformarla y cultivarla.

Mi abuelo paterno era carpintero. Durante unos años viví con ellos y también me sirvió de referencia para asimilar la trasformación de la madera en bruto en tablones y, posteriormente en muebles, puertas, ventanas y demás artículos propios de su oficio.

El padre de mi amigo Javier Garín era el herrero del pueblo. Dado su carácter afable y campechano y mi amistad con su hijo, yo siempre tenía abiertas las puertas de la herrería. Mi infinita curiosidad por el funcionamiento de las máquinas y los procesos que en el taller se llevaban a cabo, quedó bien colmada gracias a las explicaciones de Garín y las horas que pasamos juntos enfrascados siempre en algún proyecto.

Después estudié formación profesional y aprendí el oficio de tornero. Trabajé varios años en un taller de mecanizado. Esa experiencia me familiarizó con la mecánica de precisión, el mecanizado y las máquinas-herramientas.

Aprendí también algunas nociones básicas de electricidad por mi cuenta y riesgo. Siempre que tenía ocasión aprovechaba para experimentar y habituarme con el mundo de los enchufes, los conmutadores y los interruptores.

Mi cuñado es ingeniero de telecomunicación. Él me introdujo en el mundo de la electrónica y aquello fue un gran descubrimiento para mi. También durante un periodo dediqué mi tiempo libre a la construcción de ingenios electrónicos.

Durante unos años -ya de casado- vivimos con la familia en una urbanización de Muel. Compramos una parcela de terreno y, excepto la casa, prácticamente todo el acondicionamiento de la parcela lo realizamos conjuntamente con mi señora. Esa experiencia me sirvió para descubrir y explorar los mundos de la albañilería, la fontanería y el riego por aspersión.

Ahora que como jubilado dispongo de tiempo, puedo dedicarme a practicar todas estas destrezas y a plasmar en multitud de proyectos lo que aprendí en su momento ¡Qué suerte!

Gracias a la realización de estas actividades creo haber alcanzado otro estadio. He llegado a la conclusión de que lo que emprendo no es sino una prolongación de mi personalidad, de mi yo. Me congratulo cuando una solera me ha quedado bien, cuando compruebo que la instalación eléctrica funciona, que el sistema de recogida de agua es eficiente o cuando veo crecer sanos y fuertes los árboles frutales. Muchos son los ámbitos en los que me atrevo a "meter mano" y grande es el desafío intelectual cuando hay que solventar algún problema. Eso me resulta muy estimulante.

Soy consciente de mi ignorancia en muchos campos. Me encantaría construirme mi propio teléfono móvil, la televisión o un ordenador potente. Pero allí ya me he perdido. La tecnología de las telecomunicaciones es tan compleja que queda fuera de mi entendimiento y de las personas de a pie.

Y también comprendo que mi dedicación a estas aficiones ha sido en detrimento de áreas más artísticas como la música, la pintura, la poesía u otras bellas artes. Ese "gap" lo procuro rellenar relacionándome con amigos duchos en esos ámbitos.

El concretar uno mismo sus propios proyectos supone, a mi entender, un potente refuerzo del  auto concepto y una potenciación de la actividad física e intelectual y, lo que es más importante, pone freno de manera natural a la tendencia innata al pesimismo que tiene la mente del ocioso, de la persona desocupada.

¡¡¡Larga vida al DIY!!!




 

viernes, 27 de abril de 2018

Requiem por un vivero

Hace poco pasé por lo que antes eran Viveros Sopesens. Ya sabía que habían cerrado, pero en esta ocasión me sorprendió  el estado de abandono y total desvalimiento en el que han quedado las plantas que allí se alojaban.

Los especímenes que antaño eran mimados y cuidados con tanto esmero han quedado ahora a merced de las inclemencias del tiempo. La protección que les ofrecían los recubrimientos de plástico se ha ido deteriorando y degradando progresivamente. El riego por goteo y por aspersión de antaño ha desaparecido. Otro tipo de vegetación ha tomado el mando y ha ido desplazando sin piedad a las plantitas que tantos cuidados requerían.

No pude menos que sentir un escalofrío al contemplar el lamentable estado de las instalaciones. En un segundo vinieron a mi mente todas y cada una de las visitas que, en su momento, realicé acompañado de personas relevantes para mi. Disfrutábamos de lo lindo observando los floridos geranios, las amables margaritas, las alegrías, la verbena, los vistosos coleos, las fragantes rosas...

También las aromáticas eran saludadas. Ellas nos correspondían obsequiándonos con sus variopintas fragancias. La visita a los frutales era, asimismo, obligada...

Aquel universo vegetal siempre sorprendente formaba ya parte de mi mundo personal. Constituía una prolongación de mis querencias y mis anhelos más profundos...

Ahora todo se ha venido al traste. En el momento que fallan los cuidados el entorno inicia una progresiva degradación y se establece la ley del más fuerte. Atrás quedan los mil y un recuerdos de todas las personas que en su momento visitaron Sopesens disfrutando de la paz que allí se respiraba. Y los lazos afectivos que, con toda seguridad, allí se establecieron también se han diluido.

El ser humano busca el orden, la armonía, el equilibrio, la tranquilidad... Y un vivero bien cuidado y regentado ayuda en buena manera a lograr estos estados de ánimo. Por contra, tendemos a huir de la disonancia, la estridencia la inestabilidad y el alboroto.

¡Qué pena que haya cerrado Sopesens!







viernes, 20 de abril de 2018

Spring again

Mi asombro no sale de mi. El ciclo se repite y cada año, por estas fechas, vivo con entusiasmo la llegada de la primavera.

Lo que más me llama la atención son las flores. El paisaje colorido que parece reclamar la atención de la vista. Y la percepción ligada a experiencias de la infancia.

Llega en primer lugar la aliaga (allaga en uncastillero) y su amarillo rotundo es todo un toque de atención para los sentidos. Principalmente para la vista. Cuando el monte poco a poco va despertando de su largo letargo invernal, no te esperas ese colorido tan resplandeciente por aquí y por allá. El moteado amarillento contrasta con los tonos grisáceos que dominan el resto del año. El ciclo empieza de nuevo.

Luego está el romero y el tomillo. Las afables aromáticas. Amigas inseparables del colmenero sensible. Las abejas se vuelven locas cuando las primeras flores comienzan a despuntar.

Echo en falta el espliego. No lo veo por los lares zaragozanos. ¿Será el clima más seco? ¿la altitud? ¿el terreno calizo?

Menos mal que la avezada sensibilidad de mi amigo Basilio me ha descubierto la salvia. No me conozco muy bien su ciclo. Habrá que seguirle la pista.

Hay otro montón de plantas que no tengo controladas. Espero, con el tiempo, aprender a conocerlas y saber respetarlas.

Mientras tanto el ganado apícola ya se ha puesto en marcha. Al ritmo que marca la estación de la primavera. Este año ha venido muy bueno. Ha llovido mucho y el monte está estupendo. Las colonias se han puesto como locas y han comenzado a criar realeras. El ancestral impulso de extender la especie tanto como se pueda. La excitación del enjambrazón.

No es que las abejas constituyan una metáfora de la vida. Ellas mismas son la vida.













viernes, 13 de abril de 2018

Cosmo Sapiens

Voy leyendo el libro de John Hands "Cosmo Sapiens" y no salgo de mi asombro. Con un estilo muy personal y, por supuesto, también muy documentado, el autor realiza una revisión objetiva y didáctica sobre el tema de la evolución humana desde los orígenes del universo; de tal manera que se remonta hasta "el principio" para luego irnos llevando de la mano hasta la génesis del homo sapiens.

En el primer capítulo ya plantea los enigmas que -desde siempre- se pregunta el ser humano: ¿Qué somos y por qué estamos aquí? Estos dos interrogantes han estado gravitando desde el comienzo de la civilización. Aunque no hay respuestas definitivas, poco a poco se va afinando en la resolución de estas dos cuestiones.

Varias afirmaciones del autor me han sorprendido enormemente. Como cuando señala que el "homo erectus" ya realizó migraciones a otros continentes, nada menos que hace ¡1,7 millones de años!

También me ha llamado la atención el hecho de constatar que en los humanos la selección natural en el sentido que Darwin le otorgaba digamos que se ha detenido gracias a los avances en medicina y cirugía. Como anécdota, el autor señala que , en Londres, a mediados del siglo XIX (1.850) la mitad de las personas que nacían no llegaban a la adolescencia.

De allí he pasado a pensar que nuestros padres -y nuestros abuelos- sí que fueron seleccionados por la naturaleza ya que en su niñez todavía no se había generalizado el uso de los antibióticos. En su época mucha gente fallecía y los que aguantaban el tirón se hacían muy longevos.

Especial relevancia le concede el autor a los orígenes de la autoconciencia en los humanos y al misterio que supone que sólo nuestra especie haya llegado a ese estadio. El tema de la conciencia constituye un gran misterio. No se sabe con certeza cómo se originó ni tampoco las causas de su emergencia.

En fin, que por no alargarme demasiado diré que el libro en cuestión me está impactando sobremanera. Todavía voy a mitad de lectura pero no he podido sustraerme a la tentación de leer las conclusiones finales. A las dos preguntas que el autor se hace al comienzo del libro, responde de la siguiente manera:

"La respuesta corta a la pregunta de quién somos es que, al menos por lo que sabemos hasta el momento, somos el producto inacabado de un proceso evolutivo cósmico acelerado que se caracteriza por la combinación, el aumento de complejidad y la convergencia, además de ser los agentes introspectivos de nuestra futura evolución".

¡Ahí queda eso!

viernes, 6 de abril de 2018

El descrédito de la política y las rémoras en la universidad


A cuadros me voy quedando con las últimas noticias que llegan desde la capital del reino. Ya dicen los curas que los senderos del Señor son inescrutables pero el caso de Cristina Cifuentes supera -a mi entender- todo lo que uno pudiera pensar sobre arreglos de baja estofa, apaños y chanchullos.

Vayamos por partes. En primer lugar la política de comunicación del PP con este asunto. Se deben creer que somos imbéciles. O que no tenemos entendederas. O ambas cosas. O todas las demás referidas a la comprensión de algo tan básico como la manera honrada de conseguir un título.

Todo aquel que haya cursado algún estudio recordará la sucesión de pruebas, exámenes y barreras que va urdiendo la institución educativa con la finalidad de evaluar la adquisición o no de los contenidos establecidos. Ya no hablo de si el método es el más adecuado o no. Ese es otro cantar. Pero para la mayoría de los estudiantes conseguir su ansiada titulación universitaria constituye un auténtico calvario que, en muchas ocasiones se prolonga hasta cinco o seis años.

En el caso de los másteres estaríamos hablando de uno o dos años pero por lo que yo conozco, los criterios evaluativos aplicados, en general suelen ser exigentes. O al menos eso creía. Hasta ahora.

Lo que se va averiguando de cómo han conseguido sus másteres algunos de nuestros más afanados políticos deja en entredicho muchas cosas. Y para mi gusto constituye un auténtico bombazo que está removiendo los cimientos de la sociedad española.

Porque no es sólo lo que ha ocurrido sino también -y sobretodo- la manera en que se ha pretendido taparlo.

Si algunos políticos -muchos por lo visto en el PP- creen que con unas cuantas mentirijillas se puede arreglar el asunto; van aviados. Las justificaciones torticeras y los aplausos en su convención no hacen sino desacreditar la política y aumentar la desconfianza de los ciudadanos. Afortunadamente el periodismo serio de investigación y las redes sociales van poniendo un día si y otro también a cada cual en su sitio. Los ciudadanos no somos jilipollas.

Pero tampoco la universidad es caso aparte. Algo sabíamos sobre su endogamia, sus arreglos internos, sus inercias y su soberbia. Ahora, en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, también disponemos de una prístina constancia de las corruptelas asociadas a la expedición de títulos.

La prepotencia con la que se han mostrado algunos profesores del "caso Cifuentes" constituye el indicador de las rémoras que arrastra la universidad española. Del sistema de amiguismos y favores instalado en muchas facultades universitarias. De la opacidad de sus procedimientos. De la falta de democracia interna en la institución.

En fin, yo creo que este sería un buen momento para revisar a fondo la forma y manera en que se han configurado los universos político y universitario. Y realizar una reforma en profundidad. Mirarse en el espejo de los países más adelantados en los dos ámbitos y emprender una revisión a fondo. Caiga quien caiga.