domingo, 11 de septiembre de 2011

Del dicho al hecho hay un trecho

Y... efectivamente, un trecho es lo que separa el Soto de Cantalobos del Canal Imperial y las esclusas de Valdegurriana. En esta ocasión un total de 7 personas y un perro (Nemo) hemos participado en la actividad (4 adultos y 3 gente menuda). La charla distendida y el disfrute de la naturaleza han sido la moneda de uso durante la salida. El día ha acompañado aunque a eso de las 13 horas ya se notaba el inclemente calor de este inmisericorde inicio de septiembre.

 Sobre las 9:10 salíamos de la Plaza de la Albada. Estaba prevista la asistencia de otros participantes que mostraron su interés por la andada pero, finalmente el sueño o los cambios de planes han limitado a siete la nómina de caminantes.

Charlando y caminando tranquilamente, casi sin darnos ni cuenta hemos atravesado el Parque de Oriente y cruzado el azud y, enseguida hemos enfilado el camino de la Cartuja el cual a su vez lo hemos dejado a unos 500 metros de su inicio, virando a la izquierda para adentrarnos en Cantalobos.

Los chicos más jóvenes tenían ganas de hablar y no ha faltado conversación. Se ha hablado de lo divino y de lo humano y, sobretodo Pedro, ha desplegado a fondo su locuacidad para contarnos una y otra vez anécdotas de su Polonia natal.

El Soto no atraviesa precisamente por su mejor momento. La "pertinaz sequía" a la que ya aludían los NODOS en tiempos de Franco, se ha reproducido este año en los meses de agosto y lo que llevamos de septiembre. A pesar de encontrarnos en la orilla derecha del padre Ebro, la bajada de caudal es notoria y los vegetales se resienten ante esa falta de agua.

Hemos observado muchas hojas secas por el suelo y pocas aves han salido a nuestro paso. Nada que ver con la sinfonía de trinos, gorgoritos y gorgeos habitual por estos lares en primavera. Aún con todo la zona todavía mantenía una temperatura más fresquita que en el "exterior", hecho que hemos agradecido todos los excursionistas.

Llegados al punto en el que el sendero ya se termina, hemos dado media vuelta, atravesado una acequia aprovechando unos árboles secos y, finalmente nos hemos sentado para descansar y acometer las ralas provisiones. Fotos por aquí y por allá y la cháchara de los jóvenes continuaba destilando el buen humor que se ha mantenido durante toda la jornada.

Hemos accedido de nuevo al camino de La Cartuja. La circulación de bicis era intensa y en más de una ocasión hemos debido ceder apresuradamente el paso a fugaces ciclistas con poca consideración hacia los peatones.

Al llegar al final del puente que atraviesa el Ebro, hemos optado por dejar el camino principal con la intención de llegar con más rapidez a la carretera de Castellón. Hemos atravesado un amplio túnel realizando en el mismo prácticas de eco y comprobado que no podíamos pasar directamente a la carretera porque lo impedían unas vallas. He sacado el mapa de Google que nos encaminaba hacia la derecha (en dirección a la ciudad) y hemos seguido esa ruta.

Finalmente una pasarela peatonal nos ha permitido acceder al lado derecho de la carretera y, atravesando la rotoda, encarrilarnos hacia el Camino de San Antonio por el cual se sube hasta el canal.

Por el camino de subida hemos divisado varios puntos de interés: un circuito de karting, un almacén de bioquemadores y unas higueras que nos han ofrecido gratuitamente sus frutos.

Llegados a la altura del canal, hemos acometido la segunda parte del circuito virando a la izquierda y recorriéndolo por el camino de la orilla. A esas alturas mi podómetro ya marcaba 9,5 km recorridos y llevábamos unas tres horas de caminata.

Las esclusas estaban un poco más lejos de lo que yo había imaginado. Por eso el título de esta entrada. Todavía quedaba un trecho hasta la magna obra ideada por Pignatelli (y materializada por desconocidos obreros cuyo nombre y vidas quedaron para siempre en el anonimato). Allí hemos llegado sólo los varones pues la niña más pequeña se ha quedado con su madre porque ya comenzaba a cansarse.

Nueva toma de fotos en las esclusas para dejar constancia del logro de nuestro objetivo y rápido regreso por el mismo camino porque la hora también caminaba y el calor comenzaba a apretar. Nuestra idea era tomar el 39 en La Paz y no hemos caído que los canes no están autorizados para viajar en bus, así es que Juan ha debido retornar a pie mientras el resto continúabamos el camino hacia Torrero.

Hemos llegado un poco cansados al barrio y todavía hemos debido continuar hasta la Avenida América ya que la parada del 39 se ubica al lado de la antigua cárcel. Afortunadamente, enseguida ha llegado el bus y, en un plis plas nos hemos presentado en el barrio de La Jota.

En síntesis: jornada muy amena y divertida, aderezada por los comentarios y chascarrillos de los jóvenes participantes. Para la próxima salida hay que especificar con más detalle los kilómetros a recorrer, el tiempo previsto de duración del recorrido, si hay que ir provistos o no de bonobús y la observación de que los perros no pueden viajar en el trasporte urbano.

1 comentario:

  1. La labor bien hecha, el llegar después de una actividad, aunque sea cansado, merece la pena. Queda mucho por descubrir en las orillas del Ebro, pero lo bueno es que la gente se ha identificado con él y con la conveniencia de cuidarlo, al menos los que tienen cierta sensiilidad. Un abrazo de Javier.

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