Hubo un tiempo en el que lo racional primaba de forma aplastante sobre lo emocional. Los programas y contenidos educativos aludían, por lo general a la lógica y al razonamiento obviando los componentes afectivos.
Afortunadamente este divorcio va camino de solucionarse. Cada vez son más los autores y estudiosos que señalan la trascendencia del mundo emocional para abordar de forma eficaz los retos que nos plantea la vida.
Y es que no puede ser de otra manera. A nada que nos pongamos a pensar en nuestro propio devenir diario, veremos cómo las emociones están tiñendo constantemente conductas y comportamientos propios y ajenos.
Vivir con el corazón y vivir de corazón. Dando vía libre a nuestros afectos y empatizando también con los demás. Poniendo de nuestra parte lo que haga falta para contribuir a la felicidad de los demás. Afinando nuestra intuición y desplegando las antenas para captar el rico mundo emocional que nos ofrece la relación interpersonal, el contacto con los demás.
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