Este original descubrimiento desató una secuencia de pensamientos centrados todos ellos en la vida animal, la sucesión de las estaciones y el respeto que le debemos a los animales salvajes. Y todas las reflexiones confluyeron en una firme voluntad de no molestar al animal, de respetar sus ciclos.
Cuando leo en Wikipedia que los erizos no han cambiado mucho en los últimos 15 millones de años, la ternura que, ya de por sí, me despierta el animal, se transforma en admiración.
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