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lunes, 29 de febrero de 2016

El saludo

Llevo unos días preguntándome por la utilidad del saludo y de las despedidas. Algo tan sencillo como decir "Hola, buenas" o "Adios, hasta luego". Y reconozco que el detonante de esta interpelación ha sido el vivir recientemente situaciones en las que me he encontrado con personas que no saludan ni tampoco se despiden.

Aunque muchos de ellos suelen ser jóvenes, no me referiré en exclusiva a este sector de población. El omitir los saludos o las despedidas afecta a todas las franjas de edad.
Y creo que las fórmulas de cortesía tienen su sentido, sirven para mucho.

Son una forma de iniciar  la conversación, de intercambiar puntos de vista. Suponen una facilitación del comienzo del intercambio de información o de la expresión de nuestros sentimientos, posibilitan la empatía, el conocimiento de nuestros iguales, la aceptación del otro....

Y lo mejor de todo es que no tienen coste alguno. Son gratuitas.

Creo que -por comodidad- se han ido dejando de lado las fórmulas de cortesía. Un empobrecimiento de recursos y capacidades comunicativas de muchos individuos. Y me da la impresión de que bastantes ni siquiera son conscientes de padecer tal déficit. No lo hacen a mala idea.

Dado el poder de modelado de las televisiones, quizás con su apoyo se podrían realizar campañas de civismo para concienciar a la población sobre la utilidad de los saludos. 

No veo, sin embargo que las cosas lleven esos derroteros. Más bien al contrario.

domingo, 28 de febrero de 2016

Sobre la pobreza


Caminar por la calle y ver algún indigente. Encontrarte de frente con el mendigo que habitualmente pide limosna en la esquina de siempre. Ver cómo a determinadas horas ya hay personas rebuscando alimentos en la basura. Varias chabolas que se han erigido en un solar abandonado. Ciudadanos que realizan su particular recorrido en bicicleta con los útiles de escarbar entre los desechos que arrojamos a los contenedores....


Son imágenes habituales. Ya casi nos hemos acomodado a ellas. Las hemos integrado en nuestra cotidianidad. No nos llaman la atención.

Pero una sociedad avanzada debería disponer de sistemas afinados de detección de urgencias sociales. Cada pobre representa lo que representa: la incapacidad del sistema para atender las demandas más urgentes de la población. Algo inadmisible.

Soy consciente de lo mucho que se ha avanzado y, desde luego, hay que agradecer la intensísima labor que realizan muchas organizaciones benéficas. Pero todavía quedan "flecos". Todavía hay personas que diariamente nos recuerdan la urgencia de solucionar, de forma definitiva, los casos de pobreza extrema.

sábado, 27 de febrero de 2016

Los olvidos


Hace ya unos años que me suele ocurrir con frecuencia. Un acto tan sencillo como olvidar las llaves de casa y no encontrarlas, o no saber dónde he dejado el monedero, o, peor aún no tener localizado el móvil, me produce al instante una gran inquietud.

La incertidumbre de ignorar el emplazamiento de algo,  de no saber dónde lo he dejado genera en mí una importante frustración. Y he observado que con el tiempo la intensidad de esta emoción se va incrementando. Parece como si mi cerebro se negara a aceptar la indeterminación, la alteración del orden natural de las cosas, la intriga de saber si aparecerán o se desvanecerán para siempre.

Quizás sean esquemas de pensamiento asociados a la edad. O a lo mejor se trata de una búsqueda inconsciente de armonía y organización. Lo que sí sé con seguridad es que debería acotar este rasgo de mi personalidad y tratar de controlar los extravíos.

viernes, 26 de febrero de 2016

Tanta insistencia me mosquea

Periódicamente -como otros tantos usuarios de Internet- recibo mensajitos de Facebook o de Linkedin instándome a unirme a otras personas que, supuestamente, estarían interesados en contactar conmigo. De ordinario no hago mucho caso a tales sugerencias. Más bien me muestro cauto en el establecimiento de nuevos contactos.

La insistencia de estas compañías en que cada vez nos interconectemos con más personas me inspira cierto recelo. No creo que lo hagan por altruismo. Algo tiene que haber detrás. Y no hay que ser muy listo para adivinarlo. Todas ellas practican lo que se ha dado en llamar "minería de datos". Cuantos más datos posean de sus usuarios más pueden afinar en el perfil de determinados segmentos de potenciales compradores. Y más pueden exigir a sus anunciantes al presentarles una información tan elaborada.

Debo decir que a mi no me suponen una molestia los avisos. Y seguro que hay alguna vía para desactivarlos. Lo que de verdad me llama la atención es el empeño que ponen en que nos interconectemos cada vez más.

Creo que, como contrapunto, no estaría de más concretar una semana -o mejor un mes- de desconexión total de las redes sociales. Para tomar aire. Para vislumbrar otros paisajes.

Quizás con esa deprivación estimular de mensajes recuperemos el encanto de, por ejemplo, llamar por teléfono, charlar personalmente o sencillamente escuchar el trino de los pajarillos.

jueves, 25 de febrero de 2016

Resquicios del pasado


Realmente, gracias a las explicaciones de mi amigo Serafín y a las conferencias del profesor Andreu, me voy haciendo cargo de que la arqueología es una ciencia difícil -compleja diría yo- y también apasionante. Requiere, de momento, de un profundo conocimiento histórico y de un completo dominio del devenir de los acontecimientos para enmarcarlos en la época en la que se supone que ocurrieron.

Pero también hay que desarrollar la intuición y plantear posibles hipótesis explicativas sobre lo que se va sacando a la luz, conectar unos datos con otros, emplear el razonamiento inductivo y el deductivo y, finalmente proponer una explicación razonable que de sentido a todas las informaciones que se van recabando.

Me da la impresión que si no se manejan con cuidado los descubrimientos se puede correr el peligro de no acertar en lo que realmente significan o, directamente de malinterpretar los datos. Por eso hay que ser cuidadosos y emplear en lo posible el método científico para no aventurar hipótesis descabelladas.

Aún con todo, siempre habrá huecos a lagunas en la descripción que se realice. Es muy complicado explicar todas las facetas de las realizaciones y las interacciones humanas de hace 2.000 años. Y no digamos nada de los empeños -y los anhelos- de las gentes que por entonces vivieron.

En la foto superior os muestro algunos fragmentos de cerámica que he encontrado en mi terreno de Villamayor. Seguramente provenientes de platos o jarras empleados en su momento. Algo es algo. Pero no tengo ni idea de por qué llegaron a romperse. Para qué se empleaban realmente. Quién los fabricó y en qué fechas. Cuál era su precio, etc. Y tampoco tenemos ninguna referencia de los afanes y sentimientos de los que emplearon estos útiles ¡Desconocemos casi todo!

martes, 23 de febrero de 2016

Apuntarse a una ONG

Llevaba mucho tiempo diciéndolo pero nunca veía el momento. Siempre hay alguna tarea más importante a realizar y se va dejando para más adelante la necesidad de concretar nuestra solidaridad con los demás. La tendencia es irlo retrasando.

Pero hace unos días, por fin, di el paso. Nos hemos apuntado a UNICEF y mensualmente aportaremos una cantidad.

Muy amables, ayer me contestaban agradeciendo nuesta aportación e indicándonos los niños que se podrán vacunar del sarampión gracias a nuestra pequeña ayuda. Me ha impresionado el dato. Realmente, si cada familia materializara su solidaridad en la medida de sus posibilidades, poco a poco podríamos mejorar el mundo.