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viernes, 28 de julio de 2017

Algo está pasando

No me fijaré sólo en el abrasador mes de junio que hemos sufrido. Ni en las ya repetidas olas de calor con las que nos está "obsequiando" el verano.


Tampoco me remitiré a los telediarios por mucho que me hayan llamado la atención varias noticias relacionadas con la climatología. Lo saben bien en Rubielos de Mora donde presenciaron atónitos un auténtico bombardeo de granizo del tamaño de pelotas de tenis.

No. Repararé en lo sutil, en lo cercano, en lo que no se dice en los medios de comunicación pasando, por tanto, inadvertido.

Y pasaré a relatar lo intrigante. Inquietante también. Sospechoso diría yo.


Como por ejemplo que este año no se ven baucinos por el castillo ni por las iglesias del pueblo. Una vuelta por los alrededores a las cinco de la tarde y el silencio te sobrecoge. Nada que ver con la algarabía de hace unos años.

El pozo de la Pesquera desaparecido. También el del Peñazo, de la Tejería y otros muchos que ahora están cubiertos de un espeso carrizal. Un débil hilillo de agua discurre por lo que antaño era el vigoroso cauce del río Riguel. En algunos tramos ni siquiera eso. Ni rastro de vida acuática. Tampoco se oyen los abejeros. Aquí el silencio también lo cubre todo.


La uva de la parra de mi jardín abrasada. Nunca había visto nada igual. Las hormigas han desistido en su intento de asaltar, como otros años, los -antaño- jugosos granos de uva. También están desapareciendo.

Tres botones de muestra, amigos, que nos están intentando comunicar algo. Que no son noticia pero que a mi entender nos trasladan un mensaje muy nítido: nos estamos cargando el planeta.  

viernes, 21 de julio de 2017

Polica


Le prometí que escribiría una entrada en este blog dedicada a su libro y no puedo faltar a mi palabra. Lo hago además con mucho agrado porque, desde siempre, Francisco Alcubierre me ha parecido una persona generosa tanto en el trato como en su sistema de valores construido a base de trabajo, respeto, esfuerzo y tesón.


Ya disponía de una primera edición de su librito que, en su momento, leí con sumo interés. Me pareció entonces una estupenda recopilación de experiencias y recuerdos del autor aderezada con un minucioso registro de profesiones, topónimos, refranes, corrales, apodos y otros datos de interés referidos a Uncastillo.

Por fortuna, recientemente el mismo autor pasó por mi casa para regalarme un segundo ejemplar del libro. En esta segunda edición "revisada y ampliada" todavía se aportan más datos y se ha mejorado la calidad de las fotografías. Si no hubiera sido por "Polica" esta valiosísima información hubiera caído en el olvido. 

Pero lo que considero más enternecedor es el capítulo dedicado a su vida en el que de una forma sencilla pero muy acertada realiza un repaso de lo que ha sido su devenir vital y rememora a sus abuelos, sus padres y su familia en general.

Cuando sólo contaba con 10 años ya estaba trabajando de pastor, oficio que desempeñó hasta los 28 y que, según mi parecer, marcó de forma indeleble su personalidad. Con posterioridad se tuvo que desplazar a Zaragoza donde realizó trabajos muy variados. Sin embargo, como a todos los hijos del pueblo, la época que más le influyó y de la que más información aporta es su infancia y juventud en el pueblo. 

Con un lenguaje sencillo e intimista, el autor desgrana sus recuerdos y vivencias y , cual notario, registra los datos más valiosos de los que guarda memoria. Debo confesar que en varios puntos de sus escritos he llegado a emocionarme, máxime al ver reflejados en el libro los nombres de mi abuelo José Caudevilla (carpintero) y de mi madre Encarna (comercio) así como el corral del Caracol en Gabardilla.

Desde estas líneas te felicito sinceramente, Francisco. Tu libro constituye una meritoria aportación y un documento etnográfico de primer orden. Y su contenido refleja de forma fehaciente que siempre has sido una excelente persona ¡Enhorabuena!

viernes, 14 de julio de 2017

Las cabañas


Si algo nos encantaba de niños, en el pueblo, era hacernos cabañas. Tener la propia cabaña era como disponer del certificado de independencia que acreditaba que podías vivir a tu antojo y por ende contar con un lugar común de referencia para toda la pandilla.

La cabaña venía a ser como el refugio en el que organizar un nuevo estilo de vida con tus amigos. Una oportunidad para disfrutar de un estilo de vida libre e independiente en compañía de tus colegas de toda la vida.


En nuestra imaginación infantil la cabaña era algo así como un palacio aunque, en realidad no pasara de ser un muro construido con piedras recogidas por los alrededores. Cualquier cueva servía con tal de que hubiera suficiente hueco para sus moradores. Y el colmo era que, además de la tosca entrada, la cabaña dispusiera de "horno".

A veces otras pandillas "nos atacaban" y derribaban la cabaña, lo cual suponía una gran decepción para todo el grupo. Estas peleillas venían a ser como un remedo de las disputas territoriales que desde siempre han mantenido los grupos humanos.


Hace poco visité el emplazamiento donde, con los amigos, construimos nuestra cabaña.


 Las zarzas lo han invadido todo y una pertinaz vegetación se ha adueñado del lugar aunque las vistas siguen siendo magníficas Sin embargo a pesar de los cambios y de los años transcurridos, de repente, miles de emociones, imágenes e historias pasaron por mi mente. Por un instante que no se cuanto duró, de nuevo me vi trasportado a aquellos tiempos felices.

Lo que ahora, con ojos de adulto pueda parecer un lugar inhóspito, en mis años de niñez era la mismísima representación del paraíso.

Esta entrada se la dedico a Javier Cay, José Luis Navarro, Jesús Caudevilla y a mi primo Pablo Rived. Junto a todos ellos pasé momentos inolvidables en "Las cabañas"

viernes, 7 de julio de 2017

Los feriantes

Han vuelto. Al igual que llevan haciéndolo durante años, también éste los feriantes han vuelto a instalar sus atracciones en el barrio.

Y por unos días la calle Miguel Asso se llena de bullicio y algarabía. La gente menuda, sobretodo, disfruta de lo lindo pero también los adolescentes aprovechan la ocasión para juntarse, alternar y dedicarse al atávico juego del cortejo.

Cada atracción es, en sí misma un mundo. Tenemos por un lado a Los Vengadores (The Avengers), una especie de plato gigante inclinado en el que los usuarios ponen a prueba su capacidad de aguante a los frenéticos giros del aparatejo.

Luego están las camas elásticas que hacen las delicias de los más pequeños ya que les sirve para poner a prueba sus habilidades motrices y de equilibrio. Está también la inefable tómbola, que  aprovecha la proverbial ingenuidad humana para dejar de lado lo que la teoría de probabilidades hace tiempo que ha confirmado.

Tenemos asimismo la atracción de los toros. Constituye una especie de ritual de inicio para los jovenzanos que quieren demostrar su capacidad de aguante a los embites de la máquina. El trenecito de la bruja, el carrusel, las casetas del tiro...

El ser humano presenta, a mi entender dos necesidades. Por una parte la repetición del ciclo anual en la forma que fuere. Por otra la necesidad de ponerse a prueba, de llevar al límite sus capacidades de fuerza, coordinación y equilibrio.

Cuando veo los preparativos de la instalación y el ajetreo de los feriantes no puedo menos que recordar tiempos pasados. Y me acuerdo de "las barcas". Unos columpios con forma de nave que se instalaban en el pueblo unos días antes de que comenzaran las fiestas. Todo un acontecimiento para los mozalbetes.

viernes, 30 de junio de 2017

Un arácnido en mi jardín


Ahí la tenéis. Quieta, como petrificada. Atenta -supongo yo- al más mínimo tirón de alguno de los innumerables hilillos de seda de su elaborada tela de araña.

No sé como apareció en el jardín ni tampoco por qué se vio impelida a construir su trampa entre las hojas del limonero pero lo que me causa asombro es su -si podemos llamarle así- paciencia y su tenacidad.

Pasan las horas y discurren los días. Y todavía no he visto a la araña de mi jardín en acción. Supongo que de algo se alimentará. Quizás de insectos invisibles a mis ojos. No lo sé con certeza.

El caso es que son varias cosas las que me intrigan aparte de la quietud de la protagonista: el nombre del espécimen, el color de su pelaje, su extraño porte, sus hábitos alimenticios, su ciclo vital...

No sé si existirán o no universos paralelos ocultos a nuestras capacidades perceptivas pero lo que sí puedo afirmar es la existencia, a nuestro alrededor de miles de formas de vida cuyo devenir vital pasa habitualmente inadvertido. 

Observando la huésped de mi jardín comprendo el infatigable esfuerzo que, desde hace siglos, dedica el ser humano al entendimiento del medio natural

viernes, 23 de junio de 2017

El dentista y la conciencia

Esta mañana he estado en el dentista. La visita se ha alargado más de lo previsto porque ya se sabe que en cuanto empiezan a hurgar en la boca... salen más cosas de las que uno hubiera esperado.

El caso es que el rol de paciente del dentista da para mucho. Y las horas muertas que tienes que pasarte con la boca abierta y sin poder hablar, se prestan al ir y venir de los pensamientos (no voy a decir a la reflexión).

La mente comienza por una observación simple (¡vaya ruido que hace el aspirador de saliva!), por ejemplo y, a continuación se van encadenando sucesivos pensamientos que te conducen hasta vaya usted a saber qué recuerdo de tal o cual situación.

Hoy he realizado varios procesos metacognitivos analizando el curso y el contenido de mis pensamientos. La mayoría de ellos conectados con recuerdos de la infancia o de la adolescencia. Ni rastro de cogniciones sobre el trabajo o sobre mi etapa adulta.

En qué momento se dispara la neurona que da origen a estos recorridos mentales y el por qué de esta activación es un auténtico misterio. Por qué elegimos un curso de pensamiento en lugar de otros muchos que también podrían establecerse también se ignora. Podríamos decir que la conciencia de cada uno es, en su totalidad, un auténtico enigma.

Una última reflexión: 
Ernest Becker, comentando al filósofo danés Kierkegaard, caracterizó la conciencia en cierta ocasión de la siguiente manera:

¿Qué significa ser un animal autoconsciente? La idea es ridícula, si no monstruosa. Significa saber que a uno se lo comerán los gusanos. He ahí el horror; haber surgido de la nada, tener nombre, consciencia de uno mismo, profundos sentimientos interiores y un intenso anhelo de vida y autoexpresión... y con todo y con eso, tener que morir. 

viernes, 16 de junio de 2017

Calor

Estos días las temperaturas están alcanzando cifras de récord. Los telediarios se llenan la boca contándonos las desventuras de los ciudadanos y todos estamos muy pendientes del hombre (o mujer) del tiempo.

Yo recuerdo mis años mozos cuando iba al campo con mi padre. Seguro que también hacía calor en verano, pero la cosa se vivía de otra manera, con más naturalidad y también con más encaje. Con el sombrero de paja y el botijo se resolvían las situaciones. Y de vez en cuando, durante la siega, una jota para espantar al astro rey.

Ahora da la sensación de que tengamos que vivir a temperatura constante. Los aires acondicionados no dan tregua. Tanto en los domicilios como en los coches. No soportamos ya temperaturas por encima de los 24 grados...

Lo mismo ocurre con las vacaciones. De niño, en el pueblo, recuerdo que ni siquiera existía ese concepto. En verano era cuando más se trabajaba y era impensable dejarlo todo y desplazarse a otro lugar solo a holgazanear. Existía, eso sí, la expresión "los veraneantes" referida a los hijos e hijas del pueblo que se habían ido a la ciudad y volvían a su pueblo en el mes de permiso en el trabajo...

De manera que, me da la impresión que nos hemos ido poco a poco haciendo más enclenques, menos adaptables a los cambios y a los desafíos de la vida. Es verdad que cuando conoces lo bueno, es muy complicado volver a lo anterior. Esto sería de aplicación para la calefacción y el agua caliente, el teléfono móvil, el frigorífico, la televisión, el ordenador y cientos y cientos de cachivaches que han ido colonizando nuestros hogares ¿qué ocurriría si un día no pudiéramos contar con ellos?

No digo que sea mejor prescindir de los adelantos. Más bien pienso que los hemos de utilizar con mesura.