El día 14-2-12 tuvo lugar la segunda blogquedada. La reunión se realizó en el Centro Cívico "Distrito 14" del barrio de La Jota en Zaragoza. En esta ocasión triplicamos el número de asistentes de la blogquedada anterior. Para más información, visita el enlace Blogquedadas en esta misma página.Translate
viernes, 17 de febrero de 2012
Segunda blogquedada. Triplicamos la asistencia
El día 14-2-12 tuvo lugar la segunda blogquedada. La reunión se realizó en el Centro Cívico "Distrito 14" del barrio de La Jota en Zaragoza. En esta ocasión triplicamos el número de asistentes de la blogquedada anterior. Para más información, visita el enlace Blogquedadas en esta misma página.domingo, 12 de febrero de 2012
Secuestrados
Me ha costado este fin de semana encontrar una actividad acorde con el espíritu y la línea de actuación de El Periplo. La oferta era rala y la tentación de ir al carnaval de San Juan de Plan se ha visto muy condicionada por la expectativa de las malas condiciones climatológicas y -porqué no decirlo- el actual precio de los combustibles fósiles. Tampoco me atraía mucho la exposición de Warhol y no digamos ya nada de las citas gastronómicas o la oferta musical.
Las cerca de dos horas que duró el gamberro espectáculo de improvisación teatral se me hicieron cortas, cortísimas. Los protagonistas supieron conectar con las emociones de los asistentes, sintonizaron estupendamente con las expectativas de pasar una velada agradable y divertida. A pesar de lo atrevido de sus intervenciones, en ningún momento se sobrepasaron con la gente.
Resumiendo: una obra que recomiendo vivamente a todo el que quiera pasar un rato agradable y divertido. También se lo recomiendo al que quiera buscar mensajes de fondo sobre la juventud y la actual situación de crisis. No hace falta cavar muy hondo para encontrar grandes tesoros en esta genial representación del Teatro Indigesto.
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| Iluminación nocturna del Teatro del Mercado |
Así que he optado por el mal menor: elegir una obra de teatro con buena pinta y acudir a verla. Sin remirar mucho me apunté a la obra "Secuestrados" que se representa en el Teatro del Mercado. La cita era el sábado día 10 a las 9:30 de la noche.
Omito los detalles referidos al intenso frío y desapacible viento zaragozano. También omito la referencia a mi habitual relativismo temporal: llegué a las 8, creyendo que la obra empezaba a las 8:30. Como siempre, el disponer de dos horas de margen, me dio mucho juego ya que, para hacer tiempo, me dirigí a los lugares habituales: el Vips para leer calentito y gratuitamente algunos artículos de revistas que me interesan: Investigación y Ciencia y Redes y, posteriormente a la Casa del libro donde me pude poner al día respecto a las novedades en astronomía y física cuántica: un nuevo libro de Brian Green (que hubiera adquirido bien a gusto) y otro de una física americana que también tenía muy buena pinta. Asimismo ojeé los últimos manuales de Manuel Niño Becerra y de Leopoldo Abadía.
Total que se me hicieron enseguida las 9 y de nuevo retorné a la calle Mayoral, puerta de entrada al Teatro del Mercado cuando vienes desde Conde Aranda.
Ya se había concentrado un buen número de espectadores -jóvenes- en la puerta y, para mi sorpresa, el grupo era nutrido, desmintiendo así mi hipótesis de que "sólo cuatro gatos vendrán a ver esta obra".
Me acomodé en mi asiento -fácil de recordar- fila 5 asiento 5 y preparé mi móvil para tomar alguna instantánea. Para entonces la sala ya estaba llena a rebosar, como he dicho antes, con parejitas jóvenes en su mayoría.
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| Buena fila y mejor asiento |
Debo reconocer que el comienzo del espectáculo no me hizo presagiar nada bueno. Por un momento pensé que se trataba de un remedo de la teleserie "Aida" ya que los primeros chistes y comentarios de los dos únicos actores presentes en el escenario me parecieron de lo más vacuo. Me veía también un poco fuera de onda pues, en estos inicios, no entendía cómo la gente reía algunas supuestas gracias que a mí me parecían bastante inconsistentes.
Sin embargo, a los pocos minutos ya me encontraba totalmente entregado al magnífico desempeño y saber hacer de los dos principales protagonistas: La Juani y El Rafita, interpretados magistralmente por Encarni Corrales y J. J. Sánchez. Ambos desplegaron tal cantidad de registros interpretativos y frescura en su actuación que era inevitable entregarse y participar de lleno en su espectáculo.
Porque esa fue otra constante de la obra: la interacción continua con los espectadores y la utilización de historias personales e informaciones de los asistentes para recrearlas posteriormente en el escenario, dándoles una nueva y creativa dimensión a los datos recogidos.
En ningún momento decayó mi interés por la representación y, hubo muchos ratos que me reí bien a gusto. También hubo alguno en el que temí que Encarni o JJ se metieran conmigo ya que pasaron en varias ocasiones cerca de mi butaca buscando presas fáciles entre los asistentes. Afortunadamente, la cosa no pasó de un susto y fue, sobretodo, una pareja de Gallur, la que más juego les dio a los dos actores.
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| El Rafa y La Juani en acción |
Me sorprendieron muy favorablemente varios momentos de la obra en los que La Juani y El Rafita echaron mano de su gran creatividad y capacidad de improvisación: el "gag" de la petición de pizza y bebidas para toda la sala y su posterior consumo y el de la grabación on line con cámara de vídeo y proyección en gran pantalla en el escenario. Reconozco que ambas situaciones me cogieron desprevenido y, por eso mismo, disfruté mucho con ellas.
Las cerca de dos horas que duró el gamberro espectáculo de improvisación teatral se me hicieron cortas, cortísimas. Los protagonistas supieron conectar con las emociones de los asistentes, sintonizaron estupendamente con las expectativas de pasar una velada agradable y divertida. A pesar de lo atrevido de sus intervenciones, en ningún momento se sobrepasaron con la gente.
Resumiendo: una obra que recomiendo vivamente a todo el que quiera pasar un rato agradable y divertido. También se lo recomiendo al que quiera buscar mensajes de fondo sobre la juventud y la actual situación de crisis. No hace falta cavar muy hondo para encontrar grandes tesoros en esta genial representación del Teatro Indigesto.
domingo, 5 de febrero de 2012
Fiesta de las grullas. Reencuentro con el invierno
La previsión de frío y nevadas para el fin de semana (no le llamaré a esto "mal tiempo") no me ha impactado especialmente. El viernes tomé la decisión de acudir al evento "La fiesta de las grullas" y, en principio, también me iba a acompañar mi señora. Finalmente, el tema del llamado "mal tiempo" ha hecho que mi esposa haya decidido quedarse en casa.
El recorrido hasta el centro de interpretación de la reserva natural de La Laguna de Gallocanta no ha tenido una relevancia especial: desde Zaragoza, por la autovía mudéjar hasta Calamocha, de allí a Tornos y antes de llegar a Bello se ubica el centro.
He tomado el camino que conduce hacia el Observatorio de La Reguera, con la emoción de pasear bajo una nevada intensísima. Todo el campo estaba ya cubierto con un manto de respetable grosor y la media hora, aproximada de caminata me ha servido para resarcirme del soso invierno Zaragozano y sentir de nuevo el helador contacto níveo. Ni qué decir tiene que las huellas que iba dejando en mi caminar, se cubrían rápidamente con nuevas aportaciones del blanco elemento, aún así he confiado en que quedaría algún resquicio o señal de mi paso con el fin de no perderme a la vuelta.
Entre unas cosas y otras se ha hecho la hora de comer. Siguiendo los consejos de la guía del centro, me he encaminado hacia Gallocanta y arribado, finalmente, al albergue donde también se sirven comidas.
De nuevo en solitario, he procedido al yantar constituido, en esta ocasión, de judías blancas con oreja de cerdo, codornices y un flan de postre. A pesar de ser comida para acompañar con vino he declinado su ingesta y he preferido agua mineral. El camarero, un tanto distante y el comedor vacío hay que imputarlos al "debe" de la experiencia gastronómica. La falta de música ambiental y el ruido producido -sin pudor alguno- por mesas y sillas en movimiento para preparar la colocación de un grupo que iba a venir han degradado un poco más, si cabe, lo que podía haber constituido un excelente broche de la excursión por la nieve.
Así es que no he perdido mucho tiempo en despedirme de los regidores del albergue y, de nuevo me he introducido en el Yaris para iniciar el viaje de regreso a casa.
Al llegar a Berrueco se ha producido una situación de cierta confusión pues ya no se veía prácticamente el indicador de la carretera hacia Tornos. Eso ha motivado que, al maniobrar para tomar la dirección adecuada, el coche haya patinado ostensiblemente en varias ocasiones. Afortunadamente la cosa se ha quedado sólo en el susto y, ya encaminado hacia Tornos, conduciendo con mucha precaución, he conseguido salir a la carretera que conduce a Calamocha.
Todavía ha sido necesario parar en Longares para echar una cabezada pues la digestión de las judías restaba sangre y oxígeno a mi cerebro. Subsanada la incidencia, he reemprendido el viaje y llegado felizmente a mi hogar.
La temperatura en la ciudad rozaba los 10 grados. Yo venía de los -2. Dicen que los cambios son buenos para apreciar lo que tienes. Desde luego hay que agradecer el calorcillo de la calefacción, pero pasar frío y recordar de vez en cuando otras sensaciones de la niñez también sirve para reencontrarte con retazos de tu pasado, con esos anclajes que nos recuerdan quiénes somos y nos hacen tirar para delante.
domingo, 29 de enero de 2012
San Valero 2012 ¡Una doble de museos!
Una banda de música desafiaba el aire y el frío mañanero y se arrancaba con una alegre melodía. Las vendedoras de roscón ya habían ocupado sus emplazamientos y una generosa cola de personas esperaba la oportuna orden para tomar una porción del preciado -gratuito- manjar repostero.
Por mi parte, me he encaminado rápido a las puertas del ayuntamiento en la creencia que las visitas guiadas comenzaban a las 9. Un señor de 78 años muy bien llevados -el único presente en la fila- me ha advertido del subsanable error, pues las visitas, según me ha dicho, comenzaban a las 10.
De nuevo nos hemos sorprendido muy gratamente cuando al llegar al despacho del alcalde, el propio Juan Alberto Belloch se ha ofrecido para explicarnos las particularidades de su lugar habitual de trabajo. Con muy buenas habilidades didácticas nos ha comentado el hallazgo y restauración de la mesa de su despacho, del siglo XIX, dos de las medallas otorgadas a la ciudad: la de San Sebastián y la de Soria, el busto de Goya, el artesonado del techo, etc, etc.
Yo, mientras tanto, aprovechaba esta inusitada oportunidad para tomar varios vídeos con las explicaciones del regidor de la ciudad, e incluso he aprovechado para que un señor del grupo, muy majo, nos sacara también a mí y al alcalde.
El munícipe se ha despedido y la visita ha continuado según los cánones establecidos. Para finalizar, se nos ha mostrado la sala de recepciones y, en la misma, era de notar el curioso detalle de los cuadros de todos los alcaldes, que han sido, de Zaragoza desde el siglo XIX. Curiosamente, faltaba el de Belloch, aunque luego he pensado que el boceto no se pergeñará hasta que termine definitivamente su mandato.
La guía nos ha sugerido, amablemente, ir descendiendo las escalinatas de acceso a la primera planta y, finalmente, se ha despedido de nosotros pues ya estaba un nuevo grupo preparado para la visita.
Me he encaminado luego al museo del puerto fluvial de Caesaraugusta ya que, al ser San Valero, la entrada era gratuita y allí me he admirado de la imponente obra que se adivina al contemplar los cimientos de lo que, en su momento, fue un monumental conjunto que formaba parte del foro de la ciudad. Las dimensiones de los basamentos de las pilastras y las escalinatas que comunicaban con los muelles del puerto dan, igualmente, fe de la magnífica obra desarrollada en sus inicios, al menos, por los soldados de las legiones VI Victrix y X Gémina, fundadoras, junto con la IV Macedónica, de Caesaraugusta.
Desde la Plaza San Bruno me he desplazado a la calle San Juan y San Pedro, donde se ubica el otro pequeño museo también muy interesante: el de las termas públicas. Allí los vestigios son más escasos pero con todo, se adivinan perfectamente -gracias a la restauración- los restos de lo que fueron unas letrinas y el vaso de lo que fue una piscina pública porticada al aire libre. La actividad de las termas, por lo que indica la cartelería, abarcó desde el siglo I a.C. hasta el siglo IV d.C.No me detendré en las mil y una reflexiones que venían a mi mente a cada paso que daba en ambos museos. Algunas son las habituales: la fugacidad de la vida y los afanes de nuestros antepasados. Otras derivaban ya por el terreno metafísico: el sentido de todo ese esfuerzo, de tanta lucha por conquistar gentes y territorios, que aparece siempre como algo inseparable de la historia de la humanidad.
He constatado que la intensidad del viento y del frío se hacía más patente después de las tres visitas y sin pensármelo dos veces, me he encaminado hacia el Puente de Hierro para tomar la ruta de vuelta a casa. Sabedor de la tradición zaragozana por estas fechas, considero que los rituales básicos: roscón y viento se han cumplido. El añadido de la visita al ayuntamiento y los dos museos ha constituído, sin duda, mi particular enriquecimiento de la experiencia de hoy, día de San Valero.
domingo, 22 de enero de 2012
Primera jornada de la matacía en Monforte de Moyuela
Nunca había oído hablar de Monforte de Moyuela, aunque sí me sonaban algunos pueblos cercanos: Loscos, Mezquita de Loscos y Santa Cruz de Nogueras. Por ese mismo motivo me pareció más interesante la reseña que aparecía en la web de Turismo de Aragón indicando que allí se iban a celebrar las primeras jornadas de la matacía el sábado 21 de enero, invitando a los asistentes a participar activamente en el proceso de elaboración del mondongo así como en el resto de las actividades (comida, merienda y cena), todo ello por el módico precio de 5€ por persona.
El primer paso obligado fue consultar a "San Google". Su pariente "Google Maps" nos proporcionó todo tipo de detalles sobre el mejor itinerario desde Zaragoza, los kilómetros a recorrer y los tiempos invertidos. Evidentemente no pudo pronunciarse respecto a la previsión de cómo lo íbamos a pasar porque le faltaban parámetros para calcularlo.
Así que provistos del mapa y con las oportunas indicaciones respecto a los desvíos, partimos sobre las 10:20 mi señora y yo dispuestos ambos a disfrutar de lo que prometía ser una interesante jornada.
A la entrada de la población ya se adivinaba cierto movimento. La intuición desarrollada en otros viajes determinó que aparcáramos muy cerca de donde se iba a desarrollar todo el proceso de la matacía.
Enseguida contactamos con los organizadores que nos inscribieron en la actividad, abonando los 5€ por persona estipulados. También rápidamente iniciamos el contacto con distintas personas del pueblo que nos fueron explicando las particularidades de la iniciativa y los proyectos de nuevas jornadas a desarrollar en la localidad, todo ello con el fin de dinamizar la población y atraer el turismo a la zona.
Realizado este primer acercamiento, decidimos dar una vuelta por el pueblo. En el casco urbano se mezclan casas viejas y medio derruidas con edificios restaurados o de nueva planta. Fotos por aquí y por allá y, siempre omnipresente la excitación de caminar por primera vez por esos fueros.
De cuando en cuando trabábamos conversación con los lugareños que, en todos los casos, se mostraban muy amables y acogedores. Como nos detuviéramos mirando una casa en construcción, un señor -cuyo hijo era el propietario del edificio- nos invitó a entrar y nos explicó con todo detalle las particularidades de la edificación. Posteriormente también nos acompañó, con su mujer, en la comida colectiva que se celebró en el pabellón.
De vuelta al emplazamiento inicial, ya pudimos constatar los avances en el mondongo: las capoladoras iban a toda marcha y el émbolo para el embutido se manejaba con gran habilidad. Poco a poco el surtido de productos del cerdo iba saliendo de las manos de las expertas señoras que acreditaban una gran habilidad y experiencia en estos menesteres.
Así, encima de las mesas, en sus palanganas, empezaron a aparecer longanizas, chorizos, choricetas, morcillas, bolas y demás productos. Los cuartos traseros y delanteros, el costillar, la cinta de lomo, chuletas y paletilla también se dejaron ver. De nuevo se evidenció que del cerdo se aprovechan hasta las patas.
Mientras tanto, en unas sartenes aparte se preparaba una caldereta con las vísceras del cerdo bien limpias: el corazón, los riñones, el hígado, el liviano, etc.
En un determinado momento se dio la orden de iniciar el yantar y todos los asistentes, en gran armonía, comenzamos a degustar, en primer lugar unas estupendas judías pochas y, posteriormente la caldereta acompañada de una fuente de escarola para que pasara mejor. Todo ello regado con tinto de Lécera que circulaba en abundancia.
Después de la primera y segunda acometida, abordamos el melocotón con vino, quedando todavía en nuestros estómagos un rincón para el café y -el que quiso- la copa de wisky o licor.
El ambiente se iba animando y los cerca de 130 participantes en la comida departíamos con ardor sobre esto o aquello. A iniciativa de las jóvenes de la asociación, rápidamente se pusieron en circulación multitud de cartones para jugar al bingo. No obtuvimos premio alguno aunque ya habíamos cantado línea y hasta bingo sólo por el hecho de departir amigablemente con Lidia, Isabel, Raquel (presidenta de la asociación monfortina) y con José Gracia, el alcalde del pueblo que, con gran amabilidad atendieron todas nuestras preguntas y nos dieron todo tipo de explicaciones.
De buena gana nos hubiéramos quedado a la merienda y también a la cena, encantados como estábamos de tan agradable compañía, pero la prudencia y el deseo de no llegar demasiado tarde a casa, nos aconsejaron emprender nuestro viaje de regreso a la ciudad.
Según nos íbamos alejando de Monforte íbamos dejando atrás una estela de satisfacción y agradecimiento por la magnífica jornada que habíamos pasado. De momento quedamos emplazados para volver en 2013 a las IV jornadas del Cid.
Eso si antes no se organiza algún otro evento al que, seguro que también nos apuntaríamos. Vimos mucha energía y muchas ganas de hacer cosas. También una gran armonía y colaboración entre todos los vecinos: jóvenes y mayores. De esos mimbres tienen que salir unos estupendos canastos...
Eso si antes no se organiza algún otro evento al que, seguro que también nos apuntaríamos. Vimos mucha energía y muchas ganas de hacer cosas. También una gran armonía y colaboración entre todos los vecinos: jóvenes y mayores. De esos mimbres tienen que salir unos estupendos canastos...
sábado, 21 de enero de 2012
Fiestas de San Sebastián en Pradilla de Ebro
Poco a poco en la puerta de la iglesia se fue congregando un público de lo más variopinto: mayores, jóvenes y niños compartían en alegre alboroto la ilusión de comenzar las fiestas. Cuando llegó la banda de música y aparecieron los danzantes, comprendí que el comienzo del atávico ceremonial era inminente.
Salieron los santos de la iglesia: La inmaculada, otra virgen más y San Sebastián y delante de ellos iban los danzantes (pequeños y mayores) para tomar posiciones en la plaza. Allí comenzó el antiquísimo ritual del paso de los danzantes por debajo de la peana de los santos para luego volver a su ubicación inicial y recorrer en procesión -bailando el paloteau- las calles del pueblo con el fin de retornar de nuevo a la iglesia.
El rítmico sonsonete de la banda de música servía de fondo y referencia para la evoluciones de los danzantes y la reiterada cadencia de sus sones generaba un invisible magnetismo que se perfundía entre todos los asistentes.
El rítmico sonsonete de la banda de música servía de fondo y referencia para la evoluciones de los danzantes y la reiterada cadencia de sus sones generaba un invisible magnetismo que se perfundía entre todos los asistentes.
Llegados del nuevo al templo, los santos fueron introducidos devotamente en el mismo y los feligreses tomamos posiciones para atender al sacerdote oficiante (mexicano) y sus dos acólitos. Rápidamente empezaron a escucharse los sones de guitarras y bandurrias y las jotas de inicio de la misa baturra.
La misa también se me hizo muy corta. Agradecí el suave acento mejicano del cura en la prédica, y los cantes y sones de la rondalla. La celebración estaba muy bien preparada y no faltó detalle alguno, desde las ofrendas de los niños hasta las campanadas de la consagración continuando por el pase para besar la reliquia del santo. Yo también me sumé a este último ritual.
Terminado el acto religioso, todo se preparó para continuar con los actos profanos. Ahora sólo se sacó a San Sebastián y, de nuevo en alegre alborozo festivo, música, danzantes y demás participantes, nos desplazamos hasta la casa consistorial.
Allí dio comienzo la tercera parte de las celebraciones. En primer lugar, los mayorales de los danzantes entablaron un antiquísimo diálogo en verso acerca de la preparación de una batalla en el que se destacaba el valor de las tropas españolas frente a las berberiscas. Allí se fueron desgranando las virtudes y excelencias de los nuestros y también las del otro bando. Al final del recitado, el general cristiano perdona generosamente la vida al caudillo almohave y le emplaza a volver a Marruecos. Aquí paz y después gloria.
Con posterioridad, los niños y niñas danzarines, iniciaron el baile de las cintas y, aunque tuvieron que repetirlo en dos ocasiones, finalmente salieron victoriosos del trenzado y destrenzado de las mismas.
De nuevo tomaron posiciones los danzantes mayores para ir pasando de uno en uno frente a San Sebastián, recitarle sus mejores versos y someterse a las jocosas cuartetas que les dedicaron los mayorales.
Sólo restaba el baile de las cintas y el paloteado final que los mayores ejecutaron con magnífica precisión. Al finalizar, todo el público aplaudimos rabiosamente y los danzantes -un tanto fatigados- se retiraron y fundieron en abrazos con sus familiares.
Debo reconocer que me emocioné en varias ocasiones. Por una parte recordaba las hogueras de mi pueblo (Uncastillo) y la procesión del santo por sus calles en las que yo, cuando era niño, también participaba. La misa baturra también me llenó de sentimiento. Es inevitable, en los de mi edad, al oir una jota bien cantada.
La magnífica preparación y desarrollo de todos los actos me dejó muy gratamente sorprendido. La armonía, alegría y alborozo que todo el pueblo de Pradilla manifestaba, me dio que pensar -por contraste- con el aire un tanto fúnebre que yo percibía en las procesiones y otros eventos civiles de mi pueblo.
Seguro que los sufrimientos por los que tuvo que pasar la población uncastillera en los años anteriores y posteriores a la guerra civil dejaron esa triste huella invisible omnipresente en todas las celebraciones.
Seguro que los sufrimientos por los que tuvo que pasar la población uncastillera en los años anteriores y posteriores a la guerra civil dejaron esa triste huella invisible omnipresente en todas las celebraciones.
Pensaba quedarme a comer en un restaurante del pueblo pero consideré que lo más importante ya estaba visto. Me hubiera gustado presenciar la entrega de una placa como hija predilecta del pueblo a Yaiza (ex alumna de la academia Barandal, con cuyos padres mantengo una cordial relación) pero me decidí por volver a casa a una hora prudencial. En mi recorrido de vuelta repasé una y otra vez los sonsonetes de la música y las imágenes de todo lo vivido. Decidí que al año que viene, si Dios quiere, volveré de nuevo a Pradilla.
domingo, 15 de enero de 2012
Hay gente para todo
La asistencia al concierto de la JONDE (Joven orquesta nacional de España) no ha estado desprovista de vicisitudes. Comenzando por un equívoco en el día de la actuación y siguiendo por la búsqueda de alguien que pudiera acompañarme al concierto al fallarme la compañía de mi señora.
Respecto al día, al sacar las entradas en el cajero de la CAI, pues no me fijé bien y, en lugar de sacarlas para el domingo, día 15, tal como tenía previsto, las cogí para el sábado 14. Tampoco me fijé bien en la hora del concierto que, finalmente fue a las 20:15. Lo mismo ocurrió con el precio de la localidad. Yo contaba con gastarme unos 12 € por entrada, pero las pocas plazas que quedaban libres correspondían a la Primera Platea y costaban la friolera de 40 € cada una.
A pesar que la inversión me ha desbaratado mi presupuesto mensual, no me lo pensé mucho porque en El Periplo, entre otras cosas, se sigue el lema de que "Lo que se dice, se hace". Saqué, por tanto las entradas y, tal como detallaré, asistí gozoso al concierto. Debo decir que no me he arrepentido de la decisión.
El acompañante elegido no ha podido ser mejor: Juan Antonio Castaño. De todos es conocida su afición a la música y sus pinitos con distintos instrumentos. También su entusiasmo por las actividades que acomete. Él me sugirió que nos vistiéramos elegantes para la ocasión y, además se ofreció a llevarme hasta el auditorio en su deslumbrante Jaguar.
Nos presentamos en el auditorio sobre las 20:00 horas. Justo en ese momento salía el público del estadio de La Romareda. Los hinchas del Zaragoza muy cabreados y con cara de pocos amigos. Hoy me entero en el periódico que, por lo visto, gritaron, patalearon y abuchearon de lo lindo a Agapito. Los amantes de la música todavía permanecían fuera del auditorio. Cuando confluyeron ambas aficiones aprovechamos con Juan Antonio para hacernos una foto de recuerdo pues era de resaltar la extraña mezcla de algunas señoras muy empacadas junto a lo más granado y vociferante de la afición futbolera.
Una vez que pasamos al interior del recinto, todavía nos quedó un margen de maniobra para cincunvalar la Sala Mozart, a la espera de que se hiciera la hora. Finalmente, sobre las 20:10 pasamos al interior de la sala.
Ya los músicos empezaban a sacar y afinar sus instrumentos y los asistentes terminaban de acomodarse. Nos tocaba la fila primera, pegada al escenario y con no muy buena visibilidad. Como ya es habitual en él, Juan Antonio analizó la situación y rápidamente descubrió que, detrás de nosotros, tres filas más arriba había asientos libres. Sin pensárselo dos veces me emplazó para que nos ubicáramos en esa mejor situación. Fue un acierto. El disfrute del concierto no hubiera tenido nada que ver si nos hubiéramos mantenido en la primera ubicación.
Después de una breve sesión afinatoria por los, aproximadamente 100 jóvenes músicos de la orquesta, salió el director invitado, Alejandro Posada y, rápidamente se hizo el silencio... y empezó el concierto.
Mientras me deleitaba con la magnífica ejecución de los virtuosos, mi mente iba de un lado a otro, unas veces recreándome en el grácil sonido de las composiciones y otras elucubrando y haciendo cábalas sobre los jóvenes que allí estaban tocando.
Pensé, en primer lugar, en el riguroso proceso de selección que habrán pasado los componentes de la orquesta para obtener una plaza en la misma. También me imaginé las horas y horas de aprendizaje y ensayos que habrán tenido que dedicar para alcanzar el grado de maestría con el que tañen cuerda y percusión y suena la sección de viento.
El caso es que la suite "La noche de los mayas" de la primera parte, que dura aproximadamente unos 36 minutos se me hizo mucho más corta. Se diría que entre el virtuosismo de los jóvenes de la orquesta y las variaciones del tema, el tiempo quedó como comprimido en mi cerebro.
La segunda parte también discurrió rápida. Interpretaron "Candombe" de S. Cervetti y "Pinos de Roma" de O. Respighi. Mi atención iba pasando desde las muchachas que tocaban límpidamente los primeros violines hasta la percusión del fondo, pasando por los segundos violines, las violas, los violonchelos, los contrabajos, las flautas, los oboes y clarinetes, los fagotes, las trompas y trompetas, los trombones y las tubas, sin olvidarnos de las arpas y el piano; tal era la riqueza y complejidad de los instrumentos que allí sonaban.
¡Qué magnifica unificación de sonidos! ¡Qué maravilla de interpretación! Gracias a las enérgicas indicaciones del director de la orquesta el centenar de músicos respondían como un solo ente a las variaciones que ordenaba su jefe. El resultado final fue, desde luego, espectacular. El precio pagado por asistir al concierto quedaba arrumbado y empequeñecido ante tamaña magistral ejecución.
El público asistente aplaudimos con generosidad. Uno tras otro, los intérpretes más sobresalientes fueron invitados por el director a ponerse en pie. Finalmente una atronadora salva de nuevos aplausos despidieron a Alejandro Posada y su orquesta.
En fin, una experiencia apasionante y divertida. No va a ser la última vez que acuda al auditorio. Volveré a deleitarme con nuevos conciertos. Eso sí, me fijaré bien en el día, la hora y el precio de las entradas.
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