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domingo, 5 de diciembre de 2010

El peluquero de mi barrio: un artista del cómic

Se llama José María, pero dibuja bajo el seudónimo de "Necro". Lleva más de 30 años dibujando y aprovecha cualquier rato libre en su peluquería para continuar con sus historias y esbozar otras nuevas entre las muchas que bullen en su cabeza.

Mantiene en este campo la ilusión de un jovenzano a pesar de los muchos obstáculos e inconvenientes que ha debido superar y de la evidencia del declive del cómic entre los jóvenes de hoy.


Su vida académica no fue fácil. Tuvo problemas con la lectoescritura, las matemáticas y otras materias y no acababa de encajar en los parámetros establecidos en el mundo de la educación de los años ochenta.
Muchos cambios de colegio, otra vez a adaptarse a nuevos compañeros, a nuevos profesores...

Quizás por ello se ha ido sedimentando en él cierto deje de ironía y fatalidad. Ya se sabe: cuando la vida te da muchas tortas, no te queda otro remedio que construirte una coraza que te preserve de nuevos empellones.

Me cuenta mil y una anécdotas de su paso por distintos centros educativos: El colegio Ramón Sáiz de Varanda en el que nunca consiguió el preciado premio de "la bicicleta" en el concurso de dibujo porque -curiosamente- siempre lo ganaba el hijo del director. El ya finiquitado colegio "Santo Tomás" propiedad de la familia Labordeta donde se impartía una educación liberal y pacata al mismo tiempo. Allí el profesor de francés, que ya se jubilaba, se apiadó de él y a pesar del evidente desconocimiento del idioma por parte de José María y de las manifiestas dificultades para aprenderlo, fue aprobado.
Deja entrever que la relación con sus compañeros tampoco fue un camino de rosas. "Necro" siempre ha tenido ese punto especial, el de los sufridores, el de los que la procesión va por dentro y van forjando su personalidad a base de ajustes y reajustes, dejándose muchas tiras de piel en el camino. Quizás por ello su conversación encierra a veces una burla fina y disimulada cuando desgrana los capítulos más relevantes de su devenir.

En el capítulo de dibujante, ilustrador y guionista de cómics, ha realizado una intensa carrera de fondo que comenzó -como ya se dijo- cuando José María tenía 7 años. Con ocho años le fue concedido el diploma de honor del certamen nacional de plástica para E.G.B.

En el año 1992 dibujó en los números 1 y 2 del fanzine Total Cómics, en un homenaje al Capitán Trueno. En 1994-95, en el fanzine nº 1 de "Holocausto subnormal" y en el número 2 como articulista. En 1997 revista La Calle de Todos; sección correo del lector (ilustraciones). En 2002 homenaje no oficial al Capitán Trueno con guión de Víctor Mora y dibujos de Necro. En 2005 Johnny Caronte de la editorial americana Alias Enterprises, el póster central a doble hoja en todo color.
En la actualidad continúa desarrollando las historias de Caronte, su particular héroe dibujando y coloreando tanto la portada como el contenido interior. El personaje es una creación literaria de Jaime Román Collado.

Hizo sus pinitos en el cine. Montó una productora que, según me dice, se arruinó tres veces. Intentó crear una historia de ciencia ficción con deslumbrantes efectos especiales, pero sólo se pudieron rodar unos minutos fruto del exiguo presupuesto.

Una parte importante del dinero adelantado se le fue en la construcción de un monstruo de cartón-piedra que ahora se encuentra inmovilizado en un lugar no determinado. Según me cuenta Necro, la bestia era tan grande, que para sacarla de su almacén habría que trocearla.

Su carrera de peluquero ha ido paralela a la de artista del cómic. Es la que le da de comer porque los trazos, hoy por hoy no dan ni un solo euro. Es más, habitualmente él los ha tenido que poner para sacar tal o cual historia, éste o áquel fanzine, el papel especial para acuarela, las plumillas, los pinceles...

Mensualmente paso por su peluquería. En la entrada luce un cartel que reza: "Doncel" Peluqueros, pero en realidad sólo hay uno en el negocio. Mientras me corta el pelo con exquisito detalle disfruto de su amena conversación y de sus desbaratadas historias. No puedo dejar de pensar que, probablemente, la vida de "Necro" podría haber sido muy diferente si alguien hubiera encauzado su genialidad, comprendido su diferencial creativo, estimulado su pensamiento divergente...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Ángeles Casas: conformando volúmenes

A mí sus piezas de cerámica me parecen de una factura exquisita; ella se resiste a reconocerlo aunque finalmente me concede -casi a regañadientes- que sí, que también le gustan.

Y es que desde que nos conocemos -cuando nuestras hijas iban a 2º de primaria en el colegio Don Bosco- he ido viendo como Ángeles participaba en numerosas muestras y exposiciones y como en todas ellas obtenía un gran reconocimiento de su trabajo.

Sin embargo -cosas de la vida- sus piezas no son muy conocidas por el público. Parece como si a la artista -en el fondo- le diera miedo desprenderse de su obra ya que no hace esfuerzo alguno para darse a conocer.

Recuerdo como en una muestra de ceramistas aragoneses, Ángeles se presentó con unas piezas super-innovadoras de formas armónicas que se asemejaban a imposibles maquinarias rodadas. Me impactó la sencillez del diseño y la contundencia de su expresión. No se cuántas de aquellas piezas se vendieron pero estoy seguro que aplicándoles un marketing apropiado se hubieran agotado todas ellas.

También recuerdo otras ocasiones en las que a la artista le entraba el agobio y desasosiego que suelen preceder a la participación en una nueva muestra. En el caso de Ángeles, el agobio se multiplicaba por diez debido su perfeccionismo y a su afán por presentar sus piezas de una manera original y digna.

A Juan (su esposo) le tocaba el papel de sosegar y atemperar. El final previsto de tanta incertidumbre siempre era el mismo: Ángeles volvía a cosechar otro gran éxito.

En el mes de junio de 2004 la convencí para que participara en una exposición de artistas del Barrio la Jota en la Academia Barandal. Reconozco que el marco no era el más apropiado para el nivel de su obra, pero ella accedió y se entregó a fondo seleccionando sus mejores piezas para que la exposición fuera un éxito.

En otra ocasión colaboramos -junto a mi esposa- en la instalación de un gran horno de cocción en su casa. Fue la época en la que decidió construir un pequeño taller aledaño al jardín. Aquel fue un tiempo de gran intensidad de producción pero de nuevo el gran esfuerzo desarrollado por Ángeles y la calidad del trabajo no tuvieron el correlato económico que se merecían. También en esa ocasión -a mi entender- por no publicitar los bellos objetos decorativos que salieron de su alfar.

Ahora ha bajado el ritmo y la intensidad en su trabajo. Debe estar atravesando una de esas épocas en las que los artistas recombinan sus ideas y experiencias y apuntan hacia una nueva tendencia. No obstante, para no perder el contacto con el oficio, imparte clases de cerámica en colaboración con distintas asociaciones.

Su casa es una exposición viviente y actualizada en la que se puede observar lo mejor de su producción. Yo, con mi sesgo comercial traería toda la gente que pudiera a la vivienda porque allí es donde realmente se lucen las cerámicas de Ángeles. Seguro que más de uno de mis lectores desearía colocar en su casa tal o cual detalle en el mismo o parecido lugar que los elegidos por la artista.

Todos los que la conocemos la animamos para que continúe creando, para que nos siga obsequiando con su peculiar visión de la realidad plasmada en arcilla y decorada con enigmáticos barnices. Sin embargo deberemos tener paciencia y hacernos a la idea de que los artistas no procesan el tiempo y los acontecimientos como el resto de los mortales. Ellos se rigen por insondables parámetros, cabalísticas decisiones y crípticos argumentos. En el caso de Ángeles Casas, seguro que el día menos pensado nos volverá a sorprender con una nueva visión, un enfoque divergente o una tendencia innovadora.

Porque como decía en el título de mi entrada, lo suyo es conformar volúmenes y darle forma a la inerte arcilla adentrándose en su particular multiverso cerámico.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Javier G. Pasión por la caza.

Ayer subí de nuevo al pueblo con una doble intención: por una parte visitar a mi padre y por otra entrevistarme con Javier G. Sé que su gran pasión es la caza. Lo sé desde niño ya que ambos hemos compartido muchos momentos y vivencias en torno a la actividad cinegética. Yo también fui cazador en su momento, aunque nunca viví esta afición con la intensidad y dedicación con que lo hace Javier.
No me costó encontrarlo. Al pasar por el bar "Toperas" su hermano -que entraba en ese momento- me indicó que se encontraba en el interior del establecimiento. Pasé a saludarlo y también con la intención de quedar para hacerle la entrevista por la tarde, pero, como es habitual en él, me dijo que en unos instantes se iba a ir "a la perdiz".

Así es que escribo esta crónica con retazos de recuerdos de los muy buenos momentos que hemos pasado juntos y con el deseo de completarla cuando pueda hablar con él con más tranquilidad.

La caza y todo lo que gira en torno a este mundo han sido desde siempre un núcleo muy importante de vivencias y actividades en Uncastillo. Naturalmente, cuando éramos niños, también nosotros nos imbuimos de esa afición pero nadie como Javier G. la ha vivido - y la sigue viviendo- con tanta pasión.

Por su condición de "herrero" ha tenido acceso a escopetas y armas de todo tipo y calibre y por su carácter curioso e inquieto indagaba con frecuencia la mejor manera de que sus herramientas de caza estuvieran perfectamente revisadas y puestas a punto. En más de una ocasión, siendo niños, nos convocaba a los amigos para probar tal o cual mejora armamentística y nos deslumbraba con fenomenales detonaciones de cartuchos reforzados.

La Herrería de su padre era como mi segunda casa. Siempre encontré acogida y buena disposición cuando allí acudía para reparar la bici o la moto o componer algún mecanismo estropeado. Recuerdo que yo entraba y salía sin dar cuentas a nadie y que siempre encontraba a Javier, su padre Ángel o su hermano Antonio dispuestos a ayudarme. También recuerdo buenas meriendas en su casa aderezadas con anécdotas sin fin sobre la caza. Desde estas líneas le agradezco todos esos buenos ratos que compartimos.

Por otra parte, Javier siempre ha sido un espíritu libre. Nunca ha soportado ataduras ni imposiciones. Siempre ha llevado una vida independiente saliendo a cazar cuando se lo pedía el cuerpo. Su afición por la caza corre paralela con su tendencia a patear el monte. Ambas aficiones están intrínsecamente unidas en él.

La nómina de animales cazados (conejos, perdices, becadas, patos salvajes, jabalíes e incluso, algún ciervo) es amplísima. No sé si llevará la cuenta de todos ellos pero me consta que, hasta la fecha, lleva cobradas un montón de piezas.

Pero, ¡ojo!, no pensemos que su actividad principal sea abatir animales. Me consta que lo que verdaderamente le gusta es el reto, ponerse a prueba y lidiar con la rapidez y la astucia de las especies que pretende cazar. Y seguro que le gusta también esa sensación de libertad y de independencia que proporciona la caza ya que, habitualmente, suele practicar en solitario este deporte. Él y sus perros, que también constituyen otro mundo al que se entrega con total dedicación.

Recuerdo interminables relatos de caza en el bar. Aventuras de todo tipo y anécdotas sin fin, porque casi 50 años de afición dan para mucho. Y también recuerdo el nombre de algunos perros que Javier G. ha tenido y cuya sonoridad siempre me llamó la atención: "Perla", "Corbata", "Canela" y "Tom", entre otros.

Ayer me dijo que se había agenciado unos perros bretones que son muy buenos para la perdiz. También me comentó que ya no va al jabalí ("jabalín" en uncastillero) aunque no llegamos a profundizar más en las razones de esta decisión.

De pequeños íbamos juntos a cazar pájaros (era habitual por entonces esa actividad aunque ahora la repruebo totalmente) y luego los preparábamos asados en el castillo con Javier Cay. En verano nos obsesionaba la caza del vencejo ("baucino" en uncastillero). El desafío consistía en abatirlos en el instante en que, por unos segundos, se introducían en las oquedades de las paredes del castillo. Ahora, de mayor, me doy cuenta de que nuestro afán no era tanto matar estos animales sino poder tocarlos, contemplarlos desde cerca y, sobretodo, demostrar nuestra habilidad sintiendo el orgullo de capturar unas aves que suelen alcanzar velocidades de hasta 160 km/h.

También compartimos muchas salidas conjuntas yendo "al conejo". Nadie como él sabía interpretar los ladridos de los perros, los rítmicos movimientos de sus rabos y sus idas y venidas siguiendo el rastro. La interpretación de este lenguaje incomprensible del que él tenía la clave siempre me fascinó y me sigue causando admiración.

Ya de más mayores continuamos con otras aficiones compartidas como la mecánica y las motos. Aún recuerdo el viaje a París con su Sangla y otras excursiones realizadas conjuntamente en las que yo iba con la Ducati.

Hace tiempo que llevamos vidas muy diferentes. Él en el pueblo, libre en los ratos que no trabaja, sin compromisos familiares y con todo el término municipal a su disposición. Y yo en la urbe, metido de lleno en el mundo de la educación, de las normas, de los derechos y deberes y también dedicado a mi familia.

Sin embargo cuando volvemos a encontrarnos me alegro de retomar y recordar una parte muy importante de mi vida en la que Javier G. ha constituido sin dudar, una pieza muy significativa.

domingo, 7 de noviembre de 2010

E. y su pasión por cantar

Cuando inicié este ciclo de "turismo de personas" tenía muy claro que quería entrevistar amigos o conocidos que "llevaran algo entre manos" y que esa afición la vivieran de verdad. No me costó dar con ellos. Somos muchos los que, además de nuestro trabajo habitual, reservamos un huequecito de nuestro tiempo para desarrollar aficiones, intereses y aptitudes que nos involucran totalmente.

Tal es el caso de E. Desde que lo conozco siempre me ha sorprendido la entrega y la pasión con la que se dedica a cantar en sus ratos libres. Si lo ves en su trabajo habitual (es informático) nadie diría que después de sus ocupaciones lidiando con complicados algoritmos y líneas de programación, en cuanto tiene un rato libre, se desvive por dedicarse en cuerpo y alma a la más variada selección de música melódica, coplas, boleros y últimamente también rock y otras canciones en inglés.

Dispone en su casa del equipo adecuado: aparato de karaoke, amplificador y una gran pantalla de televisión. También cuenta con una completísima colección de CD´s con lo más variado, selecto y granado del mundo de la canción. Es raro que se le escape alguna canción de moda actual o que lo fuera en su momento. Por lo que yo se, las tiene prácticamente todas.

De alguna manera, hoy domingo me he autoinvitado a su casa. Él ha accedido amablemente, como siempre, a mi propuesta de visita. Hemos quedado a las 12 de la mañana y hemos estado cantando hasta la una y media.

Hemos empezado primero con los títulos en ingles: canciones de los Beatles, de los Bee Gees o de Frank Sinatra. Con este último yo no me he atrevido, pero E. ha bordado varias de sus melodías, que por cierto son bastante complicadas.

Me ha explicado el triple efecto benéfico de esta afición cuando se canta en inglés: Aprendes pronunciación, entiendes el sentido de la canción y amplias vocabulario. Yo lo he intentado con Hey yude pero he comprobado que es más difícil cantarla que escucharla.

También me ha dado otros consejos para afinar con la práctica del karaoke: escuchar varias veces la canción que vas a interpretar, meterte en la historia que cuenta la canción, es decir, sentirla y, lo más importante, practicar, practicar y practicar.

Hemos cantado varias a dúo. Una de las que mejor nos ha salido ha sido Yolanda de Pablo Milanés. También hemos cosechado un gran éxito al interpretar "El gato que está triste y azul" de Roberto Carlos. Luego, ya metidos en harina, nos hemos atrevido con Joan Manuel Serrat (Mediterráneo) y "Nos dieron las 10" de Joaquín Sabina.

De vez en cuando cogía una oliva y bebía un poco de naranjada. Ya veo que cantar conlleva coger bien el tono y no forzar la garganta.

E. posee cualidades innatas para el canto. Cuenta con una voz potente y bien modulada y con buen oido para la música. Reconozco que, en mi caso, la buena voluntad intenta suplir mis limitaciones con los tonos altos.

No hemos hecho descanso alguno pero tampoco nos hemos cansado. Sólo la obligación de realizar varios encargos ha motivado que tuviéramos que parar a las 13:30. Eso sí, nos hemos emplazado para un viernes por la tarde en el que ambos iremos a un bar-karaoke con la finalidad de desplegar en el mismo nuestras mejores habilidades.

Cuando volvía para mi casa con la moto notaba cómo el diafragma lo tenía más distendido y cómo también me sentía de un excelente humor. Por algo será que el canto ha acompañado al ser humano en las celebraciones y festividades. Intuyo que algún complot alienador hace que nuestros jóvenes se presten más a escuchar canciones que a interpretarlas.