De niños, en el pueblo, cuando algún mayor empezaba a reprocharnos alguna travesura que real o imaginariamente habíamos llevado a cabo, la primera frase que, automáticamente, nos salía a muchos era: "yo no´ay sido" (yo no he sido). En esos momentos, esa expresión constituía una especie de talismán, un escudo protector que, provisionalmente, te protegía frente a acusaciones directas o más o menos veladas referidas a alguna supuesta chiquillada que hubiéramos cometido.
Nuestra mente infantil adelantaba la negación de los hechos como primer paso para descargar la culpa; como una toma a tierra en caso de derivación de la corriente, como una vía de escape por la que escabullirnos y evitar males mayores.
No había más argumentos ni se profundizaba más en el tema ya que, gracias a la expresión protectora pareciera que quedábamos liberados de toda culpa.
Bueno, pues parece que ahora la frase de nuevo se ha puesto de moda. Sólo tenemos que escuchar los telediarios y oir las declaraciones de nuestros políticos para constatar que, a la vista de los escandalosos desmanes cometidos por algunos y a pesar de las evidencias, en estos casos, tampoco "nadie ha sido".
Un día sí y otro también nos desayunamos con desmanes de "representantes del pueblo" que nos dejan estupefactos, con la boca abierta. Y con la misma celeridad que se suceden los acontecimientos, los imputados y los que les rodean se apresuran a negar la mayor y, cariacontecidos, afirmar con contundencia: "yo no´ay sido".
Y otro botón más de muestra lo constituye el caso Bárcenas. Echo mano de mi calculadora para traducir a pesetas las cantidades importantes con las que todavía no me manejo muy bien. Con una sencilla multiplicación los 22 millones de euros que, de momento, se han destapado se convierten en: ¡¡3.660,052 millones de pesetas!! Eso es muchísimo dinero. Una montonada de dinero. Fajos y fajos de billetes. Una exageración.
Y ese dinero era suyo. Su fortuna personal. La de un ex-alto dirigente del partido que ahora gobierna España. Y todavía queda por determinar de dónde procede tamaña cantidad....
Seamos sinceros: para el parado, para el desahuciado, para el trabajador que le alargan la edad de jubilación, para el funcionario que se queda sin paga extra y con su sueldo congelado, para los padres que tienen que ahorrar y abonar tasas universitarias altísimas, para todos los ciudadanos que les han incrementado el IBI, para cualquier persona con sentido común, esto es una bofetada en todo el carrillo. Otra más después de las que ya nos han atizado.
Yo no veo otra solución que afinar con el voto en las próximas elecciones. Creo que la gran mayoría estamos de acuerdo que la democracia debe continuar, pero hay que cambiar radicalmente de representantes políticos. Que entren otros nuevos. Los de ahora, a su casa. Unos y otros. Si se cumple mi pronóstico, los nuevos representantes, al menos no partirán con los vicios ya firmemente asentados de los actuales. Y en caso de tentarles la corrupción, necesitarán algún tiempo para llegar al nivel de Bárcenas, que ha dejado muy alto el listón...
Hoy viene en El País que siete de cada diez ciudadanos creen que el país está al borde de un estallido social por el paro y la pobreza. Algo increíble. Inaudito. Insospechado hace, siquiera unos años. Las crisis, cuando se superan, siempre han constituido una oportunidad de mejora. Aunque el desafío es muy grande, con nuestro voto podemos cambiar la situación. Tenemos tiempo para pensar en otras opciones. No desperdiciemos la oportunidad.
Hoy (25-11-13) viene en El País
un corto de Iñaki Gabilondo sobre el mismo tema de este artículo.