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domingo, 27 de marzo de 2011

Ensalada de emociones

En esta ocasión se ha duplicado el número de participantes en la actividad dominguera programada por El Periplo: en lugar de ir una sola persona, hemos ido dos.

Esta mañana me he encontrado con la muy agradable sorpresa de la presencia de mi amigo Javier en el paseo matutino. No, no es lo mismo realizar la salida yendo solo que acompañado. Y en esta ocasión la compañía era de lujo. La mañana se ha presentado muy agradable y, desde luego, temas de conversación no han faltado. Esperaba que hubiera acudido algún alumno de Río Gállego, pero supongo que el sueño o el cambio de hora (quizás ambas cosas) han supuesto un impedimento insalvable para su participación.

El caso es que hemos iniciado el recorrido partiendo desde la Plaza de la Albada. Yo circulaba con el plato más pequeño y Javier iba con el mediano por lo que he calculado que tres pedaladas mías equivalían a una suya. Lo de ensalada de emociones lo indicaba en el título a modo de imagen que refleja lo que iba sintiendo durante el paseo: por un lado, encantado de ir con Javier; por otro, pendiente de mis rodillas para no forzarlas; al mismo tiempo, disfrutando de la compañía del Ebro y sus naturales habituales habitantes. También pendiente del sol que no me diera mucho en la cara ¡y del dichoso sillín que ha mortificado bastante mi culo! Con la habitual improvisación de los fines de semana, me he olvidado de imprimir el recorrido previsto y hemos añadido un trecho hasta Juslibol, de propina.

Desde las alturas hemos contemplado brevemente cómo la ciudad se desperezaba allá abajo y, enseguida nos hemos encarrilado hacia el puente de la Autovía A2 que permite a los ciclistas (y viandantes) pasar con seguridad de una orilla a otra del Ebro. Después de repasar mil y un temas de interés común (muchos de ellos relacionados con nuestro pueblo), a propuesta mía, nos hemos tomado un descanso en unos bancos que parecía habían sido puestos a propósito para dar satisfacción a nuestra necesidad de reposo. Allí hemos devorado yo una manzana y una mandarina y Javier un estupendo bocadillo de jamón. También hemos cultivado el civismo dejándole la bomba de hinchar a un señor cuya pareja circulaba con menos aire del necesario en ambas ruedas de su velocípedo.

Continuando el paseo hemos llegado hasta las inmediaciones del rastro y allí nos hemos topado con los cófrades preparando sus toques para Semana Santa. Luego hemos pasado por la Expo, puente de La Almozara, Helios, Puente de Piedra (por debajo) y resto del recorrido hasta llegar de nuevo a Vadorrey. Hemos descansado en el bar "Barrio". Nos hemos tomado un refresco acompañado con una bolsa de patatas y hemos continuado platicando sobre lo divino y lo humano. Sin darnos cuenta ya se ha hecho la hora de comer.

El tiempo vuela cuando uno se encuentra a gusto pero la obligación es la obligación y, de común acuerdo, ambos hemos iniciado el viaje de vuelta hacia nuestros respectivos hogares.

Ensalada de emociones aderezada con aceite de buenas vivencias, vinagre de algún pasado sinsabor y sal de ilusiones y proyectos, gracias a los cuales sentimos que vivimos y que vibramos. Ya le estoy dando vueltas a la siguiente propuesta de El Periplo siempre con la vista puesta en no repetir actividades y procurar salir de la "zona de comodidad".

domingo, 20 de marzo de 2011

Paseo anticrisis en bicicleta

No hace falta inversión económica alguna para disfrutar haciendo ejercicio y pasarlo bien. El próximo fin de semana os proponemos un agradable paseo en bicicleta.

Hemos realizado un reajuste en el día y hora de realización de las actividades, pasándolo a los domingos ya que los sábados hay que reservarlos para realizar tareas de limpieza y mantenimiento de la casa. La salida se realizará a las 9 de la mañana desde la Plaza de la Albada.


Realizaremos la ruta de las Riberas del Ebro. En total son 14,7 km que realizaremos con tranquilidad disfrutando del recorrido. Los que os queráis apuntar, lo pasaremos ¡de maravilla!

domingo, 13 de marzo de 2011

Senderismo en un plisplás

Por no preparar, ni siquiera he desayunado. Ayer volvimos a casa un poco tarde y, a pesar de que iba un poco corto de sueño, no quería faltar a la cita a la que no pude acudir ayer, sábado porque la mañana amaneció lloviendo.

De manera que he salido de casa como un huracán. Sólo provisto de lo básico y ni aún eso porque debería haber cogido la mochila y calzar zapatillas pero la urgencia de realizar el recorrido ha pesado más que la debida previsión con los elementos básicos del buen senderista.

Mi dieta mañanera -elegida precipitadamente- consistía en una manzana, un plátano y un sobao y -como digo- el calzado ha sido el habitual de los días laborables: zapatos.

Tampoco me había interesado por el tiempo. Al llegar a la altura del Burgo de Ebro, se divisaban unas nubes negras amenazantes que, al principio he asociado a tormentas pero luego he confirmado que simplemente se trataba de niebla. Así que ha habido que conectar los faros antiniebla y además cuidar de no superar las velocidades establecidas porque las multas pueden ser de campeonato.

La secuencia de poblaciones ribereñas se ha sucedido con la normalidad habitual. No, no había ningún pueblo cambiado de emplazamiento y, después de El Burgo ha aparecido Fuentes y luego Quinto. Me he desviado a la izquierda en dirección La Zaida y realizando un recorrido paralelo al Ebro, he llegado finalmente a Sástago.

Después de aparcar el coche, me he aplicado crema solar en abundancia en la cara para evitar males mayores. Me he encasquetado el sombrero y las gafas de sol y sin más dilación he emprendido el camino hacia el puente que cruza el Ebro en dirección Escatrón.

Habituado a recorridos de cierta envergadura, el de hoy, de sólo 9 km me parecía un poco "de juguete" y por eso no he venido mejor pertrechado. Sí que me he tomado la molestia de imprimir tres hojas con el plano del recorrido y la descripción por si las moscas. En realidad lo he hecho a la inversa porque mi intención era llegar a Escatrón, tocar marro y volver.

Nada más pasar el puente un letrero indicador me ha encarrilado hacia El mirador de los meandros. Un paseo agradable entre romeros, aliagas y espartos. Todavía estaba húmeda la tierra del agua de ayer y la roja arcilla se pegaba a las suelas de mis zapatos. Este recorrido inicial se estrenaba con el ascenso por una cuesta bastante empinada que, una vez culminada, continuaba flanqueando la colina por un sendero bastante bien conservado.

No estaban tan conservados unos árboles que en su momento se debieron plantar allí ya que me ha llamado la atención que todos se habían secado. La figura de los troncos secos yacientes en la ladera de la montaña me ha traido el pensamiento de lo habitual que suele ser en los pueblos la falta de mantenimiento de instalaciones o equipamientos que inicialmente cuestan mucho y luego no se conservan por esta falta de cuidado y atención.

He coronado la colina y llegado al mirador de los meandros. No he permanecido mucho allí porque el lugar no me atraía en absoluto: al lado de la carretera y poco cuidado estéticamente.

Enseguida he enfilado por un camino en el que un letrero en amarillo anunciaba como "camino jacobeo". He pensado que esa terminología y rotulación eran más bien propias del clero que de montañeros curtidos en mil y un recorrido.

Me he introducido poco a poco en un paraje más abrupto salpicado de aliagas y romeros en flor (ya llega la primavera) y, una vez divisado otro cartel indicador, he descendido hasta llegar a una pista amplia y bien conservada. Por allí debía continuar, según todos los indicadores.

El calor apretaba. Por un momento he sentido cierto temor por si fuera a sentir sed y no llevar agua. Al llegar a una paridera todavía he sentido más perplejidad porque el camino se bifurcaba y no sabía muy bien cuál tomar. Felizmente, he divisado un aspa amarilla en el camino de la izquierda, indicación inequívoca de que no debía ir por esa vereda.

Ya más tranquilo al convencerme de que iba por el trayecto correcto, me he relajado y al tiempo que caminaba mi mente se perdía en mil y una disquisiciones.

Han llamado en primer lugar mi atención unos gusanillos tipo oruga que he ido observando durante todo el trayecto. Había infinidad de ellos y todos con un afán común de desplazarse hacia quién sabe donde. Enseguida he empezado a hacer cábalas sobre el origen de la vida, la maravilla que supone un simple gusano (la maravilla de la vida) y mi profundo asombro al pensar en cómo las primeras células se autoorganizaron a partir de los aminoácidos esenciales que, a su vez, bien pudieron llegar a nuestro planeta en alguna lluvia de meteoritos.

Es muy difícil asimilar que sólo con el concurso del paso del tiempo y las miriadas de experimentos que espontáneamente ha ido realizando la naturaleza, esas células primordiales, pasaron a ser cianobacterias, luego organismos más complejos y -después de varias extinciones masivas- y nuevos meteoritos golpeando nuestro planeta acabaran por poblarlo nuestros ancestros antropoides que, en un momento dado, experimentaron la mutación definitiva que nos hizo ser inteligentes. Yo formo parte de esa cadena ininterrumpida y me descubro ante la maravilla de todo el proceso. Más aún, con los últimos descubrimientos (ya tenemos quinientos y pico planetas extrasolares categorizados y hay en espera otros mil y pico) podríamos concluir que muy probablemente la vida es ubicua en el universo con todas las consecuencias que lleva una conclusión de esta envergadura.

Todas esas reflexiones me han sugerido los curiosos animalitos que, por otra parte disponen de una conducta curiosa en cuanto los tocas: se enroscan en espiral para protegerse mejor.

He llegado luego a una balsa plena de agua bastante trasparente. Un silencio riguroso me ha acompañado durante todo el recorrido y yo iba encantado ensimismado en mis pensamientos. Un rápido vistazo a la balsa y a continuar andando porque no quería que se me hiciera muy tarde.

En un momento dado he divisado la central términa de Escatrón en lontananza. Me he puesto más contento aún ya que era la confirmación definitiva de que iba por el buen camino. He tomado una foto y luego continuado el trayecto. He llegado a la ermita de Rueda que se encuentra en un estado de abandono total con la cubierta derrumbada y el resto del edificio amenazando ruina. Fotos por aquí y por allá. Saludos a una pareja que se encontraba por los alrededores y, como el monasterio se encontraba más abajo, fotos también para él.

Finalmente he llegado a las puertas del Monasterio de Rueda. Restaurado y muy bien acondicionado por la DGA. No se veía ni un alma en su interior. La crisis económica -he pensado- también hace mella en estas instalaciones. He paseado libremente por el recinto. He tomado fotos aquí y allá y me he paseado por el interior y el exterior -muy bien cuidado- disfrutando del agradable olor de una hilera de prunus pisardis que ya estaban en flor.

Me hubiera encantado quedarme a comer en el cenobio pero no era el caso: ni por tiempo ni por economía. Así que sobre las 12:15 he iniciado la vuelta a buen paso con el objetivo de deshacer los 9 km del recorrido.

Nuevas comprobaciones con los gusanillos. No, parece que no son sensibles a la luz porque mi sombra no los hacía parar. Son más sensibles al tacto. Imagino que millones de años de evolución también les han conducido a adoptar esa estrategia para despistar a sus depredadores, que por cierto, no se muy bien quienes son ya que no he visto ave alguna degustando carne de gusanillo.

La vuelta ha sido muy agradable. Con la seguridad de circular por la vereda correcta. Al llegar de nuevo a la paridera ya no ha habido vacilación y me he encarrilado por la bifurcación de la izquierda. En un momento determinado he elegido un atajo y -cosas del azar- a mitad del mismo me he encontrado una moneda que tengo que limpiar para saber si es actual o antigua. Luego he iniciado el ascenso de la pequeña montaña y aún me ha quedado tiempo para contemplar unas golondrinas silvestres que -por lo visto- deben anidar en las oquedades de rocas de tamaño considerable. De nuevo he llegado a la carretera. Afortunadamente no pasaba ningún coche y así ningún ruido de motor ha alterado el estado de nirvana en el que me encontraba.

Enseguida he continuado descendiendo hasta llegar al peculiar puente de Sástago y sobre las 13:45 arribaba de nuevo a la población.

En resumen: un paseo divertido y muy estimulante. Sencillo de realizar y nada agobiante. Para repetirlo en otra ocasión aunque mejor, acompañado por alguna persona de confianza con la que compartir la experiencia.

Llegaba de nuevo a casa sobre las 14:30 con la sensación de haber cumplido de nuevo con el deber. Aunque solo haya un participante, El Periplo Aragonés sigue en marcha.

Todas las fotos en este enlace de Picasa

sábado, 5 de marzo de 2011

Sencillo recorrido senderístico: Escatrón-Sástago. 9 Km

La propuesta para el próximo sábado día 12 de marzo la concretamos en esta ocasión en una marcha senderística para ir "abriendo boca" de cara a la primavera. Realizaremos el recorrido Escatrón-Sástago que no presenta ninguna dificultad especial y que, sin embargo, cuenta con excelentes vistas y la siempre agradecida compañía del río Ebro.

Los interesados nos concentraremos a las 8 de la mañana en la Plaza de la Albada (Barrio de la Jota) y la salida será a las 8:15.


Para más detalles del recorrido consultar este enlace.

domingo, 27 de febrero de 2011

Disfrutando de "El pisito" entre cabezada y cabezada

No, no es que la obra no me gustara. Al contrario. Fue un sainete inocente y divertido muy bien interpretado por Pepe Viyuela y el resto del elenco (Teté Delgado, Asunción Balaguer y otros). Lo que pasa es que yo, a partir de las 11, habitualmente ya no soy persona y entre la oscuridad de la sala y lo calentito que se estaba, pues de vez en cuando me eché alguna que otra cabezada.

Acudí al Principal acompañado de mi mujer y ambos nos ubicamos en la última fila de la Planta Baja-Butaca de Patio. Hubo cambios en el día de la obra. Inicialmente estaba previsto que acudiéramos el sábado pero al ir a comprar las entradas, la señora me comunicó -muy amablemente- que, por un error, se había previsto bonificación en sábado y, en realidad, sólo era bonificada la sesión del viernes. Así es que -para cumplir con lo previsto- adquirí los billetes para el viernes día 25de febrero.

Lleno total en el teatro. Público de la más variada procedencia y edad. Mayoría de jubilados/as tipo funcionario que disfrutan de su tiempo libre con un programa de ocio cultural asequible para sus bolsillos.

Dificultades para encontrar la fila 20 de butacas. En ese aspecto, el Principal se ha quedado un poco anticuado y no hay ninguna señal luminosa ni rotulación que destaque y que facilite la localización de las butacas asignadas. Como no llevaba gafas, tuve que utilizar la estrategia "de preguntar" para acertar con nuestros asientos.

La obra tenía previsto su comienzo a las 10:00 pero Viyuela y los suyos se hicieron de rogar unos ocho minutos. Todos los asistentes se lo perdonamos benévolamente.

Lo primero que me chocó fue el tono de voz normal que adoptaba el actor en sus diálogos. Lejos de las estridencias y alharacas de la serie televisiva en la que interpreta el papel de tendero (Chema) en la serie de Tele 5 Aída. Debo decir que ese tono se adapta más a la interpretación en directo ya que, probablemente, el registro televisivo exija otro diferente.

También me llamó la atención el vocabulario y las expresiones que se empleaban en la obra. Propios de los años 50 y nada lejanos de mi infancia. Las relaciones de los jefes con sus subordinados (que ahora nos parecerían tan desiguales) y las penurias de la gente de a pie para vivir -siquiera de alquiler- constituyen ejemplos de lo difíciles que fueron esos tiempos.

El argumento era muy sencillo y se prestaba a todo tipo de gags y sketchs: una pareja con economía precaria no puede casarse por no poder comprar o alquilar un piso. Como último recurso urden el plan de que el novio se case con una anciana inquilina de un piso de renta antigua con la finalidad de heredar la posibilidad de alquilarlo cuando la abuela fallezca.

La verdad es que -salvando las distancias- ahora la situación es bastante similar: las jóvenes parejas que quieran disponer de un piso o alquilarlo deben primero casarse con el banco que les facilite el préstamo hipotecario correspondiente. Lo malo de este matrimonio obligado es que la broma te sale por un ojo de la cara, con el peligro añadido de que la hipoteca también la hereden sus hijos...

Lo dicho: obra amable y entretenida. Para hacer unas risas, sin más pretensiones. Desde luego, sólo por cambiar de "decorado", merece la pena acudir al Principal y ver que existen otras alternativas audiovisuales distintas del cine.

domingo, 20 de febrero de 2011

¡Nos vamos al teatro!

La actividad prevista para el día 26 (sábado) se realiza en la ciudad de Zaragoza. Nuestra propuesta es acudir al teatro principal para ver la obra "El pisito". El precio habitual de las entradas es de 24 €, pero si te haces "amigo del teatro" la localidad se queda en 17 €. Así es que... ¡A disfrutar del teatro en fin de semana!

domingo, 13 de febrero de 2011

Paseando el muyén por las calles de Gistaín

El fin de semana ha sido pródigo en experiencias y lo he dado por muy bien empleado. El viernes por la tarde fui con Rosa Mari a ver la película "El Santuario" que me encantó y el sábado por la mañana emprendí yo solo el viaje hacia Gistaín. Inicialmente iba a acompañarme mi señora pero finalmente debió atender otros menesteres. Ningún otro miembro de El Periplo o persona conocida se animó a venir al carnaval.

Pero los planes se tienen que cumplir y a las 8:35 me ponía a los mandos del Toyota para iniciar el viaje hacia tierras desconocidas con la finalidad de contemplar el evento iniciático y ancestral del carnaval en valles pirenáicos.

Tomé la autovía de Huesca circulando a buen ritmo y justo a la entrada de la capital me paré a repostar. Seguí después mi viaje en dirección Sabiñánigo con la idea de llegar hasta Boltaña por la carretera que va por Yebra de Basa, pero me encontré con que la carretera estaba en obras y debí dar media vuelta para tomar otra carretera que discurre paralela al Valle de la Guarguera. Fue allí donde empezó la verdadera aventura.

La carretera, más propia del XIX que del actual siglo se mantiene en un estado lamentable. Un firme mal mantenido y peor acondicionado dificulta el trayecto cuajado de curvas y tramos muy peligrosos.

Ello no fue óbice para que pudiera disfrutar enormemente con excelentes vistas de parajes y pueblos desconocidos para mí. Bueno, no todos desconocidos porque me hizo mucha gracia pasar por un pueblo llamado "Belarra", otro "Nocito"y un tercero "Laguarta". Todavía tuve tiempo de parar en un corral rodeado de nieve donde pacían tranquilamente un grupo de cabras al tiempo que un burro y un pollino se acercaban a mí mansamente.

Iba con un poco de prisa porque quería llegar puntual al carnaval, que según los planes previstos iba a comenzar a las 12:00 de la mañana así que no me quedó otro remedio que acelerar la marcha, desarrollando en ocasiones, una conducción deportiva. Ello me dio pie para enlazar con el argumento de la película "El santuario" donde el protagonista intenta descubrir los secretos de una inmensa cueva submarina poniendo para ello su propia vida en peligro.

Desde luego el sentir la sensación de riesgo y el hecho de ponerse uno a prueba, así como hollar lugares por los que nunca se ha pasado creo que es algo inherente al ser humano. Por oposición, la vida metódica, ordenada y metaestructurada de la ciudad, con sus rígidos horarios, monótonas tareas y sin margen para lo imprevisto, creo yo que va, de alguna manera contra la misma esencia del hombre.

Ya creía haber logrado mi cometido de llegar a la hora cuando arribé a Boltaña pero todavía me quedaba un trecho que debía recorrer yendo en dirección a Bielsa y desviándome luego a la derecha en dirección a Plan, San Juan de Plan "O cabo lugar" y, después de pasar por una zigzagueante cuesta, llegar, finalmente a Gistaín. Cuando bajé del coche daban las doce campanadas en el reloj del pueblo. Todavía me dio tiempo a grabar en mi móvil las tres últimas y de echarle una mirada al cuentakilómetros: había hecho 237 Km e invertido en ello tres horas y veinticinco minutos.

El pueblo se mantenía en un silencio absoluto. Ni rastro de ninguna celebración. Sólo las imponentes montañas que coronan el valle, cubiertas de nieve, me saludaban con su silenciosa presencia. No pude menos que dedicarles unos minutos atención y tener con ellas la deferencia de aprehenderlas en mi cámara.

Continué mi camino en dirección a la iglesia por ver si me topaba con alguien pero fue un vano intento porque nadie se cruzó en mi camino. La presencia de un nutrido grupo de gatos de distintos pelajes fue la nota anecdótica de este primer acercamiento al fantasmal pueblo.

Seguí tomando fotografías para hacer un poco de tiempo: al ajado campanario de la iglesia, a la escuela del pueblo, más montañas, otro gato, una casa típica, un salto de agua, unas peculiares arcadas, una inscripción en "chistabino"... y luego media vuelta, de nuevo en dirección al coche porque me pareció escuchar voces humanas cerca de allí.

Efectivamente, me encontré con un señor al que le pregunté por los actos de celebración del día. Su contestación no fue muy tranquilizadora ya que me vino a decir que si había algo de carnaval, sería por la noche.

No contento con ello, me di otra vez la media vuelta en dirección a un bar cercano a la iglesia y allí trabé conversación con el propietario y un único cliente que muy amablemente me pusieron al corriente de la situación: seguramente hasta las 4 no ocurriría nada porque los jóvenes no tenían ninguna prisa ya que habían trasnochado la noche anterior. Me dijeron, eso sí, que creían que venía la televisión aragonesa a realizar un reportaje y ese hecho podría precipitar un poco los acontecimientos. Pude, asimismo llamar por teléfono a un conocido del pueblo: Quino Villa que me comentó que sobre las tres y media de la tarde saldría la rondalla con la comitiva a visitar las casas del pueblo.


Así es que bajé de nuevo a la entrada del pueblo y, efectivamente, allí se habían concentrado un grupo de personas - muchas de ellas disfrazadas- que ya preparaban el "muyén" (moñaco), rellenándolo de paja para montarlo en un burro (ya dispuesto para el peculiar paseo). No parecía que hubiera un plan previsto para el desfile. Más bien todo se preparaba en función de las tomas que quería realizar la operadora y de las instrucciones del comentarista de televisión.

Eso me pareció un mundo cambiado ya que lo suyo hubiera sido que la televisión fuera a las órdenes de los carnavalescos personajes y no al revés.

Después de distintas repeticiones de toma con el burro subiendo y bajando por una cuesta, cargado con el muyén, alguien decidió que ya era suficiente y el animal quedó sujeto a una barandilla mientras que el resto del grupo se fue disgregando.

Era la hora de comer y me dirigí de nuevo al bar de la iglesia donde había apalabrado con anterioridad que iría allí para tomar mi refacción.

En silencio y sin compañía alguna en la mesa, degusté una excelente sopa de cocido y ternasco al horno, regado con vino de la casa. Un flan y un café solo cerraron magníficamente el yantar. También tuve tiempo de ojear una revista escrita en chistabino que el dueño del restaurante me ofreció amablemente.

Se hacía la hora de la salida de la rondalla y yo me fui acercando al lugar donde parecía escucharse la música. Divisé un poco más abajo el borrico con el moñaco y comprendí que los del carnaval se encontraban en el interior de una vivienda. Un señor me invitó amablemente a entrar y allí me encontré, entre otras muchas personas a Quino y su hermano disfrutando de la fiesta, el uno con la guitarra y el otro con la acordeón.

En un aparte, Quino me comentó -información de primera mano- su visión del carnaval actual. Ahora es más bien una ocasión para encontrarse amigos y conocidos que una verdadera fiesta transgresora del orden establecido como cuando él era niño. Hace veinte o veinticinco años los días de carnaval eran aprovechados por los jóvenes para "sublevarse" contra el orden establecido por los mayores; de manera que aprovechaban para hacer trastadas en las casas y rondar con sus estrafalarios atuendos. Los niños pequeños no pintaban nada en esa fiesta. Incluso llegaban a pasar verdadero miedo por el esotérico espectáculo que se organizaba por las calles del pueblo.

Me comentó también cómo el chistabino (lenguaje del valle) se va perdiendo poco a poco. Ese día yo lo oí hablar a bastantes personas en el pueblo pero Quino me confirmó que no hay suficiente reemplazo generacional para mantener viva la lengua ancestral de sus abuelos. Me invitó a visitar su casa en otra ocasión ya que en ella dispone de mucha documentación y artículos curiosos que constituyen un verdadero material etnográfico de la zona.

Una llamada de mi señora me sirvió de santo y seña para ir pensando en el regreso. Desandé el camino realizado anteriormente y retorné al coche para descender (ya más tranquilo) la carretera en dirección a Aínsa.


Todavía hube de realizar un largo recorrido pasando por Barbastro, Huesca, Almudévar, Gurrea de Gállego, Erla, Ejea y Uncastillo donde acudí a visitar a mi padre.

De vuelta a Zaragoza el camino me dio la oportunidad de pensar en múltiples matices sobre la jornada vivida. Cuando por fin llegué, me encontraba cansado pero satisfecho: de alguna manera sentía haber podido materializar mi cupo de rebeldía, libertad personal y ruptura de rutinas. No le di muchas más vueltas al tema. Es cuestión de sensaciones y esa noche dormí con la sensación de habérmelo pasado muy bien.

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